sábado, 28 de diciembre de 2013

Familia Cristiana


La Familia Cristiana

En el siglo XXI como en el siglo I, la familia cristiana es la que está total y claramente entregada a Cristo, entregada al Evangelio. Es la familia que sigue por amor los pasos de Jesús, su maestro interior.

1.- La pareja cristiana es la asociación humana que por medio de la diferencia entre varón y mujer transmite la vida humana por la fecundidad que es propia de los seres humanos, la fecundidad generada por el amor.

2.- La asociación de la pareja es inseparable del amor que los une a tal punto que, deciden arriesgar juntos, reír  juntos, y llorar juntos, se arriesgan y se entregan por la identificación espiritual que han encontrado en su fe en Jesucristo.

3.- El centro, eje y dinamismo de la pareja cristiana es Jesús de Nazaret y en nombre suyo la pareja se une, se compenetra y se honra.

4.- La pareja cristiana se une para la fecundidad espiritual, para prestarse mutua ayuda  en el camino que recorren juntos hacia Dios, en toda circunstancia, contra viento y marea, en el éxito y en el fracaso, en la salud y la enfermedad.

5.- La pareja es fecunda por los efectos que su mutuo amor tiene a su alrededor; pero si la fecundidad también produce hijos, entonces la mujer es Madre Espiritual de su comunidad, transmite desde el seno materno la ternura de Dios; y da a sus bebés los nutrimentos fundamentales en la vida.

6.- El Padre, como san José, acepta el riesgo de su fe en Jesús, y todas sus consecuencias. Tiene qué actuar con decisión, firmeza y prudencia para salvaguardar la integridad  material y espiritual de le familia. Dios mismo le ordena: “Toma al niño y a su madre” (Mt, 2, 13), se levantó y tomó al niño y a su madre de noche y se fue a Egipto.

7.- La comunidad de la familia requiere de una autoridad firme, y clara; papá y mamá no pueden renunciar a ser padre y madre espiritual de sus hijos y están obligados a mostrarles los caminos de Dios, por más difíciles que se presenten. Están encargados de anunciar a la familia el Evangelio completo sin recortes ni omisiones.

8.- La pareja dura siempre, pero lo hijos, una vez instruidos sobre el proyecto de Jesús y una vez entrenados a escoger siempre la justicia, la verdad y la libertad de los Hijos de Dios, tienen que asumir la tarea de transmitir a las nuevas generaciones la novedad del Evangelio. A cada  generación le toca redescubrir el Evangelio y transmitirlo con las formas más auténticas.

9.- Trasmitir el Evangelio significa entregar vida, pero para la familia cristiana no hay otra forma de hacerlo sino a la manera que nos dejó Jesús en la Cruz, entregando la vida hasta la última gota de sangre.

Este proyecto, que en la Iglesia Católica se reconoce como sacramento del matrimonio, es un camino de santidad cristiana que implica una comunicación con Dios en todas las vicisitudes familiares.  En la Eucaristía, la familia Cristiana ofrece al Padre su amor de pareja, y en la familia, la comunidad de hermanos que edifica a la Iglesia. Por eso la Eucaristía es un evento familiar que celebramos este domingo.

jueves, 26 de diciembre de 2013

Genealogía de Jesucristo


 

La genealogía de Jesús

La concepción virginal de Jesús es una estrella muy brillante para nuestras tinieblas, un misterio inabarcable para nuestra limitada inteligencia.

El Evangelio de san Mateo inicia con la larga genealogía de Jesús, cuenta 42 generaciones, una lista interminable, donde se repite casi cuarenta veces que “zutano engendró a fulano”, pero intencionadamente omite que José engendró a Jesús.

La genealogía de Jesús no es un árbol genealógico sino el relato de una historia de amor, una historia normal de amor humano que se inicia con un encuentro inesperado e inexplicable; el anecdotario describe cómo la persona amada se fue insinuando y luego cortejando en círculos hasta tomar su lugar en el horizonte y allí hacerse parte del paisaje y obtener definitivamente un lugar insustituible.

La historia de la relación de Dios con su pueblo se parece mucho a la historia de cada amor; pues la presencia se va convirtiendo en una persistencia omnipresente, indispensable, hasta que no le basta ya la unión física sino que aspira a otra más trascendente. Quizás sea esta última razón por la cual el Verbo se hizo carne y se hizo uno de nosotros.

La concepción virginal de Jesús es una estratagema, un plan cuidadosamente diseñado de tal forma que ya nadie pudiera ya pensar en Dios sin el hombre ni en el hombre sin Dios. Que ya no se pueda pensar en el misterio del hombre si su referencia a Dios, ni pensar en un Dios ajeno al destino del hombre.

El misterio de la encarnación del Hijo de Dios es un avance precursor de la resurrección de Jesucristo de entre los muertos, donde la carne, el cuerpo humano resucita victorioso derrotando a su destino de muerte. Para ilustrar el misterio Mateo se refiere a la concepción virginal; dice que la familia de José que asegura a Jesús su lazo con la dinastía de David, pero José mismo había decidido repudiar a su esposa María en secreto con todo y su hijo de origen incognoscible. La fuerza del argumento reside en el poder de la gracia de Dios y no en privilegios de familia. José es advertido en sueños que debe recibir a María su esposa: los sueños, dicen los sicólogos contienen, saberes inconscientes y parece ser también el caso de lo que Dios quiere transmitirle a José. La presencia misteriosa de un hijo que irrumpe así, para realizar también una obra totalmente inaudita e inusitada, la obra de la redención: el rescate de un pueblo, la redención de todos aquellos que caminan por la vida, errantes sin brújula, la restauración de una comunidad que incluya a los más alejados y recupere a los que se han confundido.

San Mateo dice que Jesús de Nazaret no es engendrado como los de su familia: es concebido en Espíritu, o del Espíritu Santo. Como en el origen del mundo, cuando el Espíritu creador presidía toda la creación de la que Dios Padre se mostró tan orgulloso. Ahora el Espíritu Santo preside la nueva creación del nuevo hombre, del nuevo Adán, una nueva creación, la nueva a humanidad donde la relación con Dios Padre integra las relaciones humanas. La explicación de san Mateo sobre la concepción virginal constituye una gran metáfora, como una historia de amor con contornos de luz y de vida que no evaden el conflicto y la perplejidad. María y José emergen como cualquier creyente, atónito ante las exigencias de Dios intentando hallarle forma a la luz de la revelación que de por sí es cegadora e inabarcable. San Mateo sabe que es perfectamente inútil tratar de describir y explicar porqué se regalan flores y porque en el lenguaje del amor se tienen que utilizar palabras que no pueden sino insinuar de manera muy incompleta lo que queremos decir a quien amamos.

La concepción de Jesús es una estrella demasiado brillante para alojarla en la neblina gris de nuestras borrosas tinieblas. Pero podemos contemplar el misterio en la meditación y en el silencio durante estos días de adviento que nos separan aún de la Navidad.

