Encuentro con Jesús, perla y tesoro
El encuentro con Jesús de Nazaret, Nuestro Señor, llena todas las aspiraciones humanas y
produce una inmensa la paz del corazón y una inmensa alegría. El encuentro con
Jesús, nos deja impresa la imagen del Hijo de Dios en el cual todos nos
hermanamos, como hijos en el Hijo.
Para meditar sobre esto la liturgia nos propone este
domingo tres parábolas de Jesús. En la primera parábola, la del tesoro, dice
que una persona encuentra el tesoro, lo
deja en su lugar, va vende todo y se compra el campo. Ya encontro algo que le
va a llenar su vida. El tesoro es realmente Jesús, y es Jesús porque es una realidad que da un gozo total y llena
plenamente las expectativas humanas, por eso lo demás ya no tiene sentido y
toda otra realidad queda relegada. Frente a lo que puede resolver el dinero, el placer, la gloria, y el poder,
es basura, chatarra y escoria, frente a lo que significa Cristo Jesús en la
vida del creyente. Quien encuentra a Jesús va vende todo lo que tiene y se queda
con Jesús solamente, porque todo lo demás lo deja insatisfecho. No es que menosprecie los bienes materiales,
sino que éstos no llenan ya su corazón como el encuentro con Jesús.
El Evangelio de Mateo propone el ejemplo de un
comerciante en perlas finas, que primero anda traficando con perlitas deformes,
amarillentas y defectuosas, cuando encuentra una extraordinaria, ya no le
quedan ganas de volver a negociar con residuos de segundas, que son deprimentes.
Va vende todo lo que tiene y se dedica sólo a eso que le satisface plenamente.
Quien encuentra a Jesucristo tiene un criterio muy alto
con el que va a medir toda la realidad. Como los pescadores que recogen toda
clase de peces, pero solo se quedan con lo mejor, los pescados insatisfactorios
son eliminados con el criterio del mejor pescado. El criterio es Cristo, y con
ese criterio se mide la realidad. Los que pasan
la criba de Cristo, tienen la finura y la calidad necesaria para ocupar
el lugar que les corresponde, los que no llenan los requerimientos de ese
estándar van a donde les toca.
¿Les quedó claro?, pregunta Jesús. Jesús entonces concluye la revelación de
Cristo está en la palabra de Dios donde
hay que obtener la sabiduría para tener un corazón sabio y prudente. “Tus preceptos, Señor, son admirables, por eso
yo los sigo. La explicación de tu palabra da luz y entendimiento a los
sencillos” (Sal. 118)
El encuentro cotidiano con Jesús que empieza en la mañana
cuando nos persignamos, luego en el transporte a la escuela, en la bendición de los alimentos, en los
ratitos de lectura de la Biblia, y en la noche al elevar nuestro espíritu a
Dios antes del descanso.
El Padre de familia -quien es el padre espiritual de la
comunidad familiar- es por el ejercicio de la meditación de la palabra de Dios, quien
puede extraer del tesoro del Antiguo y
el Nuevo Testamentos la sabiduría para
orientar y conducir a que toda su
familia reproduzca la imagen del Hijo de
Dios, Jesucristo, quien es el primero entre muchos hermanos.