jueves, 25 de octubre de 2012

¿Eres capaz de conocer teoremas inexplicables, miles de teorías, grandes invenciones, tratas de descifrar el pensamiento divino, y la verdad absoluta ...
y no eres capaz de conocer un  buen coerazón , ni las buenas intenciones?
Ese conocimiento está más alla de cualquier apariencia... mucho mas de cualquier academia.
GT

sábado, 20 de octubre de 2012


La misión en un mundo global.(Versión corregida)

Nos es perfectamente natural que viajemos todos los días en autos que han que produjeron inventores japoneses, computadoras hechas por obreros coreanos, que vistamos telas hechas por máquinas de la India, por no hablar de los productos hechos por obreros chinos o de Estados Unidos. Vivimos en un mundo global. Lo mismo nos enteramos de un maremoto en los mares del Sur como de los animales que mueren en las Islas de Finlandia, y tenemos a nuestra disposición los periódicos de todo el mundo en internet.

¿En este contexto, qué sentido tiene ir de misionero al África o partir a predicar nuestra fe a Rusia o a los países árabes? ¿Qué tenemos de original a ofrecer en este mundo tan globalizado?

Es lo que nos explican las lecturas de este Día Mundial de las Misiones. Leímos el evangelio de san Mateo (28, 18-20) donde Jesús da cita a sus discípulos en un monte bien particular y envía a sus seguidores a predicar el Evangelio a todos los pueblos.

En primer lugar Jesús los envía a Galilea, una nación plural, la Galilea de los paganos, es decir no a los lugares donde todos están convencidos sino donde hay personas críticas, en búsqueda sincera de la fe que salva. Les indica el monte al que deben subir, porque hay que abandonar los aires contaminados y sucios del valle para escalar el monte, donde la luz es más pura. Quienes se deciden a dejar los ambientes bajos pueden aspirar a que Dios lo conduzca a su monte santo y los llene de alegría en la casa donde Dios se comunica libremente. Los discípulos llegan al monte y allí vieron a Jesús y lo reconocieron como Dios y lo adoraron, aunque algunos tenían sus dudas. Porque aunque la fe que implica un asentimiento total, no cancela el ejercicio de la inteligencia que busca maneras nuevas de conocer más y de amar más a Dios cuya presencia se goza.

Entonces Jesús es el que se cerca a ellos, y les dice que se le ha dado todo poder: el poder que él mismo dijo que era servir, como el siervo de Dios en la Cruz el poder del despojado, del débil del ajusticiado y del sentenciado a muerte. No es un poder para sujetar, y someter a súbditos y hacer esclavos. Sino el poder de la entrega, el poder de la generosidad y del sacrificio por los demás.

Es la originalidad del mensaje de Jesús. Es el mensaje de las bienaventuranzas, bienaventurados los pobres, los que rechazan la prepotencia y la altanería, bienaventurados los que luchan por la justicia y los que promueven la paz. Lo específico del mansaje Cristiano es el respeto a la dignidad de todos y cada uno y el ejercicio de la justicia hasta las últimas consecuencias.

En el concierto de la globalización donde la inmensa mayoría cede a la justificación de la mentira, a la resignación ante la trampa y la deslealtad, ante quien, olvidando su dignidad, se arrodilla y se humilla ante los más poderosos que corrompen por medio de ofertas del dinero y por ambición de dominio o por intereses individualistas, a costa del perjuicio a la comunidad.

El cristiano tiene la misión de proponer un proyecto distinto, es así como el bautizado es misionero. El proyecto que nos sugiere la carta a Timoteo que acabamos de escuchar: Una vida tranquila en Paz entregada a Dios y respetable en todo sentido. Es un mensaje original, diferente aunque difícil, porque incluye alejarse del aborto intencional, del divorcio que daña irreparablemente a los hijos, de la maledicencia y difamación que divide familias y comunidades, en una palabra: la renuncia a odios y divisiones. Es un mensaje y un proyecto muy original, basado en la fe en Cristo Jesús, hombre también, que se entregó como rescate por todos -sin excepción-, desde la Cruz.