 

 

 

sábado, 14 de diciembre de 2013


JESÚS EXPLICA SU MESIANISMO

En la lectura  de este breve trozo del Evangelio de san Mateo, Jesús revela su mesianismo que es distinto al que Juan Bautista veía como inminente.

La diferencia consiste en que el mesianismo que  Juan predicó era un mensaje apremiante: “El Dios que viene es vengador y justiciero”. Una advertencia tajante de prepararse al cataclismo apocalíptico del juicio de Dios que venía a condenar a todos los que acumulaban riquezas que pertenecían a los trabajadores y reprimían militarmente al pueblo  y a todos los que no querían convertirse. Un mensaje espantoso y urgente de condenación y castigo inminentes. Para Los transgresores de la ley como Herodes. Consecuencia inmediata de este mensaje  era  la prisión de Juan Bautista.

Oyendo la actitud de Jesús frente a los pecadores y a los expulsados del templo y la preferencia de Jesús con respecto a todos los que por sus enfermedades quedaban excluidos de los cultos y de las fiestas religiosas. Juan expresa sus dudas, ¿sería posible llamar al pueblo a los que  manifiestamente tenían impedimentos legales para participar del las ceremonias religiosas?  Juan Bautista no creía que era el mesianismo que escribas y fariseos estaban esperando, ellos que dividían el mundo entre los cumplidores de la ley y los  que vivían como personas sin fe. Juan Bautista quien ya está encarcelado por la predicación rigurosa justiciera,  le manda preguntar a Jesús, una pregunta conminatoria, ¿eres tu el que ha de venir o tenemos que esperar a otro?

Jesús se remite a los hechos: vayan a JB y digan lo que están viendo y oyendo. Los ciegos pueden gozar de la luz y mirar su camino. Ya los cojos pueden seguir con paso firme el camino del señor.  Los sordos abren sus oídos a la Palabra de Señor. Los leprosos, que son los más excluidos, abandonan de su inmundicia, son liberados de su deformación y de la desfiguración de su humanidad, son curados de su horror y su confinamiento y se presentan limpios en la comunidad. Aun aquellos  que ya se consideraban muertos cobran nueva vida. En suma es una buena nueva para los pobres, los más explotados. Esto pudo sonar a los oídos del Bautista como  un mesianismo escandaloso, muy escandaloso. Jesús advierte sin rodeos: dichoso quien no se escandaliza de esto; feliz aquel a quien esto no le parezca intolerable. Como si le dijera a Juan: si estás dispuesto a aceptar este plan, encontraste un camino feliz, el camino del Mesías de Dios.

Luego que partieron los mensajeros de Juan,  Jesús se puso a hablar  a la gente acerca de Juan. Juan Bautista es precursor de esta forma de mesianismo, por su ánimo firme que no se inclina ante ningún poder que no sea el mismo Dios. No incurre en lujos que ostentan la inequidad y la injusticia, y que ofende al que no tiene para cubrir su necesidad.  Esto es ser profeta, y en el caso del Bautista más que un profeta, porque ya abre las puertas al Reino de Dios, al Redentor.

El mesianismo de Jesús es de los pequeños y de los oprimidos, lo que sin duda es escandaloso e intolerable,  y sin embargo el más pequeño del Reino es más grande que el profeta superlativo. El que entiende esto llega a su plenitud y a su paz, dichoso aquél a quien esto no le parece inaceptable.

El fundamento del mesianismo de Juan Bautista se refiere a la ley de Moisés y al templo de Jerusalén. Jesús explica con claridad que ahora es el ser humano, la persona,  el espacio sagrado donde Dios habita, ahora la Palabra es Cristo, y seguir a Cristo es la manera de escuchar, entender y seguir la voluntad de Dios sobre cada individuo y sobre la sociedad. Esto es puede resultar sorprendente y agobiante por eso dice la liturgia de hoy: mantengan firme su  ánimo, el Salvador está cerca, es el despuntar de un nuevo día con nuevos cimientos y nuevos planteamientos. ¡Ánimo, no teman!

sábado, 7 de diciembre de 2013


 IIADV-A

El mesías de la promesa

El mesías, viene de la casa de David, viene a salvar al pueblo de una situación absolutamente desesperada. Como un árbol caído,  o un cerro quemado y desforestado, donde sólo quedan los tocones y la tierra chamuscada, así había quedado el resto del pueblo de Israel. Fuera de toda esperanza de recuperación, el cumplimiento de las promesas de Dios se lleva a cabo; de ese tronco caído y de la tierra arrasada, brota el vástago, el renuevo, el retoño de David. O sea el mesías enviado de Dios, en cumplimiento de las promesas hechas por Dios a su pueblo. Juan Bautista anuncia que el tiempo ha llegado para el cumplimiento de las promesas de Dios de enviar un mesías. Para Dios no hay situación desesperada, el cumplimiento de su promesa está por encima de toda circunstancia por más inverosímil que parezca.

El pueblo de Dios esta sojuzgado, sometido, reducido a servidumbre. No puede acceder a la justicia  por la venalidad de  los jueces, el pobre no se puede defender porque no tiene palancas, ni aliados para destrabar la justicia condicionada por el poder y el dinero, el humilde sabe que está condenado a la servidumbre y a vivir postergado por  la impunidad y la corrupción. No tiene a quién recurrir y siente la desesperación de la impotencia. Por eso clama por el mesías que le traiga la salvación. Espera al Mesías, que venga a salvar al pobre al que no le queda otra alternativa para dar de comer a su familia, que venderse como esclavo.

El mesías de Dios  viene a salvar a  su pueblo con la fuerza del Espíritu Santo, el don de fortaleza que robustece y afirma las acciones del creyente; el Espíritu Santo ilumina le mente del creyente con la sabiduría que da el entender el plan de Dios, con la lucidez y la audacia, el Espíritu santo le da la fortaleza para resistir a todo embate del mal; le da la fuerza de la verdad que emerge victoriosa sobre el cúmulo de engaños y mentiras. Así es como el mesías viene a dar la libertad, la sabiduría y la audacia.

Así se comprende la figura recia y austera de Juan Bautista es, es el nuevo Josué, el nuevo profeta que conduce al  pueblo por el desierto a la tierra prometida. A Juan Bautista no lo doblega cualquier viento, no se pliega a los dictados del mundo conformista y domesticado: viste y come como  lo exige el anuncio que predica.  Anuncia un mundo diferente, un mundo nuevo  donde no existe la ferocidad, la amenaza y el miedo, donde del las armas mortíferas se harán máquinas para producir alimento, el pueblo será conducido por la mente limpia de la inocencia y la rectitud. Un mundo nuevo donde el conocimiento del plan de Dios sobre el hombre será la norma y la ley, la inspiración y la motivación de todas las acciones. Entonces la comunidad de los creyentes será el modelo a imitar por los que no tienen fe ni esperanza.

Con su voz y con el testimonio de su vida Juan Bautista prepara la venida de Jesús como mesías, como aquel donde se cumplen las promesas de Dios, aquél a quien el Espíritu Santo unge en el momento del bautismo (Lc 3,22) para enviarlo en su misión de predicar el reino de Dios. El mesías defenderá con justicia, al pobre y desamparado, con equidad dará sentencia al pobre,  (…) será la justicia su cinturón y faja para aguantar el peso de su responsabilidad.

