martes, 19 de agosto de 2014

Universidad su concepto original, las ciencias puras y las humanidades


LA IDEA ORIGINARIA DE LA UNIVERSIDAD Y LA CONTRIBUCIÓN DE  DE LOS SEMINARIOS EN EL PROCESO DE  ENSEÑANZA-APRENDIZAJE”

 

Por el Dr. Luis G. Ramos Gómez-Pérez D. Phil. (Oxon.)

 

Hace 25 años, cuando yo era asesor del entonces llamado Departamento de Posgrado de Historia de México, el Dr. Juan José Saldaña me presentó la propuesta de incluir el seminario de Historia de la Ciencia en el Posgrado de Historia de nuestra Facultad de Filosofía y Letras, después de escuchar los argumentos del Dr. Saldaña y de hacer las consultas y los procesos que el reglamento vigente imponía, tuvimos la satisfacción de ver este seminario integrado en el currículo del referido posgrado de Historia. La clarividencia  y oportunidad de la propuesta y los fecundos resultados que año con año se incrementan tanto en nuestro país como en América Latina y en otros continentes, manifiestan de sobra los beneficios que han resultado de este acontecimiento. No quiero dejar escapar la oportunidad que me brinda este merecido homenaje al colega y amigo para compartir algunas consideraciones que este aniversario me sugiere.

Me gustaría reflexionar en voz alta sobre  el papel que juegan los seminarios en el proceso de aprendizaje de los estudios de posgrado en la idea originaria de la universidad tal como la concebimos y practicamos en la Casa Máxima de Estudios de este país.

 

I La idea de universidad

Quiero llamar a la memoria de ustedes datos muy conocidos de la idea originaria de la universidad y también hacer una breve reflexión sobre el papel de los seminarios en este contexto. La concepción medieval de la universidad apunta a universalidad del conocimiento, Universitas, se refiere  a la convergencia de todas las facultades: medicina, artes, filosofía y teología, esta experiencia innovadora tenía como objetivo derribar los diques que en la Edad Media impedían la libre circulación de las corrientes de pensamiento, griego, latino, árabe y judío que los centros monásticos y palatinos habían reservado a la élite noble o clerical. Estos centros se habían autonombrado defensores de una estrecha ortodoxia, en muchos puntos ya superada, y desarrollaban sus actividades  académicas muy lejos de las preocupaciones de la población más joven y ávida del conocimiento,  en reacción a este estado de cosas se crearon instituciones alternativas donde el discípulo convivía sin obstáculo con los maestros, según rezaba el adagio latino: in dulcedine societatis quaerere veritatem (la búsqueda de la verdad en la dulzura de la comunidad), por eso se referían a estas instituciones como Universitas scholarium et professorum (el conjunto de los profesores y los alumnos).

En los inicios, esta universidad obedeció a la novedosa situación originada a partir de las cruzadas y como consecuencia del descubrimiento del enorme acervo de conocimiento de la cultura musulmana. Las ciencias del hombre, la matemática y la política de la escuela occidental se tuvo qué medir con los comentarios árabes a los a los autores clásicos griegos, los académicos hallaron un mundo desconocido[1] en los resultados de las investigaciones y las experimentaciones de los científicos y filósofos árabes[2], las instituciones académicas del Islam estaban entonces en auge y su prestigio irradiaba toda el Asia Menor, el África del norte y España. Los tratados árabes del alma, del intelecto agente, de los guarismos y el álgebra, la medicina y de las instituciones del Estado llenaron los anaqueles de las bibliotecas y se leyeron en las aulas de los colegios en Bolonia, París y Oxford. Llenos de fervor, los alumnos estimulaban las mentes en discusiones públicas sobre los temas que más les preocupaban y en sesiones de cuestiones disputadas donde los profesores, bachilleres y maestros debatían sobre cuestiones suscitadas por los jóvenes, que contenían argumentos de tal magnitud que cimbraban las escuelas europeas. La experiencia de encontrarse diariamente con los profesores de matemáticas, de física, de medicina y de historia, de filosofía y teología en los corredores, las escaleras y los refectorios universitarios producía necesariamente una imagen del  hombre integral -ni escindido ni escindible­- poseedor de un conocimiento científico, filosófico y estético inseparable, conocimiento plural pero ordenado. Todo lo opuesto a una visión educación proyectada por ciertas simulaciones llamadas universidades tecnológicas y universidades politécnicas, la mayor parte de las cuales ofrecen un perfil de egreso de homo faber, entrenado para los servicios operativos y la transmisión de recetas inconexas para la promoción de ciertos hábitos de consumo en gran parte dañinos, para estos reducidos fines las humanidades tienen escasa o nula utilidad.