El bautizado predica su fe y su verdad con sus decisiones, con sus opciones y prioridades: su fe se explicita en el Credo: un Dios Padre que practica el amor ilimitado por sus hijos, del Hijo de Dios hecho hombre por hermanarse con nosotros y del Espíritu que empuja con su fuerza dinámica las acciones discretas, llenas de mansedumbre de los Cristianos Porque los creyentes este proyecto es Evangelio, es decir “buena noticia”, que celebran cada domingo llenos de alegría en comunidad, en la casa donde Dios se comunica libremente. Esta es nuestra aportación en un mundo globalizado, esta es nuestra misión.

La misión en un mundo global.

Nos es perfectamente natural que vivamos todos los días en autos que han que produjeron inventores japoneses, computadoras hechas por obreros coreanos, que vistamos telas hechas por máquinas de la India, por no hablar de los productos hechos por obreros chinos o de Estados Unidos. Vivimos en un mundo global. Lo mismo nos enteramos de un maremoto en los mares del Sur como de los animales que mueren en las Islas de Finlandia, y tenemos a nuestra disposición los periódicos de todo el mundo en internet.

¿En este contexto, qué sentido tiene ir de misionero al África o partir a predicar nuestra fe a Rusia o a los países árabes? ¿Qué tenemos de original a ofrecer en este mundo tan globalizado?

Es lo que nos explican las lecturas de este Día Mundial de las Misiones. Leímos el evangelio de san Mateo (28, 18-20) donde Jesús da cita a sus discípulos en un monte bien particular y envía a sus seguidores a predicar el Evangelio a todos los pueblos.

En primer lugar Jesús los envía a Galilea, una nación plural, la Galilea de los paganos, es decir no a los lugares donde todos están convencidos sino donde hay personas críticas, en búsqueda sincera de la fe que salva. Les indica el monte al que deben subir, porque hay que abandonar los aires contaminados y sucios del valle para escalar el monte, donde la luz es más pura. Quienes se deciden a dejar los ambientes bajos pueden aspirar a que Dios lo conduzca a su monte santo y los llene de alegría en la casa donde Dios se comunica libremente. Los discípulos llegan al monte y allí vieron a Jesús y lo reconocieron como Dios y lo adoraron, aunque algunos tenían sus dudas. Porque la fe que implica un asentimiento total, no cancela el ejercicio de la inteligencia que busca maneras nuevas de conocer más y de amar más a Dios cuya presencia se goza.

Entonces Jesús es el que se cerca a ellos, y les dice que se le ha dado todo poder: el poder que él mismo dijo que era servir, como el siervo de Dios en la Cruz el poder del despojado, del débil del ajusticiado y del sentenciado a muerte. No es un poder para sujetar, y someter a súbditos y esclavos. Sino el poder de la entrega, el poder de la generosidad y del sacrificio por los demás.

Es la originalidad del mensaje de Jesús. Es el mensaje de las bienaventuranzas, bienaventurados los pobres, los que rechazan la prepotencia y la altanería, bienaventurados los que luchan por la justicia y los que promueven la paz. Lo específico del mansaje Cristiano es el respeto a la dignidad de todos y cada uno y el ejercicio de la justicia hasta las últimas consecuencias.

En el concierto de la globalización donde la inmensa mayoría cede a la justificación de la mentira, a la resignación ante la trampa y la deslealtad, ante quien, olvidando su dignidad, se arrodilla y se humilla ante los más poderosos que corrompen por medio de ofertas del dinero y por ambición de dominio o por intereses individualistas, a costa del perjuicio a la comunidad.

El cristiano tiene la misión de proponer un proyecto distinto, es así como el bautizado es misionero. El proyecto que nos sugiere la carta a Timoteo que acabamos de escuchar: Una vida tranquila en Paz entregada a Dios y respetable en todo sentido. Es un mensaje original, diferente aunque difícil, porque incluye alejarse del aborto intencional, del divorcio que daña irreparablemente a los hijos, de la maledicencia y difamación que divide familias y comunidades, en una palabra: la renuncia a odios y divisiones. Es un mensaje y un proyecto muy original, basado en la fe en Cristo Jesús, hombre también, que se entregó como rescate por todos -sin excepción-, desde la Cruz.