Juan llevaba a cabo el rito del bautismo, que consistía en sumergir a los que querían cambiar de vida en el agua del río Jordán, pero advertía que el mesías los iba a sumergir en la vida misma de Dios, de donde saldrían con el  fuego del amor de Dios, con el Espíritu Santo.

 

 

 

 

 

 

domingo, 24 de noviembre de 2013


CRISTO REY
La solemnidad de Cristo Rey nos obliga a meditar sobre lo que significa ser rey en la vida de Jesús nuestro Señor. Es sabido que la palabra rey se refiere a regir, gobernar, conducir a una comunidad nacional, es un trabajo arduo e ímprobo pues consiste en encontrar y hacer decisiones a favor de la vida y del bienestar de un pueblo. Lo contrario de Rey es el tirano que solo busca el provecho propio y, si esto le beneficia, también el de su mafia, un grupo de parásitos que el tirano usa para perpetrar el despojo de los indefensos y los corrompe para fraguar su impunidad.

A Jesús le nombran rey con un letrero puesto encima de su cruz que decía “este es el rey de los judíos”  en las lenguas que se hablaban en palestina y en todo el imperio, Jesús, está crucificado, como escarmiento advertencia a los disidentes y a los revoltosos.

La primera lectura que escuchamos advierte que no es lo mismo tener un cargo que hacer el servicio, la formalidad de un régimen político no beneficia en nada al pueblo. No Saúl, que tenía el título sino David que se aseguraba que el pueblo estuviera en las mejores condiciones, era el auténtico rey de la comunidad, aunque no fuera legítimo.

Jesús, el hijo que más alegría da al Padre, reina desde la cruz, suplicio para los indigentes, fracasados, reina desde el más infamante castigo del imperio para los vencidos; Jesús es colocado en medio de los que se oponían a violencia del sistema, en medio de los antisociales, y los condenados. El arquetipo acabado del perdedor.

Por eso es blanco de las mofas de las autoridades que habían visto su poder amenazado por el aprecio que Jesús había suscitado entre los sectores más necesitados del pueblo; pero el poder no simpre está al servicio del bienestar del pueblo, más bien a menudo lo encontramos defendiendo las instituciones establecidas, no importa que ya sean obsoletas y no importa que perjudiquen y sean una carga para  la comunidad. Los que detentan el poder se burlan de Jesús porque no supo aprovechar para sí mismo, su capital político.

Los militares son extraídos de capas sociales muy golpeadas y encuentran en el ejército una de las únicas oportunidades de sacar el cuello del agua, al precio de ejecutar los planes de violencia y represión del gobierno en turno. Pero los militares, como personas del pueblo pobre ofrecen a Jesús el analgésico del vino avinagrado, como un gesto de reconocimiento común pertenencia a la humanidad más postergada. También se burlaban de Jesús que no había sacado provecho de su popularidad, que el letrero en tres lenguas implicaba tenía ya fama universal.

Uno de los dos malhechores crucificados con él le dice lo mismo: ¡un político pobre es un pobre político! desafía el mesianismo de Jesús a que efectúe su salvación  personal y de paso, también a quienes quieren seguir delinquiendo. El otro sabe que Jesús no ha hecho nada fuera de lugar, en cambio, a ellos como malhechores, la sociedad les cobra ahora sus actos delictuosos. Considera una ofensa a Dios que su compañero de suplicio no sea consciente de que están frente al acto solemne donde la muerte hermana a todo ser humano. Descubre que en Jesús la bondad y la justicia han querido manifestarse en la miseria del hombre enfrentado a su muerte. Este  malhechor arrepentido y que conoce la predicación de Jesús,  trata a Jesús como hermano, más aún, le dice por su nombre: ¡Jesús acuérdate de mí cuando llegues a reinar! Como hermano también Jesús le anuncia que ya llegó el Hoy de los pobres y de los excluidos. Ese hoy donde Dios se vuelve aliado del hombre para realizar la comunidad humana.

Le habla del paraíso donde todos los recursos se vuelven accesibles para que el ser humano consiga su fin. El paraíso es un regalo del rey, regalo que nada puede merecer, ni los malhechores, ni ningún ser humano; le promete los recursos que aporta la muerte y resurrección de Cristo.

Jesús no se salva a sí mismo, no se aprovecha de los demás, no los oprime ni explota como lo hacen los tiranos. Jesús es rey cuando da la vida a su pueblo, cuando no se reserva una gota de su sangre por la redención de todos, incluidos los más alejados, los más necesitados. Jesús es rey en la cruz.

 

domingo, 10 de noviembre de 2013


¿Qué sentido puede tener la muerte?

El enamorado quiere que su instante dure eternidades. Papás y mamás no quieren que se les mueran sus hijos. Todos los recursos se planean para la duración más prolongada de los relámpagos de felicidad que alcanza cada vida humana, se planean como si las chispas de felicidad pudieran durar eternamente.

De suyo las pulsiones nos impulsan a perpetuar la especie y por esto defendemos  el patrimonio que requiere la perpetuación de la familia y también del pueblo. De tal manera que  la ley del levirato (Dt 25, 5-10) quería que se perpetuara la tribu, el apellido, cargando la obligación sobre el cuñado. Se buscaba cualquier artificio  para  que la tribu no se debilitara, no  muriera. Y sin embargo  la muerte impone inexorablemente su ley, sin excepciones pese a tantas ilusiones y tantos esfuerzos por evitarla.

Los saduceos que eran los ricos de la comunidad de Jerusalén sólo aceptaban como Sagrada Escritura el Pentateuco, la parte más antigua de la Escritura, en donde no aparece la creencia de la vida eterna, porque la creencia en la vida eterna va asomándose tímidamente en el antiguo Testamento en el libro de Daniel (s. II ac) y en la lectura de las historias de los hermanos Macabeo, aquelloa jóvenes emblemáticos de la resistencia de los judíos en contra de la paganización de sus costumbres. Los saduceos no necesitaban otra vida pues la que les tocó vivir los había tratado muy bien. No había necesidad de más vida que la de los lujos que gozaban aprovechando su complicidad con los romanos que sometían al pueblo a dura servidumbre. Por eso se burlan de  la predicación de Jesús y de los grupos fariseos sobre la resurrección; se mofan sarcásticamente con el ejemplo absurdo de los siete cuñados de la viuda, parodiando la llamada ley del levirato.

Jesús les dice a los saduceos que cometen un grave error, pues no entienden el nuevo planteamiento de la vida nueva en la resurrección.  El texto de san Lucas que nos propone la lectura este domingo constituye la gran afirmación de la resurrección en la predicación de Jesús de Nazaret. Jesús explica  que no se trata de meter otra vez vida en un cadáver, sino de plenificar, de llevar a la máxima realización el proyecto del ser humano en Cristo. El pecado, es decir el odio, divide, separa y rasga toda convivencia humana; pero el amor reúne, adhiere y reafirma la unión entre hombre y mujer: la plenitud del plan del ser humano es vivir en sociedad por amor . La ausencia del amor es la muerte, pero el amor de la comunidad sin límites ni peligros, es la vida.  La vida plena que produce aquél gozo de haber conseguido en comunidad lo que se andaba buscando; la paz por la que se había luchado tanto.

