sábado, 26 de enero de 2013

Liberación de los Pobres


ORDIII-C                 

Liberación a los pobres.

San Lucas nos  presenta a Jesús que sale fortalecido de las tentaciones donde explicó que no es un Mesías que ande tras el poder y la gloria sino que es un mesías que está con los pobres, los indigentes, los oprimidos y los excluidos. Perfectamente lúcido y  consciente de su misión y con la fuerza del Espíritu llega a la sinagoga de Nazaret, su tierra, tomando al libro del profeta Isaías: explica su misión de Mesías, y cuáles son los ejes de su proyecto.

Su propuesta es muy clara tiene qué ver  ante todo con recuperar la esperanza de los pobres, porque además de la pobreza de las personas que no pueden adquirir los bienes  indispensables para sobrevivir, como ocurre en el campo y aun en nuestra propia ciudad;  existe otra clase de pobreza que también destruye la vida: pobreza de miras y horizontes que produce la ignorancia de lo que hay que saber para llegar a constituirse como ser humano. La pobreza de ideales y de objetivos en la vida, de no querer nada valioso, no dirigirse a lo que engrandece el alma y hace grande a una persona, sino conformarse con los cascarones vacíos y superficiales de la publicidad mercantil que únicamente ofrece lo que se puede comprar con mucho dinero. El programa de Jesús anuncia una buena nueva: en Cristo encontramos la paz de nuestra conciencia y la alegría de convertirnos en plenos seres humanos por la fraternidad. Esta alegría nos da fortaleza y serenidad en la vida.

La idea de Jesús es que, con su presencia,  se inaugura el período de la libertad, no solo de la libertad elemental de andar sin temor en las calles y por transitar por las carreteras sin miedos, sino la libertad de saber con claridad escoger aquello que nos hace mejores  humanos, mejores cristianos. Libertad de conciencia y libertad de elección para elegir única mente lo bueno. Una libertad de espíritu que ningunas cadenas pueden someter ni paralizar. El proyecto de Jesús incluye la curación a los ciegos, porque además de tantos niños y jóvenes que padecen  la ceguera, y todos aquellos que la desarrollan por causa de la epidemia de diabetes, hay otra ceguera de que las pasiones de la ambición, la ira, y el rencor ciegan completamente la inteligencia por sed de venganza, por envidia o por cualquier deseo incontrolable, y entonces lo ojos del alma rechazan la claridad, huyen de la luz, se deforma la realidad y la mente se hunde en la tiniebla; las consecuencias son invariablemente destructivas

El proyecto de Jesús incluye dar libertad a los oprimidos, liberar de los yugos de la ignorancia, de la corrupción y la explotación del débil y del excluido. La liberación de la opresión, de la extorsión, de la amenaza y la violencia. La violencia de género, de la exclusión, de la marginación y la discriminación; liberar a los oprimidos para que se integren a la Iglesia, al Cuerpo de Cristo y aporten la paz y el amor de que cada persona es capaz.

En definitiva lo que Jesús está proponiendo es un proyecto de Año de Gracia del Señor. El Año de Gracia se llama jubileo y consiste en dar libertad a quienes las deudas han convertido en esclavos, a quienes los préstamos engañosos o usureros y han reducido a objetos de explotación. El jubileo determina la restructuración de la sociedad en la equidad y la justicia; el Año de Gracia consiste en la recuperación de las condiciones para vivir con equidad como verdaderos hermanos: como pueblo de Dios.

Este es el contenido que el de discurso programático que Jesús propone a quien quiere seguirlo como criterio de vida, como Mesías enviado de Dios.

San Pablo lo explica a su manera con su vigorosa metáfora del cuerpo: Dios formó al  cuerpo  dando más honor a miembros que carecían de él, par que no haya divisiones  en el cuerpo y para que cada miembro se preocupe de los demás, de la condición de las mujeres y de los que nada tienen, pues cuando un miembro sufre, todos sufren con él y cuando recibe felicitaciones y honores  todos se alegran con él. En esta eucaristía podríamos pedir a nuestro Padre del Cielo que  nos conceda el Espíritu Santo para tener como criterio en nuestra familia, nuestro negocios y nuestras diversiones  a Cristo como nuestro única alegría, nuestra luz y nuestra paz.