El bautizado predica con sus decisiones, con sus opciones y prioridades, lo que cree: un Dios Padre que practica el amor ilimitado por sus hijos, del Hijo de Dios hecho hombre por hermanarse con nosotros y del Espíritu que empuja con su fuerza dinámica las acciones discretas, llenas de mansedumbre de los Cristianos para quienes este proyecto es una buena noticia, es decir el Evangelio que celebran cada domingo llenos de alegría en la casa donde Dios se comunica libremente.

domingo, 7 de octubre de 2012


La pareja cristiana

 

TENEMOS UN PLAN MUY DIFíCIL

Jesús tiene una propuesta de vida de pareja que es muy exigente y muy difícil. Es una propuesta de entrega y de sacrificio. Es una propuesta que va al encuentro de la paz de la conciencia y de gozo inmensamente profundo. Es un atractivo plan diseñado por Dios para  llenar todos los anhelos y las expectativas de vida en pareja.

En el matrimonio cristiano el deseo y el amor están potenciados por Dios nuestro Padre y creador que en la creación  que hizo hombre y mujer, el uno para el otro, de tal forma que la realidad completa de cada parte de la pareja  se encuentra en la otra y la de la otra parte se halla radicalmente en la otra persona. Sólo juntos se la realidad completa que Dios Padre ideó, planeó y diseñó.  Lo complicado del asunto es que se trata de dos libertades, dos personas libres que no pueden perder su autonomía, que no pueden convertirse en apéndice o parásito de la otra persona. Son dos libertades que requieren conservar su poder de decisión, porque el matrimonio solamente se da entre personas  que conservan su libertad.

Depender de otro no es malo, de hecho siempre dependemos de alguien, mucho cuando bebés, también mucho en la vejez, pero siempre dependemos de alguien; en este sentido siempre es bueno escoger las dependencias: puedes depender de los sicarios o depender  de la suegra, pero es preferible depender de los amigos. Depender no es  malo si se conserva la voluntad y la libertad; nunca es bueno renunciar a vivir como ser libre.

En el matrimonio, en la vida de pareja,  se requieren dos libertades, si una libertad se desactiva ya no es vida de pareja sino aniquilamiento de una persona, lo que destruye definitivamente la posibilidad de la comunión de vida. Son dos inteligencias y dos voluntades que deciden libremente recorrer un camino hacia Dios con todos sus riesgos; cada una aporta lo que puede, y se esfuerza sin cesar por dar todo lo que tiene. “Dejará el hombre a su padre y su madre, de desprenderá del cordón umbilical, y se unirá a su esposa y serán los dos una sola carne”. Por eso dice el texto del libro del Génesis y lo repite el Evangelio, de tal forma están hechos por Dios para ser “una sola carne”, que los ojos del uno brillan en la otra y las lágrimas de una escurren en los ojos del otro. Comparten  la sonrisa  y se indignan juntos ante lo intolerable, de tal manera que parecen una sola presencia. Comparten esfuerzos y por tanto las penas y las alegrías.

Hay que entrar en la vida de pareja con un corazón de niño, cuando juegan los niños tienen tan claro que el objetivo máximo es ser felices y estar contentos, que pueden cambiar las reglas dl juego, si es para divertirse más con los amiguitos. En la vida de pareja hay una finalidad trascendente que es compartir objetivos e ideales muy altos, muy bellos, muy espirituales, tan grandes que  justifican los sacrificios, los trabajos y los sufrimientos, como en el juego las reglas tienen la flexibilidad del fin  último, que le da validez a las formas de resolver  nuevos problemas con soluciones inesperadas, y difíciles,  si así lo pide la circunstancia con tal de conseguir más felicidad en pareja.

Por eso en la Iglesia católica no puede pensarse en el divorcio, porque la vida de pareja se refiere a la vida que Cristo le da a su Iglesia, y porque nuestra imagen, nuestro arquetipo,  y el ideal que se persigue en la Iglesia Católica, es la unión de tres personas distintas y un solo Dios verdadero.  Tres libertades que coinciden en la felicidad  del ser de Dios.

Dos medios nos son indispensables para seguir este modelo de vida de pareja: la lectura del Evangelio, la escucha de la palabra de Jesucristo en el silencio y la oración  y la vida sacramental, la comunión de cada domingo.