Este contexto plural es el propio de esta idea de la universidad, es el campo de cultivo de la historia pues la operación historiográfica[3] es el conocimiento, la ciencia, la disciplina y el arte que  hospeda todos los saberes universales, porque igual que el proyecto de universidad el conocimiento histórico mira al pasado con mirada angélica[4],  este conocimiento es una búsqueda, una investigación, atizada por los estremecimientos de los hechos vividos en el hoy humano. Pero no se confirma como conocimiento  somero sino que necesita  de la razón anamnética[5]  para traer al presente cada uno de los nombres de las víctimas cuyo sudor y sangre dieron vida a nuestro presente; porque la operación histórica no aspira a agotar el conocimiento de las acciones humanas, sino a descubrir su profundidad y arrancarles una respuesta a las preguntas de hoy. El tratamiento más adecuado de la complejidad del hecho histórico tiene por fuerza que incluir el estudio de las condiciones tecnológicas y científicas en las que se desarrolla cada sociedad.

En el saber histórico todas las perspectivas encuentran su orden, su lugar, de manera a estructurar un corpus de conocimiento que no omita el conocimiento la ciencia, la tecnología, o la economía, todos los saberes de que es capaz el ingenio humano para configurar su sociedad[6].

Porque la historia también abraza todas las perspectivas de la doxa y de la episteme, de todo aquello que se puede opinar sin probar, de todo lo que se puede imaginar sin comprobar, y de todo lo que comprueba su improbabilidad y que insistimos en tener a la mano para nublados días de incertidumbre y zozobra. La historia del pensamiento refiere a todo aquello que devela la admiración filosófica y el cuestionamiento del mundo, las zetémata, que deja perpleja a la mente al punto de requerir una “guía” por los dédalos donde van a emerger las cuestiones de sentido y de propósito. En fin en la historia  hallamos también, todo conocimiento que se transmite lúdicamente en el juego de pelota de los mayas y de los aztecas y aún en el rebote de  la esfera inflada que el juego infantil persigue y luego usa en la edad adulta.

La Universidad es el espacio de la búsqueda sin tregua de la episteme, tanto del saber apodíctico, que es a la vez estimulante, y de todo saber provisional como el que es auténticamente científico. Aristóteles no se sentía obligado a desechar la ontología a cada nuevo hallazgo de sus experimentos biológicos; ni los modelos matemáticos se relegan como inútiles porque el ingenio humano no ha hallado aún una aplicación concreta de ellos. Tampoco la historia miente cuando nuevos elementos o nuevas metodologías logran desarrollar un relato que no coincide con el que generaciones anteriores formularon y narraron.

Admiración, interés, sorpresa, azoro, horror, o rechazo inician el proceso por el cual se llega al conocimiento. Sea por la admiración que lleva a la atracción, a la aprobación y a la celebración,  y a la fiesta; o, al contrario, la revelación que descubre el abismo de la falsedad, de la mentira,  del engaño, y reacciona con horror y provoca rechazo, alejamiento y condena. Las ciencias y las artes, la antropología y la ética, las ciencias sociales y la tecnología se estimulan mutuamente en proporciones que dicta la circunstancia y que abren el horizonte de los conocimientos hasta donde alcanza la pregunta y lleva la indagación. Las ciencias exactas desafían los principios filosóficos y religiosos y estos a su vez cuestionan la pertinencia social y el sentido de las investigaciones.

La búsqueda de la libertad, de la justicia o de cualquier otra realidad reputada  como valor deseable, abre la pregunta sobre los ámbitos de conocimiento y sobre aquello que se debe aprender. Se trata de establecer si al ser se le puede definir exclusivamente  por aquello que se puede experimentar en laboratorio o si existe otra dimensión del ser humano que incide también en el bienestar y la felicidad que se busca.

Porque el conocimiento del ser humano se da necesariamente en su cuerpo, como sarx y como soma, como organismo, como escaparate de sentimientos  espontáneos y tácitos y como aparador del misterio interior. Pero también de todo aquello que planta al ser humano frente al mundo, toda experiencia que lo hace abrirse al entendimiento, una comprensión que intenta ir más allá el simple percibir. Comprender, en los límites de lo dable a la mente humana, dejando los misterios más cercanos al campo de la filosofía y los más lejanos a los instrumentos del pensamiento religioso.

