CRISTO REY
La solemnidad de Cristo Rey nos obliga a meditar sobre lo
que significa ser rey en la vida de Jesús nuestro Señor. Es sabido que la
palabra rey se refiere a regir, gobernar, conducir a una comunidad nacional, es
un trabajo arduo e ímprobo pues consiste en encontrar y hacer decisiones a
favor de la vida y del bienestar de un pueblo. Lo contrario de Rey es el tirano
que solo busca el provecho propio y, si esto le beneficia, también el de su
mafia, un grupo de parásitos que el tirano usa para perpetrar el despojo de los
indefensos y los corrompe para fraguar su impunidad.
A Jesús le nombran rey con un letrero puesto encima de su
cruz que decía “este es el rey de los judíos” en las lenguas que se hablaban en palestina y
en todo el imperio, Jesús, está crucificado, como escarmiento advertencia a los
disidentes y a los revoltosos.
La primera lectura que escuchamos advierte que no es lo
mismo tener un cargo que hacer el servicio, la formalidad de un régimen político
no beneficia en nada al pueblo. No Saúl, que tenía el título sino David que se
aseguraba que el pueblo estuviera en las mejores condiciones, era el auténtico
rey de la comunidad, aunque no fuera legítimo.
Jesús, el hijo que más alegría da al Padre, reina desde
la cruz, suplicio para los indigentes, fracasados, reina desde el más infamante
castigo del imperio para los vencidos; Jesús es colocado en medio de los que se
oponían a violencia del sistema, en medio de los antisociales, y los
condenados. El arquetipo acabado del perdedor.
Por eso es blanco de las mofas de las autoridades que
habían visto su poder amenazado por el aprecio que Jesús había suscitado entre
los sectores más necesitados del pueblo; pero el poder no simpre está al
servicio del bienestar del pueblo, más bien a menudo lo encontramos defendiendo
las instituciones establecidas, no importa que ya sean obsoletas y no importa
que perjudiquen y sean una carga para la
comunidad. Los que detentan el poder se burlan de Jesús porque no supo
aprovechar para sí mismo, su capital político.
Los militares son extraídos de capas sociales muy
golpeadas y encuentran en el ejército una de las únicas oportunidades de sacar
el cuello del agua, al precio de ejecutar los planes de violencia y represión
del gobierno en turno. Pero los militares, como personas del pueblo pobre ofrecen
a Jesús el analgésico del vino avinagrado, como un gesto de reconocimiento
común pertenencia a la humanidad más postergada. También se burlaban de Jesús
que no había sacado provecho de su popularidad, que el letrero en tres lenguas
implicaba tenía ya fama universal.
Uno de los dos malhechores crucificados con él le dice lo
mismo: ¡un político pobre es un pobre político! desafía el mesianismo de Jesús
a que efectúe su salvación personal y de
paso, también a quienes quieren seguir delinquiendo. El otro sabe que Jesús no
ha hecho nada fuera de lugar, en cambio, a ellos como malhechores, la sociedad
les cobra ahora sus actos delictuosos. Considera una ofensa a Dios que su compañero
de suplicio no sea consciente de que están frente al acto solemne donde la
muerte hermana a todo ser humano. Descubre que en Jesús la bondad y la justicia
han querido manifestarse en la miseria del hombre enfrentado a su muerte.
Este malhechor arrepentido y que conoce
la predicación de Jesús, trata a Jesús
como hermano, más aún, le dice por su nombre: ¡Jesús acuérdate de mí cuando
llegues a reinar! Como hermano también Jesús le anuncia que ya llegó el Hoy de
los pobres y de los excluidos. Ese hoy donde Dios se vuelve aliado del hombre
para realizar la comunidad humana.
Le habla del paraíso donde todos los recursos se vuelven
accesibles para que el ser humano consiga su fin. El paraíso es un regalo del
rey, regalo que nada puede merecer, ni los malhechores, ni ningún ser humano; le
promete los recursos que aporta la muerte y resurrección de Cristo.
Jesús no se salva a sí mismo, no se aprovecha de los
demás, no los oprime ni explota como lo hacen los tiranos. Jesús es rey cuando
da la vida a su pueblo, cuando no se reserva una gota de su sangre por la
redención de todos, incluidos los más alejados, los más necesitados. Jesús es
rey en la cruz.