La resurrección no es un “eterno retorno de lo mismo”, no es volver a subir la misma piedra para que de nuevo ruede cuesta abajo; más bien es la novedad inédita de lo nuevo. La resurrección es la vida en Cristo, la vida plena sin pecado y sin muerte; es la vida del pueblo de Dios que se desarrolla en la comunidad y en la alabanza.

Los saduceos se equivocan al pensar que la promesa de Dios termina en el absurdo de repetir dentro de la misma debilidad las mismas dificultades, con los mismos resultados. La resurrección de la carne no es la perpetuación de la especie humana vulnerada por el pecado, sino el ingreso definitivo de la humanidad  en el destino de Cristo resucitado en la gloria del Padre.

Serán como ángeles e hijos de Dios, ya sin la urgencia de la reproducción, queda sólo el amor, la ternura, el cariño,  el aprecio, el respeto, la misericordia del cuidado, la unión profunda en todo lo que el ser humano tiene de más grande y más precioso. Una comunión sublime.  Queda la acción de gracias y la celebración. “En la vida que viene no se casarán  y ya no pueden morir porque Dios los ha resucitado”.

sábado, 2 de noviembre de 2013

Historia de Zaqueo


Buscar y salvar lo que estaba perdido Lc 19, 1-10

 

El episodio de Zaqueo que narra Lucas en el capítulo 19 de su evangelio es muy típico del cambio de mentalidad que trae el ser ciudadano del Reino de Dios. En una narración que explica que el Reino de Dios es incluyente y nadie nunca está excluido de la misericordia de Dios, se encuentre donde se encuentre.

San Lucas pone en tintas muy negras la vida de Zaqueo, que irónicamente se podrá traducir por Justo o Puro. Dice Lucas que era el jefe de la pandilla, el capo de la mafia que se organizaba para sacar provecho del régimen militar con que obligaba se al pueblo palestino a financiar los lujos y las perversidades del gobierno del Imperio Romano, mientras el pueblo era cada vez más pobre.

Pero aún este hombre malvado y despiadado tenía dentro de su conciencia una chispita, muy débil, de búsqueda de Dios. Quizás por eso dice Lucas que era de poca estatura refiriéndose al tamaño de la fe que le punzaba en el interior. Era como un llamado muy lejano que todavía reverberaba de los gritos de su drama interior: haberse puesto de lado de los explotadores. Pero quería constatar si era Jesús el motivo de su esperanza, tan postergada y pospuesta; si había hecho esfuerzos pero le abrumaba ver el tumlto de la gente tan convencida de su certeza religiosa y no le ayudaba ese entusiasmo desbordante de la multitud que ne realidad le impedía ver la mirada de Jesús. Se adelantó con prisa a trepar a un árbol frondoso desde donde ver con perspectiva quién es Jesús.

El lugar de Jesús es en medio de la muchedumbre que sigue en desorden a su mesías y casi lo atropella levantando nubes de polvo. Desde allí Jesús eleva los ojos y fija la mirada en Zaqueo; esta actitud de Jesús, de de ponerse más abajo del nivel del pecador que lo encuentra, es la misma que tomó cuando le trajeron a la mujer sorprendida en flagrante adulterio, se inclino en aquella ocasión, escribió en la tierra y desde ese nivel dirigió su mirada a la pecadora.

Allí es donde Jesús hace el gesto más desafiante frente a todos los que habían clasificado y etiquetado como material perdido a Zaqueo y a todas las personas que pública y cínicamente explotaban al pueblo. Jesús ordena a Zaqueo que, de prisa, baje de su posición elevada y se reúna con él en el nivel de los discípulos, que siguen al mesías en el nivel de sus fuerzas. Aquí es donde el evangelista coloca la orden de Jesús: ¡Baja pronto porque voy a hospedarme en tu casa!

En vez condenarlo como enemigo y adversario, Jesús ofrece a Zaqueo la entrada del Reino en lo más íntimo de su casa, Zaqueo bien contento le abrió su corazón; Los tumultos y las multitudes son muy crueles, porque la masa es excluyente y forma juicios inapelables; se atrinchera en la actitud de: “Yo sí, y tu no” además no permite que nadie se atreva a mancillar la reputación impecable de quienes lograron una posición alrededor del mesías. Así entró la salvación a la casa de Zaqueo, reconoce su crimen, desarma la mecánica de la explotación y adopta la justicia y la misericordia.

Dice san Lucas que la fe pequeña en el fondo del corazón de Zaqueo, atrapado en la perversidad y el crimen, encontró su liberación en Jesús quien lo rescató de su condición de enemigo de la comunidad, y lo colocó en el lugar del servicio en la administración de los bienes del Pueblo de Dios. Al darle la conversión, Jesús le dio un propósito y un destino ser libre para servir al Reino de Dios.

 

Fray Luis Ramos OP

sábado, 7 de septiembre de 2013


Tomar la cruz

En este domingo el evangelio nos presenta las condiciones del seguimiento, lo más radical del camino de Cristo.

San Lucas nos presenta a unas muchedumbres que están encantadas con una figura atractiva del ganador exitoso y buscan su parte del botín de gloria y poder. Buscan ya reservar la repartición para su familia y su grupo cercano. Por eso Jesús hace un alto y les informa sobre las condiciones del seguimiento. Primero el amor totalmente desinteresado y luego la libertad de cualquier obstáculo.

1.- Si alguno viene a mí y no me ama más que su familia, y a su grupo: no es digno de mi. En Cristo el Padre incluyó a todos judíos yno-judíos hombres y mujeres. En Cristo toda la humanidad quedó recuperada. Incluir a todos sin excluir a nadie. Para seguir a Jesús hay que superar las estructuras familiares hasta hacer la gran familia de todos los seres humanos. La clave es el amor, expulsar todo odio y toda discriminación para abarcar a todos y cada uno en el afecto de la amistad. Quien no adopta este amor, no ha tomado aún el proyecto de Cristo. Según san Lucas Jesús siempre actúa con determinación y resolución, con gran vigor y pasión; también esto pide de sus seguidores.

El Imperio Romano reprimía las protestas aniquilando a los descontentos. Para escarmiento los clavaba desnudos en la cruz como burla y escarnio para los rebeldes a la ley de gobierno. El condenado era obligado con latigazos, a levantar el travesaño horizontal y después de cargarlo colocarlo en el poste dispuesto en el lugar del suplicio; algunos oponían resistencia: Jesús dice que es necesario levantar su cruz con determinación pues es un honor padecer por la libertad. Asumir el precio de la soledad y la incomprensión en un sendero a contra corriente, para reafirmar la esperanza que no termina en la muerte.