 

Liberar de la opresión


ORDIII-C                 

Liberación a los pobres.

San Lucas nos  presenta a Jesús que sale fortalecido de las tentaciones donde explicó que no es un Mesías que ande tras el poder y la gloria sino que es un mesías que está con los pobres, los indigentes, los oprimidos y los excluidos. Perfectamente lúcido y  consciente de su misión y con la fuerza del Espíritu llega a la sinagoga de Nazaret, su tierra,  donde pronuncia su discurso programático: revela que él es el mesías prometido a los profetas y tomando al profeta Isaías: explica su misión de mesías, y cuáles son los ejes de su proyecto.

Su propuesta es muy clara tiene qué ver  ante todo con recuperar la esperanza de los pobres, porque además de la pobreza de las personas que no pueden adquirir los bienes  indispensables para sobrevivir, como ocurre en el campo y aun en nuestra propia ciudad;  existe otra clase de pobreza que también destruye la vida: pobreza de miras y horizontes que produce la ignorancia de lo que hay que saber para llegar a constituirse ser humano. La pobreza de ideales y de objetivos en la vida, de no querer nada valioso, no dirigirse a lo que engrandece el alma y hace grande a una persona sino conformarse con los cascarones vacíos y superficiales de la publicidad mercantil que únicamente ofrece lo que se puede comprar con mucho dinero. El programa de Jesús anuncia una buena nueva en él encontramos la paz de nuestra conciencia y la alegría de convertirnos en plenos seres humanos por le fraternidad. La idea de Jesús es que, con su presencia,  se inaugura el período de la libertad, no solo de la libertad elemental de andar sin temor en las calles y por transitar por las carreteras sin miedos, sino la libertad de saber con claridad escoger aquello que nos hace mejores  humanos, mejores cristianos. Libertad de conciencia y libertad de elección para elegir única mente lo bueno. Una libertad de espíritu que ningunas cadenas pueden sojuzgar. El proyecto de Jesús incluye la curación a los ciegos, porque además de tantos niños y jóvenes que padecen  la ceguera, y todos aquellos que la desarrollan por causa de la epidemia de diabetes, hay otra ceguera de que las pasiones de la ambición, la ira, y el rencor ciegan completamente la inteligencia por sed de venganza, por envidia o por cualquier otra pasión, y entonces lo ojos del alma rechazan la claridad, huyen de la luz, se deforma la realidad y la mente se hunde en la tiniebla.

El proyecto de Jesús incluye dar libertad a los oprimidos, liberar de los yugos de la ignorancia, de la corrupción y la explotación del débil y del excluido. La opresión de la extorsión, de la amenaza y la violencia. La violencia de género, de la exclusión, de la marginación y la discriminación; liberar a los oprimidos para que se integren a la Iglesia, al Cuerpo de Cristo y aporten la paz y el amor de que cada persona es capaz.

En definitiva lo que Jesús está proponiendo es un proyecto de Año de Gracia del Señor. El Año de Gracia se llama jubileo y consiste en dar libertad a quienes las deudas han convertido en esclavos, a quienes los préstamos engañosos usureros y han reducido a objetos de explotación. El jubileo determina la restructuración de la sociedad en la equidad y la justicia; el año de gracia consiste en la recuperación de las condiciones para vivir como verdaderos hermanos: como pueblo de Dios.

Este es el contenido que el de discurso programático de Jesús propone a quien quiere seguirlo como mesías enviado de Dios.

San Pablo lo explica a su manera con su vigorosa metáfora del cuerpo: Dios formó al  cuerpo  dando más honor a miembros que carecían de él, par que no haya divisiones  en el cuerpo y para que cada miembro se preocupe de los demás, de la condición de las mujeres y de los que nada tienen, pues cuando un miembro sufre, todos sufren con él y cuando recibe felicitaciones y honores  todos se alegran con él. En esta eucaristía podríamos pedir a nuestro Padre del Cielo que  nos conceda el Espiritu Santo para declarar en nuestro país un Año de Gracia del Señor.

