sábado, 28 de diciembre de 2013

Familia Cristiana


La Familia Cristiana

En el siglo XXI como en el siglo I, la familia cristiana es la que está total y claramente entregada a Cristo, entregada al Evangelio. Es la familia que sigue por amor los pasos de Jesús, su maestro interior.

1.- La pareja cristiana es la asociación humana que por medio de la diferencia entre varón y mujer transmite la vida humana por la fecundidad que es propia de los seres humanos, la fecundidad generada por el amor.

2.- La asociación de la pareja es inseparable del amor que los une a tal punto que, deciden arriesgar juntos, reír  juntos, y llorar juntos, se arriesgan y se entregan por la identificación espiritual que han encontrado en su fe en Jesucristo.

3.- El centro, eje y dinamismo de la pareja cristiana es Jesús de Nazaret y en nombre suyo la pareja se une, se compenetra y se honra.

4.- La pareja cristiana se une para la fecundidad espiritual, para prestarse mutua ayuda  en el camino que recorren juntos hacia Dios, en toda circunstancia, contra viento y marea, en el éxito y en el fracaso, en la salud y la enfermedad.

5.- La pareja es fecunda por los efectos que su mutuo amor tiene a su alrededor; pero si la fecundidad también produce hijos, entonces la mujer es Madre Espiritual de su comunidad, transmite desde el seno materno la ternura de Dios; y da a sus bebés los nutrimentos fundamentales en la vida.

6.- El Padre, como san José, acepta el riesgo de su fe en Jesús, y todas sus consecuencias. Tiene qué actuar con decisión, firmeza y prudencia para salvaguardar la integridad  material y espiritual de le familia. Dios mismo le ordena: “Toma al niño y a su madre” (Mt, 2, 13), se levantó y tomó al niño y a su madre de noche y se fue a Egipto.

7.- La comunidad de la familia requiere de una autoridad firme, y clara; papá y mamá no pueden renunciar a ser padre y madre espiritual de sus hijos y están obligados a mostrarles los caminos de Dios, por más difíciles que se presenten. Están encargados de anunciar a la familia el Evangelio completo sin recortes ni omisiones.

8.- La pareja dura siempre, pero lo hijos, una vez instruidos sobre el proyecto de Jesús y una vez entrenados a escoger siempre la justicia, la verdad y la libertad de los Hijos de Dios, tienen que asumir la tarea de transmitir a las nuevas generaciones la novedad del Evangelio. A cada  generación le toca redescubrir el Evangelio y transmitirlo con las formas más auténticas.

9.- Trasmitir el Evangelio significa entregar vida, pero para la familia cristiana no hay otra forma de hacerlo sino a la manera que nos dejó Jesús en la Cruz, entregando la vida hasta la última gota de sangre.

Este proyecto, que en la Iglesia Católica se reconoce como sacramento del matrimonio, es un camino de santidad cristiana que implica una comunicación con Dios en todas las vicisitudes familiares.  En la Eucaristía, la familia Cristiana ofrece al Padre su amor de pareja, y en la familia, la comunidad de hermanos que edifica a la Iglesia. Por eso la Eucaristía es un evento familiar que celebramos este domingo.

jueves, 26 de diciembre de 2013

Genealogía de Jesucristo


 

La genealogía de Jesús

La concepción virginal de Jesús es una estrella muy brillante para nuestras tinieblas, un misterio inabarcable para nuestra limitada inteligencia.

El Evangelio de san Mateo inicia con la larga genealogía de Jesús, cuenta 42 generaciones, una lista interminable, donde se repite casi cuarenta veces que “zutano engendró a fulano”, pero intencionadamente omite que José engendró a Jesús.

La genealogía de Jesús no es un árbol genealógico sino el relato de una historia de amor, una historia normal de amor humano que se inicia con un encuentro inesperado e inexplicable; el anecdotario describe cómo la persona amada se fue insinuando y luego cortejando en círculos hasta tomar su lugar en el horizonte y allí hacerse parte del paisaje y obtener definitivamente un lugar insustituible.

La historia de la relación de Dios con su pueblo se parece mucho a la historia de cada amor; pues la presencia se va convirtiendo en una persistencia omnipresente, indispensable, hasta que no le basta ya la unión física sino que aspira a otra más trascendente. Quizás sea esta última razón por la cual el Verbo se hizo carne y se hizo uno de nosotros.

La concepción virginal de Jesús es una estratagema, un plan cuidadosamente diseñado de tal forma que ya nadie pudiera ya pensar en Dios sin el hombre ni en el hombre sin Dios. Que ya no se pueda pensar en el misterio del hombre si su referencia a Dios, ni pensar en un Dios ajeno al destino del hombre.