Es necesario dar incluso la vida, hay que amar a Cristo más que a sí mismo, porque se es uno mismo cuando asume la causa del otro del indigente; se hace humano aquél que se entrega a la mejora de la humanidad; como los papás que se entregan a hacer de sus hijos buenos cristianos.

3.- Finalmente Jesús pone como condición de su seguimiento dejar todo, todos los bienes, abandonar toda ambición y avaricia de acumular, evitar agarrarse del clavo caliente de los bienes que no nos vamos a llevar, y que forzosamente hay que dejar a la hora que nos sorprenda la muerte, no ceder a la tentación de poner la seguridad en lo que se tiene sino más bien en lo que se entrega, andar sin trabas ni lastres por la vida, buscando cada día la plenitud y la trascendencia de nuestro ser. En una palabra: andar en búsqueda de la perfección de nuestra esperanza de una humanidad nueva en los caminos de Jesucristo.

Lo que la vida cristiana ofrece es un camino especial, arduo y trabajoso, lejos del odio y las esclavitudes, el camino de Jesús no se separa de la construcción de la sociedad civil sino que revela los valores que todas las personas andan buscando: el amor y la libertad. Para testimoniarlo, cada bautizado cuenta con la fuerza del Espíritu Santo que nos proporciona la sabiduría y Dios y la fuerza para construir el Reino de Dios.

Como dice un filósofo británico, “no es probable que una vida que no contenga nada por lo que uno no esté dispuesto a morir resulte muy fructífera”. El camino de Jesús nos ofrece mucho más: la revelación de la trascendencia que discretamente anida en nuestra vida cotidiana.

domingo, 1 de septiembre de 2013


 

 

Invita a los pobres (Lc 14, 1. 7-14)

El banquete es una explosión de cultura social. Se genera en primer lugar por la invitación a formar parte de una comunidad celebrativa; la convocación desencadena la actividad de un grupo alegre que acepta la invitación; los comensales vienen ataviados con sus vestidos más característicos y brillantes, dispuestos compartir en la alegría y el canto. Vienen todos bulliciosos dispuestos a halagar los cinco sentidos. Una feria de flores, vestidos, manteles, música, y por supuesto, todos los sabores.

En las grandes culturas comunitarias los banquetes del santo Patrono, o bien de bautizo, boda o los funerales se celebran como eventos de la comunidad que se reúne para marcar la presencia de todo el grupo en los festejos del pueblo. El acontecimiento es motivo de alegría y de corresponsabilidad para todos y cada uno.

En el banquete se comparte con generosidad, todo el que pasa es requerido y se le ofrece aquello que la cultura culinaria ha preparado durante días con recetas que la tradición ha conservado de los ancestros. Lo que la tierra produce y el pueblo le extrae con su trabajo, se prepara con imaginación y creatividad combinando los sabores propios de la cultura local, y que el tiempo ya ha consagrado.

La fiesta hace al pueblo, los trabajos, el precio, el disfrute comunitario y las manifestaciones artísticas ponen en movimiento la cultura de un grupo humano.

La recompensa no se pude tasar en metales ni en dinero, sino en el placer de hacer las cosas con gusto y como tributo a Dios que ha dado tantos bienes en la creación y las manos humanas han transformado. La verdadera recompensa es trascendente y tiene como resultado la vida solidaria de los integrantes del grupo. Toda otra recompensa seria vulgar y ofensiva, sería rebajar la finura estética que guarda celosamente el misterio del banquete.

Pues bien, Jesús de Nazaret, nuestro señor, compara muchas veces al reino de Dios con un banquete.

San Lucas nos habla en la parábola de los llamados al banquete. El evangelista reprueba a aquellos que llegan al banquete con propósito distinto del de compartir su vida y su corazón. A los que vienen a lucirse y a imponerse y así destruir la alegría del encuentro gratuito y generoso. Jesús se aleja de los que buscan los banquetes para insinuar el poder de su jerarquía y su vanagloria y para humillar a quienes la modestia oculta; Cristo censura a los que discriminan y dividen a la comunidad; a todos los que desconocen y desprecian el aporte de su semejante en el concierto de la fiesta.

Jesús hace la reflexión sobre el lugar donde se halla el verdadero honor y donde la vergüenza; propone para ser completamente feliz y para recibir una recompensa que sacie toda la esperanza humana, no buscarla de quienes, como en un intercambio de regalos, se ven forzados a dar cualquier cosa que tenga el mismo precio en dinero, por puro compromiso.

Jesús enseña que quien desee recibir la verdadera recompensa, la recompensa que sacie la esperanza humana, que no invite a las jerarquías, a la parentela, ni a nadie que tenga capacidad de devolver lo mismo. Los papás saben muy bien que no pueden esperar de lo hijos la recompensa a sus desvelos por educarlos como auténticos cristianos. La verdadera recompensa es trascendente y sólo se puede esperar en la resurrección de los justos.

Para ser profundamente feliz Jesús propone invitar a los cojos, a los ciegos, a los enfermos, a los débiles y a los indigentes, porque esta invitación acarrea la recompensa que sacia y que da la paz del alma. Es que Jesús habla del banquete de la comunidad convocada por Dios, y Dios convoca y requiere a todo el que se quiera convertir al Evangelio, en este banquete Dios entrega su propia vida en Jesucristo, lo cual desborda toda recompensa de medida humana. En el banquete de la Eucaristía, los invitados somos nosotros y la recompensa es el mismo Cristo.

sábado, 1 de junio de 2013


 

 

La gracia de Dios es para los que la necesitan

El Capítulo 7 del Evangelio de san Lucas nos presenta dos signos de la presencia del Reino de Dios, es decir: hasta dónde cambia la sociedad con la presencia del Reino de Dios. Primero con la curación del criado del centurión y luego al revivir a la hija de una viuda de la ciudad de Naím. Hoy nos toca reflexionar sobre la curación del criado de un centurión no lejos de Cafarnaúm.

En cuanto al primer relato del milagro es necesario haber escuchado con atención la primera lectura, donde el gran templo de Israel es para todo los extranjeros todos los que no son Israelitas. Israel es mensajero de salvación para todo los que no son judíos

En la lectura del Evangelio aparece un centurión, un comandante de cien soldados, Israel está militarizado, las fuerzas de la ocupación romana vigilan y reprimen al pueblo con la violencia de las armas. Los centuriones son personas no gratas, y es escaso el cariño que les tienen los Israelitas, los soldados son enemigos del pueblo cuando someten a los indefensos a favor del imperio insaciable.

Aquí es donde entra la nueva realidad del Reino de Dios y el cambio que la presencia de Jesús opera en la existencia de la comunidad. Dice el evangelio que Jesús entró en Cafarnaúm allí en la sinagoga donde se ofrecía a leer las lecturas en la liturgia. También allí está un oficial romano pero Lucas describe a éste oficial romano como alguien a quien sus criados aman y el tiene un sirviente muy querido, un trabajador judío, probablemente su brazo derecho al que se le pueden hacer confidencias.

