ORDIII-C
Liberación a los pobres.
San Lucas nos
presenta a Jesús que sale fortalecido de las tentaciones donde explicó
que no es un Mesías que ande tras el poder y la gloria sino que es un mesías
que está con los pobres, los indigentes, los oprimidos y los excluidos.
Perfectamente lúcido y consciente de su
misión y con la fuerza del Espíritu llega a la sinagoga de Nazaret, su
tierra, donde pronuncia su discurso
programático: revela que él es el mesías prometido a los profetas y tomando al
profeta Isaías: explica su misión de mesías, y cuáles son los ejes de su
proyecto.
Su propuesta es muy clara tiene qué ver ante todo con recuperar la esperanza de los
pobres, porque además de la pobreza de las personas que no pueden adquirir los
bienes indispensables para sobrevivir,
como ocurre en el campo y aun en nuestra propia ciudad; existe otra clase de pobreza que también
destruye la vida: pobreza de miras y horizontes que produce la ignorancia de lo
que hay que saber para llegar a constituirse ser humano. La pobreza de ideales
y de objetivos en la vida, de no querer nada valioso, no dirigirse a lo que
engrandece el alma y hace grande a una persona sino conformarse con los
cascarones vacíos y superficiales de la publicidad mercantil que únicamente
ofrece lo que se puede comprar con mucho dinero. El programa de Jesús anuncia
una buena nueva en él encontramos la paz de nuestra conciencia y la alegría de
convertirnos en plenos seres humanos por le fraternidad. La idea de Jesús es
que, con su presencia, se inaugura el
período de la libertad, no solo de la libertad elemental de andar sin temor en las
calles y por transitar por las carreteras sin miedos, sino la libertad de saber
con claridad escoger aquello que nos hace mejores humanos, mejores cristianos. Libertad de conciencia
y libertad de elección para elegir única mente lo bueno. Una libertad de
espíritu que ningunas cadenas pueden sojuzgar. El proyecto de Jesús incluye la
curación a los ciegos, porque además de tantos niños y jóvenes que padecen la ceguera, y todos aquellos que la
desarrollan por causa de la epidemia de diabetes, hay otra ceguera de que las
pasiones de la ambición, la ira, y el rencor ciegan completamente la
inteligencia por sed de venganza, por envidia o por cualquier otra pasión, y
entonces lo ojos del alma rechazan la claridad, huyen de la luz, se deforma la
realidad y la mente se hunde en la tiniebla.
El proyecto de Jesús incluye dar libertad a los
oprimidos, liberar de los yugos de la ignorancia, de la corrupción y la
explotación del débil y del excluido. La opresión de la extorsión, de la
amenaza y la violencia. La violencia de género, de la exclusión, de la marginación
y la discriminación; liberar a los oprimidos para que se integren a la Iglesia,
al Cuerpo de Cristo y aporten la paz y el amor de que cada persona es capaz.
En definitiva lo que Jesús está proponiendo es un
proyecto de Año de Gracia del Señor. El Año de Gracia se llama jubileo y
consiste en dar libertad a quienes las deudas han convertido en esclavos, a
quienes los préstamos engañosos usureros y han reducido a objetos de
explotación. El jubileo determina la restructuración de la sociedad en la
equidad y la justicia; el año de gracia consiste en la recuperación de las
condiciones para vivir como verdaderos hermanos: como pueblo de Dios.
Este es el contenido que el de discurso programático de
Jesús propone a quien quiere seguirlo como mesías enviado de Dios.
San Pablo lo explica a su manera con su vigorosa metáfora
del cuerpo: Dios formó al cuerpo dando más honor a miembros que carecían de
él, par que no haya divisiones en el
cuerpo y para que cada miembro se preocupe de los demás, de la condición de las
mujeres y de los que nada tienen, pues cuando un miembro sufre, todos sufren
con él y cuando recibe felicitaciones y honores
todos se alegran con él. En esta eucaristía podríamos pedir a nuestro
Padre del Cielo que nos conceda el
Espiritu Santo para declarar en nuestro país un Año de Gracia del Señor.
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