Preparar el Reino hoy
Le Encarnación es la revelación de la presencia del
Señor en medio de su pueblo con el que
tiene una alianza de amor. De la presencia del Hijo de Dios en nuestras
condiciones históricas, se refiere a la participación de Hijo de Dios en la
suerte de su pueblo; Es lo que muchas veces el evangelio pone en boca de Jesús:
“Conviértanse y crean en el Evangelio, porque el Reino de Dios está muy cerca”.
Juan Bautista viene a anunciar la presencia del mesías,
de la intervención definitiva de Dios, para rescatar y consolidar la vida de su
pueblo.
Pero para la llegada de la presencia del Señor hay
condiciones que es necesario implementar: Se requiere cambiar de opciones, de
prioridades y de ambiente, convertir el corazón, los ojos y los criterios. Es
decir, tener muy claro el objetivo, porque si no lo tenemos preciso empezamos a
dar pasos erráticos, palos de ciego y disparos al aire; porque para el que no
sabe a dónde va ningún camino es mejor. Juan Bautista nos recuerda que nuestra
vida de comunidad es una vida con Dios y una vida en Dios. Hay que tener
claridad sobre a donde nos dirigimos, qué nos conduce al objetivo, lo que nos
aleja, lo que implica la opción y lo que la pone en peligro.
Juan Bautista anuncia que el plan de Dios de recatar a su
comunidad está y echado a andar, hay que recibirlo con entusiasmo.
Pero hay que
acondicionar el lugar para recibirlo, por eso
la gente que lo sigue le pregunta a Juan Bautista: ¿Qué debemos hacer?
Es decir: ¿cómo acondicionamos a la comunidad, a la sociedad para que esto
ocurra? Responde Jesús: entramos en un mundo donde todo es compartido A cada
uno según su necesidad de cada uno según su posibilidad. Si tienes dos trajes
busca al que no tiene un ninguno y dale uno. Todos los talentos y los bienes que
Dios nos ha dado están destinados a
solucionar los problemas de toda la comunidad, y mientras haya uno en la
comunidad que no tenga lo necesario para
vivir como ser humano, nadie puede considerarse feliz. Feliz sólo cuando se haya
hecho lo que a cada uno le toca para establecer la justicia y la equidad.
Cuando llegaron los miembros del servicio civil de
hacienda, los que están encargados de cobrar los impuestos preguntan sobre lo
que a ellos les toca hacer: Juan Bautista
les dice, hay que cobrar únicamente lo que va a beneficiar al ciudadano, lo que
va a mejorar la vida de cada miembro de la comunidad, pero no para que alguien se aproveche de ese recurso y lo
desvíe para enriquecerse, o sustraiga y prive a los ciudadanos de los bienes a
los que tiene derecho. Los miembros del servicio militar, también preguntaron
cómo se prepara a la comunidad, a lo cual Bautista responde: no arrebaten nada
a nadie por la fuerza, ni con amenazas, ni acusándolo de algo que no haya
hecho, y no se procuren extorsiones. Los militares están allí para defender de
las amenazas del exterior (el tráfico de armas y las fronteras), no para
reprimir y extorsionar.
Todos los que estaban ansiosos y expectantes que ya Dios
se acordara de su pueblo, se dijeron, entonces Juan Bautista debe ser el Mesías,
por lo que Juan reaccionó diciendo, Yo no soy el mesias, pero en medio de
ustedes está el que produce la conversión, a los que lo toman como fundamento y criterio
de su vida Cristo los distingue los congrega, los reúne como pueblo suyo, y los tiene como lo más preciado lo más
selecto y más querido que posee.
Ya pueden estar contentos y sin miedo: ya Dios ha tenido misericordia
de su pueblo, y ustedes son ese pueblo de Dios
están llenos del Espíritu Santo por el Bautismo, para que puedan ver con claridad, este
Espíritu les da la fuerza para actuar con pasión y energía y con su fuego limpia
toda escoria y toda impureza y toda corrupción.
Alégrense, les dice san Pablo (Fil 4,4), una vez más les
digo estén alegres. El señor ya está en medio de ustedes, en medio de su
Iglesia; Dios mismo da la paz a su Iglesia, la paz de Dios, la tranquilidad del
orden, una paz más grande que todo lo que podemos entender o imaginar esta paz va a cuidar sus corazones
y sus pensamientos por medio de Cristo Jesús.
Nosotros preparamos el reino cuando nos comportamos no sólo como ciudadanos de
nuestra comunidad política, sino cuando nuestro objetivo trascienden el tiempo
y preparamos cielos nuevos y tierra nueva donde habite la santidad. Cuando nos
entregamos a edificar a construir una sociedad donde aparezca la presencia de
Cristo, el Señor encarnado en medio de nosotros.