Este centurión era un buen romano que buscaba sinceramente a Dios y al escuchar el relato de los hechos y dichos de Jesús, él también fue transformado por la fe y decide entonces poner en Jesús su confianza.

El centurión se hace cargo de la fama mala fama que tienen los militares y el uso que de ese poder se ha hecho contra el pueblo, por esa razón les ruega a los ancianos y a los jefes de  la comunidad judía que intercedan ante Jesús por su criado. Estos altos dignatarios intentan convencer a Jesús que también en las filas de los centuriones se dan buenas personas y le dan cuenta de los beneficios que del centurión han recibido, ha dado muestras de respeto y aprecio por el pueblo, incluso el financiamiento de la construcción de la sinagoga. Por eso quieren que vaya a dar la salud al criado que está enfermo de muerte.

El rescatar a un alejado a un excluido, y un etiquetado, marcado y relegado, es un camino que Jesús está dispuesto a recorrer con aquellos que han intercedido por el centurión. Cuando esta ya cerca de la casa, el centurión manda a amigos, ya no a personas de alto rango, sino a gente amada. Le dice a Jesús que no tiene que poner en peligro su pureza legal al entrar en casa de un no judío, de un romano, porque él, reconoce lo que su discípulos confiesan de él y reconoce en Jesús la salud y la vida. “No soy digno de que entres en mi casa, una palabra tuya y la vida se hará presente”

Lucas concluye que con la llegada del Reino de Dios se borraron las fronteras, se agrandó el horizonte, los no judíos también están invitados al Nuevo Israel, aun los más lejanos, los más improbables e inverosímiles, incluso aquellos que no toleramos, que excluimos y etiquetamos, todos absolutamente están llamados a cambiar de vida y poner su fe en Jesús como Señor de vida y de todo lo que conduzca a la vida y a la salud. El centurión recibe de Jesús la salud que pidió para su criado, su acción humanitaria terminó en su entrada en la gracia de Dios.

Los enviados del centurión, los ancianos y los amigos juntos constataron la presencia del reino de Dios, en ese criado perfectamente sano.

Cuando ponemos nuestra fe en Jesús se nos cambia la vida, abrimos la puerta a una comunidad sin barreras.

© Luis Ramos OP

 

domingo, 19 de mayo de 2013


El Espíritu Santo

Pentecostés marca la plenitud del Misterio Pascual, del misterio de la Resurrección como misterio de vida de Dios en nosotros. Liberados de todos los obstáculos y llenos de la fuerza del Espíritu Santo.

Liberados del pecado y de la muerte, aligerados, ya sin lastres pesados y cargas inútiles, sin los miedos y las inseguridades, llega en Pentecostés el Espíritu Santo como plenitud de vida para renovar la faz de la tierra.

El Espíritu Santo inunda a cada miembro de la comunidad de la Iglesia para robustecer y fortalecer, con la tarea clara de combatir todo lo que separa y divide. El Espíritu Santo viene como Don del Padre para promover y fortalecer lo que acerca y reúne, todo lo que cohesiona y solidifica la unión. No para uniformar sino para levantar, con nuestras diferencias, una comunidad de seres humanos que se conocen y que se responsabilizan del débil y del pobre. Para formar un solo cuerpo.

Cristo sopla, infunde al Espíritu Santo sobre los apóstoles para perdonar y reintegrar al que estaba expulsado a la comunidad para que forme parte de ella y por ella trabaje. La presencia del Espíritu derrama los “siete dones del espíritu Santo”.  Los dones de fortaleza y resistencia ante los enemigos de la verdad, de la justicia y de la libertad. Para que el Espíritu nos llene de los dones de prudencia y de audacia, de valentía y de fortaleza frente al mal.

El Espíritu santo es la fuerza de Dios para transitar nuevos y más amplios horizontes, nos saca de nuestros egoísmos y nos lanza por caminos de responsabilidad por los demás.

Con el brillo de la luz del Espíritu Santo, con la claridad que proporciona el conocimiento del don de ciencia y con la prudencia que da en don de sabiduría, el espíritu Santo nos revela claramente el propósito de nuestra vida cristiana y sus etapas.

Es el Espíritu Santo el que nos revela la ternura del Padre y nos manifiesta nuestra adopción como hijos de Dios, como adoptados por el Padre, como hijos de Dios por el bautismo. Así Espíritu Santo nos revela el Rostro del Padre, como injertados en Jesucristo el Hijo eterno del Padre, de manera que su vida corre por nuestras venas y nuestro corazón se vaya acostumbrando a los latidos del corazón del Padre.

Con la libertad de los hijos de Dios, sin ataduras, sin miedos, con la paz que da estar en manos de nuestro padre y con la alegría de no poder perderlo ya. Este es el Gozo del espíritu Santo, la posesión de Cristo como nuestro hermano y amigo. Porque nadie puede llamar a Jesús Señor, si no es bajo la acción el Espíritu Santo.

Y de eso somos testigos, testigos de la vida, de la justicia, y de la paz. Cada uno de nosotros está presente en diversos ambientes, unos más difíciles que otros, y en todos hay muchos que están buscando la fe que les proporcione la paz. Esa es la misión nos envía nuestro Señor Jesucristo en pentecostés.

 

sábado, 4 de mayo de 2013


PASCUAVI-C

La promesa del Espíritu

La vida del resucitado es una vida en la Paz, la fe nos dice que Cristo está, con nosotros de manera sólida e inconmovible, para siempre. La celebración del misterio de la encarnación en Navidad nos reveló hasta qué punto quiso el Hijo de Dios  asumir nuestra pobre condición humana. Si para el propio Jesús las consecuencias fueron determinantes, mucho más lo fueron para nuestra existencia cotidiana. Jesús se comprometió hasta la muerte y nosotros desde el bautismo estamos orientados hasta la victoria de la vida.  En la Vigilia Pascual aprendimos que el bautismo equivale a un nuevo nacimiento, pero no a la vida anterior sin o a una vida nueva. La vida del cristiano se vuelve ajena y extraña a la superficialidad, a la vanidad, a la simulación y a la corrupción; en cierto sentido  es una propuesta tan nueva que muchas veces se manifiesta a contracorriente. El edificar una fraternidad con los más alejados y más rechazados, no se aviene con la vanagloria, la prepotencia, el cinismo y la simulación; los cristianos somos mensajeros de un proyecto de paz, no como la da el mundo, la paz del sepulcro a fuerza plomo y miedo, sino que implica la equidad, la reconciliación y la generosidad; la paz que es fruto de la justicia.

La propuesta del evangelio consiste en edificar cada día la comunidad familiar, laboral y social.

Tenemos la palabra de Dios, es decir, Dios nos da su palabra y mantiene su palabra aun por encima de nuestras infidelidades, mantiene su promesa de reunirnos como un solo pueblo y encontrarnos una tierra prometida, donde el pueblo pueda gozar de paz a la que tiene derecho. Por eso  la palabra de cada ser humano es tan importante, como lo vemos en la primera lectura (Hechos 21, 10-14, 20-23) donde se respeta el desacuerdo de Pablo y Bernabé contra las autoridades de la comunidad que eran los apóstoles Santiago y Pedro. Aunque causa molestia y conflicto, se respeta la palabra de los disidentes, quienes de buena voluntad buscan comprender la voluntad de Dios. Porque aunque la voluntad de Dios es firme y sin ambigüedades, no siempre es evidente, no nos es tan comprensible y nos cuesta mucho trabajo entenderla.