La explicación histórica no se puede refugiar en un confinamiento teórico ni congelarse por miedo a la contaminación,-hecha la excepción de las negras melazas de la arbitrariedad mercenaria, porque son indelebles- y más bien se aventura, joven y audaz, hacia lo impensable, inverosímil, para no dejar que la utopía se fugue sin dejarnos algo de ella. Tertuliano decía que “la verdad no teme sino sólo ser ocultada” y hay muchas maneras de ocultar la verdad, una de ellas es  arrebatar  a los jóvenes la liberación por la verdad, por esta razón, la existencia en el desorden educativo vigente, de alumnos que no tienen cabida en los estudios superiores, los “rechazados”, es una de las grandes lacras de nuestra generación;  en un país que va a la muy zaga del nivel científico entre los de su dimensión y trayectoria,  la existencia de jóvenes excluidos de la posibilidad  de  adquirir el dominio  de su vida y su destino por el conocimiento y la ciencia, revela la calaña del sistema que produce este fenómeno, del mismo género, pero más reprobable, que la injusticia de las políticas del desempleo.

II Integrar la ciencia

La sugerencia del Dr. Saldaña de integrar en el posgrado de historia la Historia de la Ciencia no debía sino ser reflexionada, madurada, y ubicada en el currículo.

Porque la historiografía como la memoria, -hablo a quienes han reflexionado  esto por décadas- no es sólo de conceptos sino también de imágenes, no sólo de los universales sino también de  los individuos, no sólo es ciencia del pasado sino también conocimiento del presente y proyecto de futuro

Porque no está el conocimiento científico tan alejado de la historia que no se puedan encontrar en la imagen y en la metáfora. La memoria, en efecto,  a más de ser imagen, es orden con el que convoca la presencia de los recuerdos y los hace actuales.

La idea de  originaria de la universidad  es  incompatible con la práctica de uncir la universidad a las empresas –cuando están organizadas sólo  para maximizar la ganancia- porque choca con la actividad universitaria de invención de nuevo conocimiento, esto sólo puede ocurrir a partir de una prolongada investigación, con rigor y disciplina, pero cuyos resultados no siempre hallan una aplicación inmediata. En la idea de la universidad  el conocimiento tiene razón de medio, con el fin de mejorar la calidad de vida humana, de los individuos y de su sociedad. La práctica de la UNAM se dirige a que las empresas estén relacionadas a la Universidad donde se cultiva el acervo de conocimientos, se incrementa y se aplica para el progreso de de todo el país, de todos los mexicanos en particular de aquellos que dejan además de su fuerza de trabajo, la contribución de sus habilidades e ingenio, la idea de universidad es universal en sus miras y objetivos,  tanto en la ciencia pura como en la aplicada. La idea de universidad a la que nos hemos referido no puede realizarse con los criterios empresariales, y por el contrario, la empresa sí gana al situar su objetivo específico en el contexto unitario, integral de la universitas, de todos los conocimientos y saberes que examinan, critican y transforman a la comunidad.

 

III Los seminarios en el posgrado

Dentro del formato presencial en la educación superior y además de la transmisión de conocimientos por un maestro, y sin la intermediación de la imagen electrónica, existe el instrumento pedagógico del seminario. El seminario es el instrumento pedagógico que descansa en los hallazgos de las investigaciones de sus miembros bajo la dirección de un maestro en plena posesión o  dominio integral, es decir no solamente especial, de la materia. El maestro ha de ser capaz de transmitir la materia de su especialización pero también de situar la especialidad en el conjunto de la materia y en relación a las disciplinas  auxiliares. El alumno, como discípulo, es motivado a internarse en la investigación, y a examinar en equipo los resultados de sus búsquedas, para acostumbrarse al juicio de sus pares. Se puede argüir que esta es una tarea de los institutos, donde se puede tener acceso al universo digital y a formatos impresos y archivos difícilmente digitalizables y donde los miembros del instituto gozan de condiciones favorables para proyectos de larga duración. En la  facultad, es verdad, los estudiantes están de paso, y los proyectos de tesis están limitados en el tiempo,  pero los institutos  buscan sus candidatos entre los doctorandos que de manera sobresaliente descuellan en los seminarios de posgrado. Por eso el seminario, mejor que otros formatos de transmisión del conocimiento, se ajustan al trabajo de la educación superior.

En mi experiencia, al incluir la materia de la historia de la ciencia en el currículo de historia de México, los seminarios  se enriquecieron con nuevas temáticas, nueva documentación y metodologías nuevas, con temas que no era usual integrar en las discusiones periódicas de los seminarios. Aun en el seminario de “Historia de la Reforma, la invasión francesa y la restauración de la república”, cuya dinámica consistía en analizar y debatir entre los compañeros el tema, el planteamiento, la documentación, el método y en su caso la redacción de las tesis de los candidatos a maestría y doctorado. Aún en un seminario que parecería de temática alejada de temas científicos, la  llegada de temas de ciencia amplió la dimensión de todos los temas relacionados con la pedagogía, la medicina, el desarrollo industrial y otros aspectos del siglo XIX, con beneficio para todos los participantes. Es verdad que hay dificultades que es necesario vencer de manera que se respete la especificidad el objeto del conocimiento y la particularidad del método, pues las metas del conocimiento científico no siempre coinciden con el tipo de saberes que persigue el conocimiento histórico. Las leyes científicas no recubren lo que se puede llamar las “leyes” en el conocimiento histórico, pero ambas son explicaciones válidas de la realidad, y aportan a su manera interpretaciones de la vida del ser humano.