 

Es una propuesta que parece desafiar lo imposible, porque lo que es imposible para el hombre es perfectamente posible para Dios.

 

 


Relación deseo-amor

El sacramento del matrimonio tiene como objetivo la unidad de la que es fuente. El matrimonio humano está compuesto de deseo y de amor.

El deseo despierta el amor porque comienza con la declaración de indigencia, es decir el amor inicia con una confesión de que la persona amada tiene el complemento que hace falta al corazón del que ama.

 El deseo inquieta el espíritu y la carne, el amor en cambio da quietud y reposo, el amor que proporciona el contento y la paz. El deseo es fuente de agitación y el amor de paz. El deseo pone en movimiento y el amor proporciona el reposo y la satisfacción. La combinación de ambos proporciona el gozo pleno.

Por eso no basta el deseo que inicia con la atracción, hay que llegar al amor que se sella en la posesión de todo lo que traía inquieto al espíritu. Pero el amor sólo florece en un entono de sosiego y de caridad, el amor requiere de un ambiente ameno, de una atmósfera amistosa que como las plantas requieren cada día un poco de agua, unos rayos de sol y mucho aire puro. El amor se prepara con un trato amable y grato, con mucha delicadeza y de consideración, así se va cultivando la ternura hasta que florezca -como dice san Pablo- el respeto que es el trato que caracteriza a una persona respetable y el afecto que es opuesto al trato de banquero, de mercader y de transacción económica. En el amor yo no “te doy para que me des”, sino que te consagro todo a ti porque no puede hacerlo de otra manera para ser yo mismo. Solamente me convierto en una persona cuando descubro a la otra persona y me hago responsable de ella. La persona egoísta se vuelve autista y se va cerrando las vías respiratorias del espíritu hasta que le falta el aire totalmente. En cambio quien ha encontrado el amor y se entrega sinceramente descubre en sus propios talentos nuevas riquezas para compartir más con la persona que ama. Quien ama verdaderamente tiene un corazón muy grande en el que cabe mucha riqueza, tanta que se vuelve imperioso compartirla..

En el matrimonio cristiano el deseo y el amor están potenciados por Dios nuestro Padre que hizo hombre y mujer el uno para el otro, de tal forma que la realidad completa de una está en el otro y la del otro se halla radicalmente en la otra. Por eso dice el texto del libro del génesis y lo repite el Evangelio que acabamos de escuchar, de tal forma están hechos por Dios para ser “una sola carne”, que los ojos del uno brillan en la otra y las lágrimas del una escurren en los ojos del otro. La indignación y la sonrisa se comparten de tal manera que parecen una sola presencia.

Y es así la unión con Dios en la oración y en los sacramentos. Nos sentimos incompletos sin Jesucristo, sin su presencia, la anhelamos como el enamorado del Cantar de los Cantares de la segunda lectura que hicimos. Estamos incompletos porque nos hace falta su amor su fuerza, su presencia;  porque no se puede llamar vida donde falta Cristo, necesitamos el calor y el alimento que para nosotros representa Cristo. San Pablo dice que es lo que hace el “agua y la palabra”, el agua del bautismo y la palabra de Dios que escuchamos cada domingo en la Eucaristía. Nuestra comunión dominical nos da contento, placer, paz y sosiego del espíritu; en una palabra nos da el amor de Dios que colma todas nuestras inquietudes y todos nuestros deseos más profundos. Es nuestra fuerza y nuestra plenitud.

Cuando este amor habita el matrimonio Cristiano, entonces hay paz para enfrentar todas las dificultades, los obstáculos y las agresiones externas que no pueden faltar. Porque todo podemos en la fuerza del amor que Jesucristo nos tiene a nosotros que somos su Iglesia.

Por eso el hombre abandonará a su Padre y a su Madre, se unirá a su mujer y serán los dos una sola carne. Este es un gran misterio, que se da entre Cristo y su Iglesia y que se repite en cada vida matrimonial de los cristianos que sacan su fuerza de los sacramentos.

El matrimonio cristiano tiene como objeto esta unidad, que cada pareja va recibiendo en su vida cotidiana de amor y de generosidad por gracia del sacramento en el que invocaron con tanta fe la presencia de Dios para toda su vida.