En este evangelio san Juan anuncia el envío del Espíritu Santo, una nueva presencia de Dios en la comunidad, porque no sólo revela Dios su voluntad sino que arrima los recursos para llevarla a cabo, porque la tarea es de tal envergadura y tiene tales consecuencias que no se puede esperar que sea  de lo más fácil. Para seguir a Cristo hay que arriesgar, se requiere buena dosis de audacia y de generosidad; por eso se nos otorgan los Dones del Espíritu Santo, el don de sabiduría y prudencia, el de la paciencia, el de la audacia y el de la fortaleza.

Cristo promete que enviará al Espíritu Santo para luchar por la paz, no sólo para la abundancia y prosperidad, sino  para que se pueda dar entre todos por  la equidad, la lealtad, la libertad  y la concordia.

Por eso promete una forma de presencia más universal y más abarcadora que la que asumió mientras estaba en la historia con sus discípulos. Es una nueva forma de arraigo en el amor, más trascendente y permanente en todos los instantes del tiempo y aún más allá; es la promesa del Espíritu Santo que guía la Iglesia.

Dice Jesús que el Espíritu Santo abre horizontes insospechados, inimaginables e inesperados, para  transitar por los cuales, es necesario un suplemento de fuerza, de conocimiento y de fidelidad. Por eso envía su Espíritu para que nos enseñe todas las cosas, todo lo que implica la nueva relación de todos y cada uno con Dios a partir de la resurrección, sólo el Espíritu Santo puede desentrañar el significado; para esto el espíritu Santo nos trae a la memoria las maravillas del Señor, el memorial  de su pasión, muerte y resurrección. En la Eucaristía que celebramos cada domingo Cristo se quedó con nosotros de una nueva manera, más intensa, más concreta y mas apasionada, a la que tenemos acceso en la comunión con su Cuerpo y con su Sangre.

jueves, 2 de mayo de 2013


Comunidad   SURGENTES

 

La  Comunidad SURGENTES es un grupo  UNIVERSITARIO que se reúne los miércoles de 20 a 22 horas en el Templo de Fátima (Chiapas Sur 1108, Col. Arbide, León, Gto).

·         Leemos y comentamos libros de teología contemporánea

·         Organizamos retiros del grupo

·         Visitas guiadas monumentos cristianos de la región: Yuriria, Celaya, etc.

·         Apoyamos con ayuda directa a los indígenas y migrantes

           

Info e inscripciones tel (477) 713 3410……………luis.ramos.op@hotmail.com

Durante Mayo-Julio de 2013 examinaremos el libro

Terry Eagleton

EL SENTIDO DE LA VIDA

(Editorial Paidós Ibérica, 2007)

INICIAMOS MIÉRCOLES 8 DE MAYO

De 20-22 horas


O

Recepción del Convento de Fátima

Av Palmas esquina Calle Chiapas

Colonia Arbide

León, Gto.

sábado, 6 de abril de 2013




Miedo y vulnerabilidad

La revelación de la resurrección es tan innovadora que suscita miedos y prevenciones. Tomó de sorpresa a los discípulos mismos por lo que cierran las puertas por miedo, porque fuera es noche. Permanecen  confinados y paralizados, con la parálisis que provoca la impotencia frente a la dimensión de un mal invencible.

En medio de sus miedos y de sus represiones, se presenta el Señor Resucitado para transmitirles la paz: Shalom, es la paz que consiste en el gozo de regresar al Oasis luego de varios meses de fatigas en el desierto, de caminatas interminables en caravanas para buscar los recursos para la subsistencia de la familia sorteando el hambre, la sed y los peligros. La paz es el descanso, el gozo de encostrarse de nuevo en el seno familiar, en la frescura de las fuentes de agua. El Shalom  es la paz, como  gozo de  estar en posesión de aquellos recursos indispensables para  hacernos humanos,  para disfrutar de la calidad de hijos de Dios. La presencia del Señor Resucitado aporta y transmite la paz y esta presencia causa inmensa alegría espiritual. La visión de Cristo trae profunda paz y auténtica  alegría.

Los otros discípulos ya vieron al señor resucitado,  sólo Tomás, permanece en la percepción de las llagas como signo de vulnerabilidad, de fracaso y de muerte. Por eso pide una demostración convincente, prueba palpable de la resurrección de Jesús; algo que no lo desplace de la seguridad de sus fuerzas,  una prueba que no le exija salir de su confinamiento.  Otra vez con las puertas bien cerradas, Jesús se hace presente para hacerlos comprender otra percepción de las llagas, las de las  manos y la del costado; ya no son signo de derrota sino de victoria. Ya no son los orificios por donde penetra la muerte sino el manantial de donde mana la vida. Es el amo y señor de la Vida sobre quien la muerte ya no tiene dominio, ahora la vulnerabilidad es fuente de esperanza, Jesús dice a Tomás, no te comportes como incrédulo sino como  persona que pone toda su fe en el Resucitado. No como quien sólo retrae en sus miedos y atrinchera en sus vulnerabilidades sino  como quien abre su resistencia y su audacia a las dimensiones del proyecto de Dios en Cristo. No como un incrédulo, derrotado antes de iniciar la lucha, sino como alguien que es consciente de que su fuerza es la del que venció al pecado y la muerte, que está convencido de que su fe es resorte y motor de una nueva forma de tomar la existencia, las realidades y las relaciones sociales.

El evangelio de san Juan dice que ahora hay que referirse al libro, a la palabra escrita donde se halla la visión del Señor resucitado, que modela nuestra mente, nuestra voluntad y nuestra libertad.

En nombre de esta fe los creyentes  se reunían como una sola comunidad, como un solo pueblo una sociedad para dar testimonio social de la esperanza que los habita, sobrepasando las barreras del miedo y la parálisis de la vulnerabilidad. La fe produce una esperanza contagiosa cuya sombra dinamiza a toda una comunidad  a sacar a la luz a enfermos y paralíticos  a fin de que que se integren a la comunidad para luchar por la paz.

jueves, 28 de marzo de 2013


Lavar pies (2013)

 

Antes de la fiesta de la pascua, sabiendo que era la hora de pasar de este mundo al Padre, en pleno compromiso de amor, y de  un amor consecuente hasta las últimas consecuencias, los ama a hasta entregar su vida por los suyos.

El gesto del Maestro de quitarse la túnica hacer un mandil y ponerse a lavar los pies de los seguidores en el transcurso de la cena, fue una sorpresa inaudita para los doce reunidos en la cena de Pascua con Jesús. El gesto de presentarse como esclavo los desconcertó, era demasiado nuevo, era un cambio muy radical.