Relacionar los conocimientos para relacionar a las personas, a fin de obtener por el examen de sus múltiples facetas, la imagen del ser humanos en sociedad.

A un cuarto de siglo de esta experiencia didáctica, es de justicia rendir homenaje al doctor Saldaña por su lucidez clarividente, su tesón y su perseverancia  y a todos los que contribuyeron, con sus críticas, observaciones, y sobre todo con muchísimo trabajo, a que la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, una vez más, indique las vías más trascendentes del conocimiento que mejoran la vida del ser humano en sociedad, y que lo conducen a la libertad.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 



[1] “La cordura ha de reafirmarse, acreditándose a sí misma como nueva. Ello tuvo lugar de modo muy trascendental  entre los grandes pensadores de Oriente, que supieron salvar, y al mismo tiempo transformar la luz griega”  Ernst Bloch, Avicena y la izquierda aristotélica, Madrid, Ciencia Nueva, 1966 (original alemán de 1952), p. 9.
[2] La bibliografía es inabarcable incluso en español, desde  la curiosa traducción argentina de la valiosa obra de Aldo Mieli , El mundo islámico y el occidente medieval cristiano, Espasa-Calpe Argentina, 19522  (el original italiano es de 1946)  tomo II del “Panorama General de Historia de la Ciencia”; hasta la monumental obra de Miguel Cruz Hernández, de la cual podemos tener una prueba en su obra: Historia del Pensamiento en el mundo Islámico, Madrid, Alianza 1996, 2 tomos.
[3]  Paul Ricoeur, La memoria, la historia, el olvido, Buenos Aires, FCE  2006, p. 176,
[4] Bolívar Echeverría  “El ángel de la historia y el materialismo histórico” en Idem.  (comp.)  La mirada del ángel En torno a las tesis de historia de Walter Benjamin, FFyL UNAM-Era, 2005,   pp. 23-33.
[5] Reyes Mate Medianoche de la historia. Comentarios  a las tesis de Walter Benjamin “Sobre el concepto de la historia”, Madrid, Trotta, 2006.  Cap. 9, El ángel de la historia, pp.  155-167.
[6] A este respecto es interesante el panorama que nos ofrece Josep Fontana de “algunos de los grandes problemas  que afectan a los hombres y las mujeres que viven en sociedad, que son sujeto de que se ocupa la historia (…) para mostrar  de qué modo el análisis histórico puede ayudarnos a entender lo problemas  humanos fundamentales”. Ver: Josep Fontana,  Introducción al estudio de la historia, Barcelona, Crítica 1999, página 13.

domingo, 27 de julio de 2014

Encuentro con Jesús, Tesoro y Perla


 

Encuentro con Jesús, perla y tesoro

 

El encuentro con Jesús de Nazaret, Nuestro Señor,  llena todas las aspiraciones humanas y produce una inmensa la paz del corazón y una inmensa alegría. El encuentro con Jesús, nos deja impresa la imagen del Hijo de Dios en el cual todos nos hermanamos, como hijos en el Hijo.

Para meditar sobre esto la liturgia nos propone este domingo tres parábolas de Jesús. En la primera parábola, la del tesoro, dice que una persona encuentra el tesoro,  lo deja en su lugar, va vende todo y se compra el campo. Ya encontro algo que le va a llenar su vida. El tesoro es realmente Jesús, y es Jesús porque  es una realidad que da un gozo total y llena plenamente las expectativas humanas, por eso lo demás ya no tiene sentido y toda otra realidad queda relegada. Frente a lo que puede resolver  el dinero, el placer, la gloria, y el poder, es basura, chatarra y escoria, frente a lo que significa Cristo Jesús en la vida del creyente. Quien encuentra a Jesús va vende todo lo que tiene y se queda con Jesús solamente, porque todo lo demás lo deja insatisfecho.  No es que menosprecie los bienes materiales, sino que éstos no llenan ya su corazón como el encuentro con Jesús.

El Evangelio de Mateo propone el ejemplo de un comerciante en perlas finas, que primero anda traficando con perlitas deformes, amarillentas y defectuosas, cuando encuentra una extraordinaria, ya no le quedan ganas de volver a negociar con residuos de segundas, que son deprimentes. Va vende todo lo que tiene y se dedica sólo a eso que le satisface plenamente.

