jueves, 28 de marzo de 2013


Lavar pies (2013)

 

Antes de la fiesta de la pascua, sabiendo que era la hora de pasar de este mundo al Padre, en pleno compromiso de amor, y de  un amor consecuente hasta las últimas consecuencias, los ama a hasta entregar su vida por los suyos.

El gesto del Maestro de quitarse la túnica hacer un mandil y ponerse a lavar los pies de los seguidores en el transcurso de la cena, fue una sorpresa inaudita para los doce reunidos en la cena de Pascua con Jesús. El gesto de presentarse como esclavo los desconcertó, era demasiado nuevo, era un cambio muy radical.

Jesús en plena conciencia de que el Padre puso todas las cosas en su mano, y de donde venía y adónde se dirigía y que era el Maestro y el Señor; amenazado como estaba por la traición de Judas,  con plena ciencia de su identidad. Se agacha a llevar a cabo  la tarea de un esclavo, lavar los pies y a secárselos.

En plena cena de pascua, pascua, viene de una palabra hebrea que significa: Paso, pasar. En el pensamiento de Jesús, es el paso por la Cruz a la resurrección. Es el paso de la muerte a la vida y de la esclavitud a  la libertad; para nosotros los creyentes la conducta de Jesús implica  una conversión del corazón, un cambio radical de mentalidad;

Desgraciadamente tenemos la experiencia de que el imperio de la muerte es el odio, la violencia, la enfermedad y la pobreza; en cambio el reino la vida es totalmente lo opuesto: el amor, la alegría, la paz, la salud y los recursos propios de una vida humana. La condición de la existencia de la vida es el amor.

Puesto que la pascua es el paso de la esclavitud a la libertad se opone completamente a la esclavitud porque la esclavitud es el régimen del miedo, del abuso, de la humillación y el sometimiento, mientras que la libertad, implica comprender el fin del ser humano, y estar en posesión del propio destino individual y social. El que es libre es dueño de sí y puede escoger lo que le  beneficia y dignifica y alejar lo que le daña y perjudica. Libre interiormente de todas las pasiones que confunden la mente y paralizan a la voluntad. Y libre de los obstáculos que nos impiden actuar como sociedad compuesta por seres humanos.

El paso de la muerte a la vida implica la libertad para emprender el crecimiento y el movimiento al que empuja toda vida humana, el paso a la vida implica un combate frontal contra la muerte, contra la injusticia, la enfermedad y la pobreza. En una palabra un combate contra el odio y la violencia. Porque lo que da vida es el amor, no sólo el sentimiento del amor, sino el compromiso de la entrega de la vida por las personas a las que se ama. No se trata del afecto a un objeto o a una mascota, sino sólo a un semejante, a una persona con la que se puede trabar una amistad a la que se llega por el diálogo, por la palabra, por el lenguaje, por la razón. El amor más profundo nace del descubrimiento íntimo de los latidos de un corazón que corresponde a una entrega. La imágen de san Juan en la última cena, que reposa su cabeza en el pecho el Jesús, nos ilustra el tipo de amor que la relación con Jesús  desencadena, porque el término de este amor es tener parte con Él, -como le advierte a Pedro-  compartir sus opciones y sus prioridades,  sus pensamientos y sus acciones.

En efecto la pascua conlleva un cambio interior y exterior, individual y social. Los últimos son los primeros, la atención a los más pobres, el rescate de los alejados y marginados, y el lavatorio de los pies son ilustración de la profundidad de la conversión que implica  involucrarse con el proyecto de Jesús; no es fácil de comprender se requiere  una iluminación de parte de Dios. Es Jesús mismo quien nos dirige la invitación que el Evangelio nos hace hoy. “Pues si yo que soy el Maestro y Señor, les lavé los pies, también ustedes debe lavarse  los pies unos a otros”.

 

 

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