El misterio de la encarnación del Hijo de Dios es un avance precursor de la resurrección de Jesucristo de entre los muertos, donde la carne, el cuerpo humano resucita victorioso derrotando a su destino de muerte. Para ilustrar el misterio Mateo se refiere a la concepción virginal; dice que la familia de José que asegura a Jesús su lazo con la dinastía de David, pero José mismo había decidido repudiar a su esposa María en secreto con todo y su hijo de origen incognoscible. La fuerza del argumento reside en el poder de la gracia de Dios y no en privilegios de familia. José es advertido en sueños que debe recibir a María su esposa: los sueños, dicen los sicólogos contienen, saberes inconscientes y parece ser también el caso de lo que Dios quiere transmitirle a José. La presencia misteriosa de un hijo que irrumpe así, para realizar también una obra totalmente inaudita e inusitada, la obra de la redención: el rescate de un pueblo, la redención de todos aquellos que caminan por la vida, errantes sin brújula, la restauración de una comunidad que incluya a los más alejados y recupere a los que se han confundido.

San Mateo dice que Jesús de Nazaret no es engendrado como los de su familia: es concebido en Espíritu, o del Espíritu Santo. Como en el origen del mundo, cuando el Espíritu creador presidía toda la creación de la que Dios Padre se mostró tan orgulloso. Ahora el Espíritu Santo preside la nueva creación del nuevo hombre, del nuevo Adán, una nueva creación, la nueva a humanidad donde la relación con Dios Padre integra las relaciones humanas. La explicación de san Mateo sobre la concepción virginal constituye una gran metáfora, como una historia de amor con contornos de luz y de vida que no evaden el conflicto y la perplejidad. María y José emergen como cualquier creyente, atónito ante las exigencias de Dios intentando hallarle forma a la luz de la revelación que de por sí es cegadora e inabarcable. San Mateo sabe que es perfectamente inútil tratar de describir y explicar porqué se regalan flores y porque en el lenguaje del amor se tienen que utilizar palabras que no pueden sino insinuar de manera muy incompleta lo que queremos decir a quien amamos.

La concepción de Jesús es una estrella demasiado brillante para alojarla en la neblina gris de nuestras borrosas tinieblas. Pero podemos contemplar el misterio en la meditación y en el silencio durante estos días de adviento que nos separan aún de la Navidad.

 

 

 

sábado, 14 de diciembre de 2013


JESÚS EXPLICA SU MESIANISMO

En la lectura  de este breve trozo del Evangelio de san Mateo, Jesús revela su mesianismo que es distinto al que Juan Bautista veía como inminente.

La diferencia consiste en que el mesianismo que  Juan predicó era un mensaje apremiante: “El Dios que viene es vengador y justiciero”. Una advertencia tajante de prepararse al cataclismo apocalíptico del juicio de Dios que venía a condenar a todos los que acumulaban riquezas que pertenecían a los trabajadores y reprimían militarmente al pueblo  y a todos los que no querían convertirse. Un mensaje espantoso y urgente de condenación y castigo inminentes. Para Los transgresores de la ley como Herodes. Consecuencia inmediata de este mensaje  era  la prisión de Juan Bautista.

Oyendo la actitud de Jesús frente a los pecadores y a los expulsados del templo y la preferencia de Jesús con respecto a todos los que por sus enfermedades quedaban excluidos de los cultos y de las fiestas religiosas. Juan expresa sus dudas, ¿sería posible llamar al pueblo a los que  manifiestamente tenían impedimentos legales para participar del las ceremonias religiosas?  Juan Bautista no creía que era el mesianismo que escribas y fariseos estaban esperando, ellos que dividían el mundo entre los cumplidores de la ley y los  que vivían como personas sin fe. Juan Bautista quien ya está encarcelado por la predicación rigurosa justiciera,  le manda preguntar a Jesús, una pregunta conminatoria, ¿eres tu el que ha de venir o tenemos que esperar a otro?

Jesús se remite a los hechos: vayan a JB y digan lo que están viendo y oyendo. Los ciegos pueden gozar de la luz y mirar su camino. Ya los cojos pueden seguir con paso firme el camino del señor.  Los sordos abren sus oídos a la Palabra de Señor. Los leprosos, que son los más excluidos, abandonan de su inmundicia, son liberados de su deformación y de la desfiguración de su humanidad, son curados de su horror y su confinamiento y se presentan limpios en la comunidad. Aun aquellos  que ya se consideraban muertos cobran nueva vida. En suma es una buena nueva para los pobres, los más explotados. Esto pudo sonar a los oídos del Bautista como  un mesianismo escandaloso, muy escandaloso. Jesús advierte sin rodeos: dichoso quien no se escandaliza de esto; feliz aquel a quien esto no le parezca intolerable. Como si le dijera a Juan: si estás dispuesto a aceptar este plan, encontraste un camino feliz, el camino del Mesías de Dios.