Quien encuentra a Jesucristo tiene un criterio muy alto con el que va a medir toda la realidad. Como los pescadores que recogen toda clase de peces, pero solo se quedan con lo mejor, los pescados insatisfactorios son eliminados con el criterio del mejor pescado. El criterio es Cristo, y con ese criterio se mide la realidad. Los que pasan la criba de Cristo, tienen la finura y la calidad necesaria para ocupar el lugar que les corresponde, los que no llenan los requerimientos de ese estándar van a donde les toca.

¿Les quedó claro?, pregunta Jesús.  Jesús entonces concluye la revelación de Cristo está en la palabra de  Dios donde hay que obtener la sabiduría para tener un corazón sabio y prudente.  “Tus preceptos, Señor, son admirables, por eso yo los sigo. La explicación de tu palabra da luz y entendimiento a los sencillos”  (Sal. 118)

El encuentro cotidiano con Jesús que empieza en la mañana cuando nos persignamos, luego en el transporte a la escuela,  en la bendición de los alimentos, en los ratitos de lectura de la Biblia, y en la noche al elevar nuestro espíritu a Dios antes del descanso.

El Padre de familia -quien es el padre espiritual de la comunidad familiar- es por el ejercicio de la meditación de la palabra de Dios, quien puede extraer del tesoro  del Antiguo y el Nuevo Testamentos la sabiduría  para orientar y conducir a que toda su familia reproduzca la imagen  del Hijo de Dios, Jesucristo, quien es el primero entre muchos hermanos.

 

domingo, 9 de marzo de 2014

Potenciar al ser humano


 

POTENCIAR AL SER HUMANO

Iniciamos la cuaresma con éste domingo. Cuaresma es un itinerario hacia la celebración pascua de resurrección. Es un tiempo fuerte para retomar en camino de Jesús.

Es un periodo para profundizar sobre el misterio de la pasión muerte y resurrección del Señor. Una importante espacio para revisar el contenido de nuestra fe, para repensar -guiados por el espíritu Santo-  en lo que creemos, y cuál es el contenido de nuestra profesión de fe.

Según el Evangelio de san Mateo, el Espíritu es quien  lleva a Jesús al desierto para formularle unas tentaciones capciosas.

Antes del ministerio de la predicación de Jesús, Mateo coloca a Nuestro Señor en una confrontación sobre qué significa ser redentor y mesías. Hay dos visiones encontradas que se excluyen mutuamente. En la primera tentación, el pensamiento del tentador, del diablo, presenta a un mesías como alguien que no da cuentas a nadie, totalmente impune, se realiza sólo, individualmente, sólo se interesa en volverse famoso, que exhibe su egolatría como una forma de vida. El diablo presenta a un mesías que juega con el hambre del pueblo, usa el alimento como arma para reducir al ser humano a una máquina de digerir, a una boca que traga.  El sistema económico que piensa al ser humano como bestias a las que hay que echar de comer. No sólo de pan vive el hombre sino de todo aquello que lo hace Hijo de Dios. El pensamiento diabólico reduce al hombre a su animalidad. El pan por supuesto es la base de la salud, es necesario descubrir que hay otros alimentos trascendentes en lo que ésta salud se vuelve significativa: "toda palabra que sale de la boca de Dios"

Desde el punto más alto de la espiritualidad, en el espacio más venerado que pueda haber en la ciudad santa, el diablo le propone a Jesús que se libere de Dios, que lo ponga bajo su dominio, un dios contra otro dios, someter a las fuerzas divinas desafiándolas. Jesús rechaza una idea de un Dios manipulable, un Dios que se pueda arrinconar y esquinar por caprichos o por chantajes. Al Padre de Jesucristo no se  le contenta con ritos mágicos. Es un Dios en libertad que sólo escoge y acepta lo que potencia al ser humano.

La  última tentación a la que se refiere san Mateo implica una relación con un Dios dominador. El diablo le presenta un futuro exitoso, un winner, un ganador, que engulle el mundo de un bocado, la única condición de esta clase de futuro consiste en vender su alma al Diablo,  asumir la ideología diabólica la cual justifica quebrar y someter a los demás por los medios que sean. Jesús responde firmemente que la religión no puede convertirse en un sistema de dominación o sujeción, sino únicamente e realiza como servicio a favor de la libertad. La vida libre donde no se exige otra  postración ni adoración sino como tributo espontáneo al Dios que envía su Hijo para dar la vida.

Las tentaciones vienen envueltas con el aspecto de bondad, de búsqueda de dominio sin responsabilidad ni castigo, una impunidad libre para dañar y destruir. Se presentan incesantemente en todas las épocas de la vida, bajo las apariencias más sutiles y seductoras. El planteamiento de Jesús se resume en la creación y edificación de una comunidad, por la entrega que genera vida y libertad, apunta hacia el reino de Dios. Ese será su camino hacia la pascua, pasando por la pasión y la muerte que desemboca en la victoria de la resurrección.

lunes, 24 de febrero de 2014

Libertad para defender la verdad


 

Libres para defender la verdad

Estamos acostumbrados a estar  sumergidos en el mundo de la violencia, de la injusticia, del odio y de la aniquilación del otro.