 

domingo, 20 de enero de 2013


 

OrdIIC2013

Algunos llaman al evangelio de Juan el libro de los signos porque en este evangelio, la pascua, esto es, la crucifixión de Jesús cuando dio la vida y la resurrección como signo máximo de la victoria de Cristo sobre el pecado y sobre la muerte, la pascua es el signo definitivo de la Unión del hijo de Dios con nuestra humanidad. Y es que Juan nos ofrece en su Evangelio elaboraciones y reflexiones con imágenes muy elocuentes para referirnos a la dimensión de la relación de Dios con su pueblo, con la comunidad, con la Iglesia.

Al narrarnos las bodas de Caná acumuló cuantas referencias simbólicas le inspiró el Espíritu Santo para que entendiéramos el tipo de relación de pareja que Dios quiso vivir con su pueblo, con la Iglesia, prototipo para la vida de pareja humana.

En esto Juan no es muy original, pues la relación de Dios con Israel se describe muchas veces en la Biblia en términos conyugales y en términos maritales. En el Antiguo Testamento se insiste mucho en la relación apasionada que Dios en su inmensidad y en su grandeza ilimitada, lleva con su pareja que es Israel, un pueblo pobre, frágil, despreciado, rebelde débil y para colmo infiel. Departe de Dios es una relación de ternura indecible, de delicado cariño, que a veces parece excesivamente insistente. El amor de Dios es indefectible, no falla ni disminuye, no se puede acabar, no puede variar ni desdecirse, pero se muestra muy sensible y casi dependiente de la reciprocidad del cariño que espera de Israel, que por supuesto nunca llega a la calidad del amor divino que recibe de Dios. El de Dios es un amor tan grande que parece extraño: “El placer que experimenta el joven esposo por su esposa joven”, es la comparación más cercana al gozo que Dios experimenta en la unión con el Pueblo. Un amor apasionado hasta el paroxismo. Cuando dice: Te llamarán placer mío y a tu tierra le dirán “esposa de Dios” porque el Señor halla en tí su placer y se ha comprometido totalmente con tu pueblo.

Juan explica esto con los detalles del vino, por supuesto que no se trata de intoxicar a la concurrencia, sino de subrayar la alegría. Cuando durante la fiesta María le dice a Jesús “no tienen vino”, sin duda no fue por falta de recursos para comprar , pues tienen seis tinajas de piedra de cien litros sólo para la abluciones, que ni en las casas más ricas se encontraban. No, el vino del que se habla es la alegría de la unión de Dios con su pueblo. Porque dice que llenaron seis tinajas y el agua se convirtió en vino, pero seis en la Biblia es un número imperfecto, falta la séptima tinaja de cien litros de vino. La séptima es la presencia de Jesús en la comunidad, en la Iglesia. Es el gozo del intercambio, de la alegría de la fusión de personas, de la mutua complacencia, de la donación mutua de todo aquello que más propiamente se puede llamar vida. Por amor a Jerusalén no me daré reposo, hasta que el amor brille de tal manera, que a todos los que vean esta experiencia de unión mística de Israel, sirva de inspiración y de esperanza.

La comunidad a la que Jesús se refiere como “mujer” ,pues muchas veces la Iglesia se presenta en el Nuevo Testamento como Esposa de Cristo, la mujer es la que da la orden:  “Hagan lo que les pida”. Los meseros llevaron el vino al capitán o encargado de la fiesta, y éste, sin saber la procedencia, reconoció la calidad nueva, diferente, de otra clase. ¡Tú guardaste este vino hasta este momento!

La presencia de Jesús llega en la plenitud de los tiempos cuando elpuebo ya ha sido preparado por la gracia de Dios y el signo del que habla san Juan es precisamente la presencia de Dios en Cristo; Cristo como amor de Dios por su comunidad, por su Iglesia, un amor que no se parece a ningún otro, de otra clase, de otro estrato. El amor de Cristo por la Iglesia es la manifestación de la gloria del Padre en su pueblo y s en esto donde los discípulos ponen en él toda su confianza, toda su fe, en las Bodas de Caná y también el día de hoy.

