domingo, 27 de julio de 2014

Encuentro con Jesús, Tesoro y Perla


 

Encuentro con Jesús, perla y tesoro

 

El encuentro con Jesús de Nazaret, Nuestro Señor,  llena todas las aspiraciones humanas y produce una inmensa la paz del corazón y una inmensa alegría. El encuentro con Jesús, nos deja impresa la imagen del Hijo de Dios en el cual todos nos hermanamos, como hijos en el Hijo.

Para meditar sobre esto la liturgia nos propone este domingo tres parábolas de Jesús. En la primera parábola, la del tesoro, dice que una persona encuentra el tesoro,  lo deja en su lugar, va vende todo y se compra el campo. Ya encontro algo que le va a llenar su vida. El tesoro es realmente Jesús, y es Jesús porque  es una realidad que da un gozo total y llena plenamente las expectativas humanas, por eso lo demás ya no tiene sentido y toda otra realidad queda relegada. Frente a lo que puede resolver  el dinero, el placer, la gloria, y el poder, es basura, chatarra y escoria, frente a lo que significa Cristo Jesús en la vida del creyente. Quien encuentra a Jesús va vende todo lo que tiene y se queda con Jesús solamente, porque todo lo demás lo deja insatisfecho.  No es que menosprecie los bienes materiales, sino que éstos no llenan ya su corazón como el encuentro con Jesús.

El Evangelio de Mateo propone el ejemplo de un comerciante en perlas finas, que primero anda traficando con perlitas deformes, amarillentas y defectuosas, cuando encuentra una extraordinaria, ya no le quedan ganas de volver a negociar con residuos de segundas, que son deprimentes. Va vende todo lo que tiene y se dedica sólo a eso que le satisface plenamente.

Quien encuentra a Jesucristo tiene un criterio muy alto con el que va a medir toda la realidad. Como los pescadores que recogen toda clase de peces, pero solo se quedan con lo mejor, los pescados insatisfactorios son eliminados con el criterio del mejor pescado. El criterio es Cristo, y con ese criterio se mide la realidad. Los que pasan la criba de Cristo, tienen la finura y la calidad necesaria para ocupar el lugar que les corresponde, los que no llenan los requerimientos de ese estándar van a donde les toca.

¿Les quedó claro?, pregunta Jesús.  Jesús entonces concluye la revelación de Cristo está en la palabra de  Dios donde hay que obtener la sabiduría para tener un corazón sabio y prudente.  “Tus preceptos, Señor, son admirables, por eso yo los sigo. La explicación de tu palabra da luz y entendimiento a los sencillos”  (Sal. 118)

El encuentro cotidiano con Jesús que empieza en la mañana cuando nos persignamos, luego en el transporte a la escuela,  en la bendición de los alimentos, en los ratitos de lectura de la Biblia, y en la noche al elevar nuestro espíritu a Dios antes del descanso.

El Padre de familia -quien es el padre espiritual de la comunidad familiar- es por el ejercicio de la meditación de la palabra de Dios, quien puede extraer del tesoro  del Antiguo y el Nuevo Testamentos la sabiduría  para orientar y conducir a que toda su familia reproduzca la imagen  del Hijo de Dios, Jesucristo, quien es el primero entre muchos hermanos.