En el mundo del mercado, del trabajo, de la política nos hemos habituado a integrarnos en este mundo de colocarnos en el mismo nivel de los que atacan al débil, se aprovechan del ignorante y machacan al indefenso. En la primera lectura dice que estos son los criterios de los que dominan este mundo.

Se nos ha hecho natural el pensar en usar las mismas armas de odio, de rencor, de venganza y de contrarrestar al más potente con las armas de la violencia y de la agresión. Se nos ha hecho costumbre, cuando  no podemos contrarrestar con las mismas armas, bajar la cabeza resignados y sumirnos en  la impotencia. Y de añorar sacar armas aún mas mortales contra los que oprimen a los  inocentes.

El Evangelio de hoy, que es continuación del de hace ocho días, nos revela y nos informa cual es la actitud de creyente frente a la prepotencia y la injusticia.

El domingo pasado nos dejó claro que la violencia y la injusticia no son opciones, no podemos sumarnos al pecado y a la muerte.

Sólo  queda el camino de la justicia, ojo por ojo y diente por diente, o sea no cobrar un ojo cuando se debe un diente y no ir más allá de la pena que la culpa legal y jurídicamente merece.  Si es un ojo hay que resarcir el ojo y si es un diente no exceder lo que equivale a la pérdida del diente.  Pero Jesús es muy claro, el camino de la justicia solo se completa y perfecciona con la misericordia, y en la vida cristiana no hay lugar para la venganza ni la represalia.

La única forma que tiene el cristiano es la mansedumbre y la resistencia. El cristiano no puede avivar la espiral de la violencia, no se puede integrar en la vorágine de la destrucción y la aniquilación, la única resistencia que le es permitida es la fuerza de la no violencia. Es decir la resistencia del que es libre de defender la verdad.  Aquel que goza de la entera libertad que le da Cristo de  proponer una camino de paz y del rescate del  que está confundido y trae caminos  de muerte.  La única forma de  oponerse al mal es el bien, es decir es el camino de Jesús  en el rescate del pecador, “como oveja llevada al matadero no abrió la boca”, frente a la injusticia, Jesús se plantó en el camino de la vida y no dejó ni un momento de trabajar por la integración del que está ofuscado por el mal, del que actúa antisocielmente. La mansedumbre del que vuelve la otra mejilla al que le da una bofetada en la mejilla derecha, y esto es enseñanza de Jesús, cuando el soldado con Jesús en el juicio religioso que le hicieron para condenarlo. Responde a la agresión invitando al agresor a una reflexión para que cambie de conducta. Jesús resiste como quien tiene una responsabilidad de salvar y rescatar a los que  están sometidos a la esclavitud y a la oscuridad de la violencia y de la muerte

La contribución del  pueblo cristiano es rechazar radicalmente toda violencia, excluir el crimen y la  agresión como medio de resolución de conflictos, sólo es  solución cristiana  la mansedumbre y la resistencia por los medios de la no violencia.  Es decir entrar en el mundo de la realización completa como seres humanos,  por el único camino que es propio de los seres humanos, el camino que nos enseñó Jesucristo, el camino de la concordia y de la paz. Y de esto nosotros somos testigos.

sábado, 1 de febrero de 2014


 

Candelaria

Este domingo  celebramos la presentación de Jesús en el templo que antes llamábamos la Purificación de María;  o la fiesta de la Candelaria por las candelas que se encienden simbolizando a Jesús que es la “luz de todos los pueblos”.

Acabamos de escuchar la pintoresca escena que nos dibuja el evangelista Lucas cuando entra en el templo aquél  de quien el mismo evangelista nos explicó que era el Salvador y era el Señor. O sea entra en el Templo de Dios el Mesías el  enviado de Dios, el que ha de liberar a su pueblo. La ocasión es la purificación de María, pues según las leyes  de Israel, toda mujer que daba luz a un hijo varón contraía la impureza legal que le impedía participar en los ritos por  cuarenta días, si el recién nacido era mujer, entonces quedaba impura hasta ochenta días y tenían que ir al templo a redimir al recién nacido.  La entrada de Jesús en el Templo es muy discreta, pues no hay escena de solemne recepción por una comitiva, como cuando Jesús recién nacido se revela a los pastores; entonces aparecieron muchos ángeles cantando “¡Gloria a Dios en el cielo!”. La entrada de Jesús en el templo para su presentación es humilde, entra san José con dos tórtolas en la mano, la ofrenda de la gente pobre, y no lo recibe ni el sumo sacerdote ni los levitas y sacerdotes del templo. Únicamente dos personas lo reconocen, los dos ya muy ancianos: Simón y Ana. Simeón esperaba con todo el corazón al mesías que consolara al pueblo de tanta agresión y sufrimiento;  esperaba con una vida de justicia y de gran amor y fidelidad al plan de Dios. En él moraba el Espíritu Santo que le daba fortaleza para esperar sin desfallecer contra toda esperanza.  Simeón estaba persuadido que no moriría sin haber visto al Salvador. Sino que Dios mandaría a su Mesías para establecer su  proyecto de un pueblo unido y libre. Cuando reconoce al Mesías  se llena de alegría la hora ha llegado, Dios ha cumplido su promesa. Los tiempos están cumplidos estamos en la era final de la consolación del pueblo.  La salvación ha comenzado a realizarse a la vista no sólo del pueblo judío sino de todos los pueblos, la luz de la esperanza ya brilla para todas las naciones y esta es una gloria innegable del pueblo de Israel.