Luego que partieron los mensajeros de Juan,  Jesús se puso a hablar  a la gente acerca de Juan. Juan Bautista es precursor de esta forma de mesianismo, por su ánimo firme que no se inclina ante ningún poder que no sea el mismo Dios. No incurre en lujos que ostentan la inequidad y la injusticia, y que ofende al que no tiene para cubrir su necesidad.  Esto es ser profeta, y en el caso del Bautista más que un profeta, porque ya abre las puertas al Reino de Dios, al Redentor.

El mesianismo de Jesús es de los pequeños y de los oprimidos, lo que sin duda es escandaloso e intolerable,  y sin embargo el más pequeño del Reino es más grande que el profeta superlativo. El que entiende esto llega a su plenitud y a su paz, dichoso aquél a quien esto no le parece inaceptable.

El fundamento del mesianismo de Juan Bautista se refiere a la ley de Moisés y al templo de Jerusalén. Jesús explica con claridad que ahora es el ser humano, la persona,  el espacio sagrado donde Dios habita, ahora la Palabra es Cristo, y seguir a Cristo es la manera de escuchar, entender y seguir la voluntad de Dios sobre cada individuo y sobre la sociedad. Esto es puede resultar sorprendente y agobiante por eso dice la liturgia de hoy: mantengan firme su  ánimo, el Salvador está cerca, es el despuntar de un nuevo día con nuevos cimientos y nuevos planteamientos. ¡Ánimo, no teman!

sábado, 7 de diciembre de 2013


 IIADV-A

El mesías de la promesa

El mesías, viene de la casa de David, viene a salvar al pueblo de una situación absolutamente desesperada. Como un árbol caído,  o un cerro quemado y desforestado, donde sólo quedan los tocones y la tierra chamuscada, así había quedado el resto del pueblo de Israel. Fuera de toda esperanza de recuperación, el cumplimiento de las promesas de Dios se lleva a cabo; de ese tronco caído y de la tierra arrasada, brota el vástago, el renuevo, el retoño de David. O sea el mesías enviado de Dios, en cumplimiento de las promesas hechas por Dios a su pueblo. Juan Bautista anuncia que el tiempo ha llegado para el cumplimiento de las promesas de Dios de enviar un mesías. Para Dios no hay situación desesperada, el cumplimiento de su promesa está por encima de toda circunstancia por más inverosímil que parezca.

El pueblo de Dios esta sojuzgado, sometido, reducido a servidumbre. No puede acceder a la justicia  por la venalidad de  los jueces, el pobre no se puede defender porque no tiene palancas, ni aliados para destrabar la justicia condicionada por el poder y el dinero, el humilde sabe que está condenado a la servidumbre y a vivir postergado por  la impunidad y la corrupción. No tiene a quién recurrir y siente la desesperación de la impotencia. Por eso clama por el mesías que le traiga la salvación. Espera al Mesías, que venga a salvar al pobre al que no le queda otra alternativa para dar de comer a su familia, que venderse como esclavo.

El mesías de Dios  viene a salvar a  su pueblo con la fuerza del Espíritu Santo, el don de fortaleza que robustece y afirma las acciones del creyente; el Espíritu Santo ilumina le mente del creyente con la sabiduría que da el entender el plan de Dios, con la lucidez y la audacia, el Espíritu santo le da la fortaleza para resistir a todo embate del mal; le da la fuerza de la verdad que emerge victoriosa sobre el cúmulo de engaños y mentiras. Así es como el mesías viene a dar la libertad, la sabiduría y la audacia.

Así se comprende la figura recia y austera de Juan Bautista es, es el nuevo Josué, el nuevo profeta que conduce al  pueblo por el desierto a la tierra prometida. A Juan Bautista no lo doblega cualquier viento, no se pliega a los dictados del mundo conformista y domesticado: viste y come como  lo exige el anuncio que predica.  Anuncia un mundo diferente, un mundo nuevo  donde no existe la ferocidad, la amenaza y el miedo, donde del las armas mortíferas se harán máquinas para producir alimento, el pueblo será conducido por la mente limpia de la inocencia y la rectitud. Un mundo nuevo donde el conocimiento del plan de Dios sobre el hombre será la norma y la ley, la inspiración y la motivación de todas las acciones. Entonces la comunidad de los creyentes será el modelo a imitar por los que no tienen fe ni esperanza.

Con su voz y con el testimonio de su vida Juan Bautista prepara la venida de Jesús como mesías, como aquel donde se cumplen las promesas de Dios, aquél a quien el Espíritu Santo unge en el momento del bautismo (Lc 3,22) para enviarlo en su misión de predicar el reino de Dios. El mesías defenderá con justicia, al pobre y desamparado, con equidad dará sentencia al pobre,  (…) será la justicia su cinturón y faja para aguantar el peso de su responsabilidad.

Juan llevaba a cabo el rito del bautismo, que consistía en sumergir a los que querían cambiar de vida en el agua del río Jordán, pero advertía que el mesías los iba a sumergir en la vida misma de Dios, de donde saldrían con el  fuego del amor de Dios, con el Espíritu Santo.