Jesús en plena conciencia de que el Padre puso todas las cosas en su mano, y de donde venía y adónde se dirigía y que era el Maestro y el Señor; amenazado como estaba por la traición de Judas,  con plena ciencia de su identidad. Se agacha a llevar a cabo  la tarea de un esclavo, lavar los pies y a secárselos.

En plena cena de pascua, pascua, viene de una palabra hebrea que significa: Paso, pasar. En el pensamiento de Jesús, es el paso por la Cruz a la resurrección. Es el paso de la muerte a la vida y de la esclavitud a  la libertad; para nosotros los creyentes la conducta de Jesús implica  una conversión del corazón, un cambio radical de mentalidad;

Desgraciadamente tenemos la experiencia de que el imperio de la muerte es el odio, la violencia, la enfermedad y la pobreza; en cambio el reino la vida es totalmente lo opuesto: el amor, la alegría, la paz, la salud y los recursos propios de una vida humana. La condición de la existencia de la vida es el amor.

Puesto que la pascua es el paso de la esclavitud a la libertad se opone completamente a la esclavitud porque la esclavitud es el régimen del miedo, del abuso, de la humillación y el sometimiento, mientras que la libertad, implica comprender el fin del ser humano, y estar en posesión del propio destino individual y social. El que es libre es dueño de sí y puede escoger lo que le  beneficia y dignifica y alejar lo que le daña y perjudica. Libre interiormente de todas las pasiones que confunden la mente y paralizan a la voluntad. Y libre de los obstáculos que nos impiden actuar como sociedad compuesta por seres humanos.

El paso de la muerte a la vida implica la libertad para emprender el crecimiento y el movimiento al que empuja toda vida humana, el paso a la vida implica un combate frontal contra la muerte, contra la injusticia, la enfermedad y la pobreza. En una palabra un combate contra el odio y la violencia. Porque lo que da vida es el amor, no sólo el sentimiento del amor, sino el compromiso de la entrega de la vida por las personas a las que se ama. No se trata del afecto a un objeto o a una mascota, sino sólo a un semejante, a una persona con la que se puede trabar una amistad a la que se llega por el diálogo, por la palabra, por el lenguaje, por la razón. El amor más profundo nace del descubrimiento íntimo de los latidos de un corazón que corresponde a una entrega. La imágen de san Juan en la última cena, que reposa su cabeza en el pecho el Jesús, nos ilustra el tipo de amor que la relación con Jesús  desencadena, porque el término de este amor es tener parte con Él, -como le advierte a Pedro-  compartir sus opciones y sus prioridades,  sus pensamientos y sus acciones.

En efecto la pascua conlleva un cambio interior y exterior, individual y social. Los últimos son los primeros, la atención a los más pobres, el rescate de los alejados y marginados, y el lavatorio de los pies son ilustración de la profundidad de la conversión que implica  involucrarse con el proyecto de Jesús; no es fácil de comprender se requiere  una iluminación de parte de Dios. Es Jesús mismo quien nos dirige la invitación que el Evangelio nos hace hoy. “Pues si yo que soy el Maestro y Señor, les lavé los pies, también ustedes debe lavarse  los pies unos a otros”.

 

 

martes, 26 de marzo de 2013


Cristina y Martín

En este espléndido recinto de la palabra, de la predicación, y en este crisol de culturas, pretéritas y presentes en Oaxaca, es un lugar insuperable para  celebrar el sacramento el matrimonio. Sacramento es el latín por mysterion en griego y es muy apropiado para  el consentimiento que ustedes dos van a declararse, la promesa solemne de llevar de ahora en adelante una vida unidos en Dios.

Toda persona para encontrarse a si misma tiene que descubrir al otro, porque nadie está completo sin hacerse responsable del otro. En la visión cristiana nadie puede esperar que el otro gire alrededor del propio ego; es el cuidado, la atención y la preocupación por el otro es lo que hace a una persona un sí mismo que se mueve libremente. Con una libertad que se afirma con cada decisión, con cada elección por lo mejor, por lo más humano.

Todos los sacramentos de la Iglesia católica están dirigidos a la edificación de la comunidad y todos implican una responsabilidad social. Así como el ser humano no se perfecciona sino cuando participa de la comunidad, así también en la Iglesia cada sacramento apunta desde el cariño y la ternura de pareja, a una responsabilidad comunitaria, social.

En la Iglesia católica el matrimonio es una vocación, es decir es un regalo de Dios, es una elección que Dios hace para que una pareja que se ama estructure y edifique una comunidad conyugal. Cuando Dios llama, es decir, elige, también encarga una misión, una misión en el seno de la comunidad. Cada pareja escoge el tipo de Iglesia que va a generar con su praxis, con su acción, con sus opciones y prioridades, porque la Iglesia se estructura con el tipo de praxis de los miembros que la conforman, es decir una comunidad eclesial que impulse, preceda y dispare una nueva forma de tratarse, de ver el mundo, desde la familia hasta la globalización. Una Iglesia que por el respeto a la diferencia sea capaz de  descubrir al lugar de cada uno en una bella armonía.

La fe puede actuar como pesada carga que frene toda iniciativa de iniciar algo diferente; pero la fe también puede servir de resorte para iniciar relaciones humanas más recias y trascendentes en un horizonte nunca antes sospechado.

La fe opera en el ámbito simbólico con metáforas que apuntan a lo indecible e inefable. La relación con Dios utiliza un lenguaje estético, de sentimientos misteriosos e inexplicables; es un código que respeta el silencio y lo no dicho. También esto se realiza en la atención diaria de corazón a corazón, donde lo que no se ha hecho todavía, se va preparando en la incubadora de la esperanza. La virtud de la longanimidad se encarga de aquello que no está hecho aun, pero que la inercia de lo que se intenta lo revela como un a-venir esperable; megalopsijía decían los griegos, la grandeza de alma, la magnanimidad que siempre espera, que no se adelanta, no se predispone, a lo que puede venir. Esta virtud es muy próxima e la prudencia, la recta razón de los medios a utilizar para llegara a una acción verdaderamente bella. Cada quien aporta todo lo que es y se complementa de lo que carece en el pozo misterioso de la persona amada. El acto de aportar, de entregar, de despojarse, no sólo engrandece a quien lo hace sino que da esplendor a lo que ofrece, porque lo ofrecido tiene como origen la grandeza humana. Aceptar este don es compartir la generosidad y la parte más delicada de un espíritu humano. En el matrimonio cristiano se engrandece quien hace la ofrenda de la entrega, y fecunda a quien abre su corazón a un tal don. Es aquí donde incide el misterio de Dios quien sólo puede hacer el bien en plena libertad,   y el bien que hace crea, y hace brotar la bondad de las cosas y de las personas.

El sacramento que ustedes se van a impartir ante Dios,  solo espera que por la auto entrega y el noble despojo de obsesiones egocéntricas, se abran las compuertas a los torrentes de serenidad y de paz que solo el amor desinteresado  sabe reconocer y saborear.

 Fray Luis Ramos OP

Oaxaca

23  de marzo de 2013