María y José quedaron muy sorprendidos de todo lo que el anciano decía del niño.  Simeón los bendijo y dirigiéndose a María la madre de Jesús le dijo: Este niño va a ser causa de que algunos se reafirmen y otros se tambaleen. A muchos no les va a parecer correcto su proceder y su palabra, porque va dejar al desnudo el pensamiento  de muchos corazones.  Y le dice a María “Todo esto  va a ser para ti como una espada que atraviese tu alma”.

Ana, llamada la profetisa, profetisa significa una mujer que nos recuerda la alianza con Dios, era una  anciana perteneciente a una tribu muy pobre: la de Aser. Desde muy joven vivió con su marido durante siete años, como una perfecta mujer Israelita. Y luego al quedar viuda, se dedicó doce veces siete años (84) al servicio del Templo para buscar, profundizar y meditar la  voluntad de Dios, en la práctica del ayuno y la oración. Al pasar por ahí reconoció al niño Jesús y comenzó a comunicar el significado de la presencia de Jesús a todos aquellos que esperaban la liberación de Israel.

La vida coherente con el mensaje de Jesús permite reconocer  por dónde andan los caminos de Dios, por dónde se revela la Palabra de Dios y dónde se manifiesta la presencia del señor. Para reconocer  dónde anda Jesús hay que  practicar una vida coherente con su palabra, como la de Simeón, como la de Ana.

La sagrada familia vuelve a su pueblo de Nazaret, pues en la vida del hogar se descubre la voluntad de Dios y se crece en sabiduría y en la gracia de Dios.

sábado, 28 de diciembre de 2013

Familia Cristiana


La Familia Cristiana

En el siglo XXI como en el siglo I, la familia cristiana es la que está total y claramente entregada a Cristo, entregada al Evangelio. Es la familia que sigue por amor los pasos de Jesús, su maestro interior.

1.- La pareja cristiana es la asociación humana que por medio de la diferencia entre varón y mujer transmite la vida humana por la fecundidad que es propia de los seres humanos, la fecundidad generada por el amor.

2.- La asociación de la pareja es inseparable del amor que los une a tal punto que, deciden arriesgar juntos, reír  juntos, y llorar juntos, se arriesgan y se entregan por la identificación espiritual que han encontrado en su fe en Jesucristo.

3.- El centro, eje y dinamismo de la pareja cristiana es Jesús de Nazaret y en nombre suyo la pareja se une, se compenetra y se honra.

4.- La pareja cristiana se une para la fecundidad espiritual, para prestarse mutua ayuda  en el camino que recorren juntos hacia Dios, en toda circunstancia, contra viento y marea, en el éxito y en el fracaso, en la salud y la enfermedad.

5.- La pareja es fecunda por los efectos que su mutuo amor tiene a su alrededor; pero si la fecundidad también produce hijos, entonces la mujer es Madre Espiritual de su comunidad, transmite desde el seno materno la ternura de Dios; y da a sus bebés los nutrimentos fundamentales en la vida.

6.- El Padre, como san José, acepta el riesgo de su fe en Jesús, y todas sus consecuencias. Tiene qué actuar con decisión, firmeza y prudencia para salvaguardar la integridad  material y espiritual de le familia. Dios mismo le ordena: “Toma al niño y a su madre” (Mt, 2, 13), se levantó y tomó al niño y a su madre de noche y se fue a Egipto.

7.- La comunidad de la familia requiere de una autoridad firme, y clara; papá y mamá no pueden renunciar a ser padre y madre espiritual de sus hijos y están obligados a mostrarles los caminos de Dios, por más difíciles que se presenten. Están encargados de anunciar a la familia el Evangelio completo sin recortes ni omisiones.