 

sábado, 12 de enero de 2013

MOVIMIENTO DE LOS ASTROS
Desde la Ciencia Optica
Conferencia del Dr. Daniel Malacara Doblado (CIO)
Desde la Teología 
réplica del Dr. Luis Ramos OP
Lugar: Auditorio del CEFTA, Calle Chiapas esq. Ave Palmas , Colonia arbide, León Guanajuato
Fecha: Miércoles 23 de Enero
Hora: 18:30

 

El Bautismo de Jesús y el nuestro

Las tres epifanías: Navidad, visita de los Magos y el bautismo de Jesús en el Jordán. Navidad: el Hijo de Dios aparece y se manifiesta en la humildad de nuestra carne, como bebé indefenso en el pesebre donde comen animales. La visita a los Magos de oriente extiende su revelación a los más lejanos a otras regiones y a otras religiones. El bautismo: revela presencia y la gracia de Dios  en cada vida humana tanto individual como social. Jesús permite que el bautista lo bautice, no para purificarse pues no puede tener falta ni pecado, sino para revelar lo que significa el bautismo. Porque bautizar significa sumergir en líquido, significa emerger de las aguas originarias, salir del elemento líquido para participar del mundo de la luz radiante. Para abrir los ojos al mundo de la claridad y del color.

Abrirse a los cielos donde está nuestro objetivo y nuestro destino, entrar en los cielos abiertos donde esta nuestra patria, nuestra ciudadanía, hacia donde nos jala nuestra tendencia y nuestra inclinación. Los cielos donde está nuestra familia y nuestra comunidad el mundo de la libertad del pecado y de la muerte.

Llega el Espíritu Santo  con un viento impetuoso a dinamizar con  energía vibrante con tal fuerza que se sacude el polvo, la fatiga, el cansancio, la rigidez de la vejez  y todos los obstáculos  que impiden la agilidad  de la juventud; sin los peligros de la muerte, sin el fracaso del pecado. El Espíritu Santo hace nuevas todas las cosas y “renovará la faz de la tierra”. El Espíritu santo trae la juventud y la audacia, a fuerza , la resistencia al mal y la determinación a seguir únicamente el bien, en alianza con Dios.

Al emerger victorioso  del agua del Jordán, el Padre desde su gloria dice a Jesús: “Tu  eres el hijo que más quiero, el que más alegría me da”. El es el hijo de Dios, al segunda Persona de la Trinidad, que habita con el Padre antes de todo los siglos, ahora se revela revestido de nuestra humanidad, en la humildad de nuestra carne y en la provisionalidad de nuestro destino. En esta debilidad el padre reconoce a su Hijo muy amado.

Y puesto que la  humanidad que el Hijo tomó de la Virgen María, es la nuestra, las Palabras del Padre a Jesús -que sale de las aguas del Jordán- también nos incluyen a nosotros. Estamos incluidos en las palabras: ¡Tú eres el hijo que más quiero! El que más alegría me da”. Desde entonces el bautismo  significa para cada uno de nosotros el amor especial de Dios, su predilección, es decir la elección de cada uno de nosotros como individuo y como sociedad, la selección de nuestras personas y nuestros destinos  de manera especial.

El Espíritu Santo baja con forma de paloma, de paloma de la Paz, de paloma de la alianza con Noé, de la alianza con toda la creación, la paloma que trae una rama de olivo en el pico, y así anuncia la paz, la armonía,  el orden y la tranquilidad. La paz como abundancia de losla riqueza de la creación, de los  bienes que alcanzan para todos si están bien repartidos.  La creación entera que canta la gloria de Dios. Por la aplicación de la justicia y el derecho, sin titubeos, sin ambigüedades sin claudicación, ni desistimiento. La paz es consecuencia de la aplicación de la justicia y el derecho. “Fiel a mi designio  de salvación,  te tomé de la mano, te formé y  te constituí alianza de un pueblo, luz de las naciones, para que abras los ojos de los ciegos, saques a los cautivos de la prisión y de las mazmorras  a los que habitan en las tinieblas”. El pueblo que es el destinatario y poseedor de esta alegría es el mensajero,  para anunciar la paz por medio de Jesucristo, “haciendo el bien, sanado a todos los oprimidos  por el diablo” para establecer la justicia y el derecho hasta que resuenen más allá de los muros de la Iglesias y de las asambleas cristianas.