Buscar y salvar lo que estaba perdido Lc 19, 1-10
El episodio de Zaqueo que narra Lucas en el capítulo 19
de su evangelio es muy típico del cambio de mentalidad que trae el ser
ciudadano del Reino de Dios. En una narración que explica que el Reino de Dios
es incluyente y nadie nunca está excluido de la misericordia de Dios, se
encuentre donde se encuentre.
San Lucas pone en tintas muy negras la vida de Zaqueo,
que irónicamente se podrá traducir por Justo o Puro. Dice Lucas que era el jefe
de la pandilla, el capo de la mafia que se organizaba para sacar provecho del
régimen militar con que obligaba se al pueblo palestino a financiar los lujos y
las perversidades del gobierno del Imperio Romano, mientras el pueblo era cada
vez más pobre.
Pero aún este hombre malvado y despiadado tenía dentro de
su conciencia una chispita, muy débil, de búsqueda de Dios. Quizás por eso dice
Lucas que era de poca estatura refiriéndose al tamaño de la fe que le punzaba
en el interior. Era como un llamado muy lejano que todavía reverberaba de los
gritos de su drama interior: haberse puesto de lado de los explotadores. Pero
quería constatar si era Jesús el motivo de su esperanza, tan postergada y
pospuesta; si había hecho esfuerzos pero le abrumaba ver el tumlto de la gente
tan convencida de su certeza religiosa y no le ayudaba ese entusiasmo
desbordante de la multitud que ne realidad le impedía ver la mirada de Jesús.
Se adelantó con prisa a trepar a un árbol frondoso desde donde ver con
perspectiva quién es Jesús.
El lugar de Jesús es en medio de la muchedumbre que sigue
en desorden a su mesías y casi lo atropella levantando nubes de polvo. Desde
allí Jesús eleva los ojos y fija la mirada en Zaqueo; esta actitud de Jesús, de
de ponerse más abajo del nivel del pecador que lo encuentra, es la misma que
tomó cuando le trajeron a la mujer sorprendida en flagrante adulterio, se
inclino en aquella ocasión, escribió en la tierra y desde ese nivel dirigió su
mirada a la pecadora.
Allí es donde Jesús hace el gesto más desafiante frente a
todos los que habían clasificado y etiquetado como material perdido a Zaqueo y
a todas las personas que pública y cínicamente explotaban al pueblo. Jesús ordena
a Zaqueo que, de prisa, baje de su posición elevada y se reúna con él en el
nivel de los discípulos, que siguen al mesías en el nivel de sus fuerzas. Aquí
es donde el evangelista coloca la orden de Jesús: ¡Baja pronto porque voy a
hospedarme en tu casa!
En vez condenarlo como enemigo y adversario, Jesús ofrece
a Zaqueo la entrada del Reino en lo más íntimo de su casa, Zaqueo bien contento
le abrió su corazón; Los tumultos y las multitudes son muy crueles, porque la
masa es excluyente y forma juicios inapelables; se atrinchera en la actitud de:
“Yo sí, y tu no” además no permite que nadie se atreva a mancillar la
reputación impecable de quienes lograron una posición alrededor del mesías. Así
entró la salvación a la casa de Zaqueo, reconoce su crimen, desarma la mecánica
de la explotación y adopta la justicia y la misericordia.
Dice san Lucas que la fe pequeña en el fondo del corazón
de Zaqueo, atrapado en la perversidad y el crimen, encontró su liberación en
Jesús quien lo rescató de su condición de enemigo de la comunidad, y lo colocó
en el lugar del servicio en la administración de los bienes del Pueblo de Dios.
Al darle la conversión, Jesús le dio un propósito y un destino ser libre para
servir al Reino de Dios.
Fray Luis Ramos OP
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