8.- La pareja dura siempre, pero lo hijos, una vez instruidos sobre el proyecto de Jesús y una vez entrenados a escoger siempre la justicia, la verdad y la libertad de los Hijos de Dios, tienen que asumir la tarea de transmitir a las nuevas generaciones la novedad del Evangelio. A cada  generación le toca redescubrir el Evangelio y transmitirlo con las formas más auténticas.

9.- Trasmitir el Evangelio significa entregar vida, pero para la familia cristiana no hay otra forma de hacerlo sino a la manera que nos dejó Jesús en la Cruz, entregando la vida hasta la última gota de sangre.

Este proyecto, que en la Iglesia Católica se reconoce como sacramento del matrimonio, es un camino de santidad cristiana que implica una comunicación con Dios en todas las vicisitudes familiares.  En la Eucaristía, la familia Cristiana ofrece al Padre su amor de pareja, y en la familia, la comunidad de hermanos que edifica a la Iglesia. Por eso la Eucaristía es un evento familiar que celebramos este domingo.

jueves, 26 de diciembre de 2013

Genealogía de Jesucristo


 

La genealogía de Jesús

La concepción virginal de Jesús es una estrella muy brillante para nuestras tinieblas, un misterio inabarcable para nuestra limitada inteligencia.

El Evangelio de san Mateo inicia con la larga genealogía de Jesús, cuenta 42 generaciones, una lista interminable, donde se repite casi cuarenta veces que “zutano engendró a fulano”, pero intencionadamente omite que José engendró a Jesús.

La genealogía de Jesús no es un árbol genealógico sino el relato de una historia de amor, una historia normal de amor humano que se inicia con un encuentro inesperado e inexplicable; el anecdotario describe cómo la persona amada se fue insinuando y luego cortejando en círculos hasta tomar su lugar en el horizonte y allí hacerse parte del paisaje y obtener definitivamente un lugar insustituible.

La historia de la relación de Dios con su pueblo se parece mucho a la historia de cada amor; pues la presencia se va convirtiendo en una persistencia omnipresente, indispensable, hasta que no le basta ya la unión física sino que aspira a otra más trascendente. Quizás sea esta última razón por la cual el Verbo se hizo carne y se hizo uno de nosotros.

La concepción virginal de Jesús es una estratagema, un plan cuidadosamente diseñado de tal forma que ya nadie pudiera ya pensar en Dios sin el hombre ni en el hombre sin Dios. Que ya no se pueda pensar en el misterio del hombre si su referencia a Dios, ni pensar en un Dios ajeno al destino del hombre.

El misterio de la encarnación del Hijo de Dios es un avance precursor de la resurrección de Jesucristo de entre los muertos, donde la carne, el cuerpo humano resucita victorioso derrotando a su destino de muerte. Para ilustrar el misterio Mateo se refiere a la concepción virginal; dice que la familia de José que asegura a Jesús su lazo con la dinastía de David, pero José mismo había decidido repudiar a su esposa María en secreto con todo y su hijo de origen incognoscible. La fuerza del argumento reside en el poder de la gracia de Dios y no en privilegios de familia. José es advertido en sueños que debe recibir a María su esposa: los sueños, dicen los sicólogos contienen, saberes inconscientes y parece ser también el caso de lo que Dios quiere transmitirle a José. La presencia misteriosa de un hijo que irrumpe así, para realizar también una obra totalmente inaudita e inusitada, la obra de la redención: el rescate de un pueblo, la redención de todos aquellos que caminan por la vida, errantes sin brújula, la restauración de una comunidad que incluya a los más alejados y recupere a los que se han confundido.

San Mateo dice que Jesús de Nazaret no es engendrado como los de su familia: es concebido en Espíritu, o del Espíritu Santo. Como en el origen del mundo, cuando el Espíritu creador presidía toda la creación de la que Dios Padre se mostró tan orgulloso. Ahora el Espíritu Santo preside la nueva creación del nuevo hombre, del nuevo Adán, una nueva creación, la nueva a humanidad donde la relación con Dios Padre integra las relaciones humanas. La explicación de san Mateo sobre la concepción virginal constituye una gran metáfora, como una historia de amor con contornos de luz y de vida que no evaden el conflicto y la perplejidad. María y José emergen como cualquier creyente, atónito ante las exigencias de Dios intentando hallarle forma a la luz de la revelación que de por sí es cegadora e inabarcable. San Mateo sabe que es perfectamente inútil tratar de describir y explicar porqué se regalan flores y porque en el lenguaje del amor se tienen que utilizar palabras que no pueden sino insinuar de manera muy incompleta lo que queremos decir a quien amamos.

La concepción de Jesús es una estrella demasiado brillante para alojarla en la neblina gris de nuestras borrosas tinieblas. Pero podemos contemplar el misterio en la meditación y en el silencio durante estos días de adviento que nos separan aún de la Navidad.