domingo, 7 de octubre de 2012


La pareja cristiana

 

TENEMOS UN PLAN MUY DIFíCIL

Jesús tiene una propuesta de vida de pareja que es muy exigente y muy difícil. Es una propuesta de entrega y de sacrificio. Es una propuesta que va al encuentro de la paz de la conciencia y de gozo inmensamente profundo. Es un atractivo plan diseñado por Dios para  llenar todos los anhelos y las expectativas de vida en pareja.

En el matrimonio cristiano el deseo y el amor están potenciados por Dios nuestro Padre y creador que en la creación  que hizo hombre y mujer, el uno para el otro, de tal forma que la realidad completa de cada parte de la pareja  se encuentra en la otra y la de la otra parte se halla radicalmente en la otra persona. Sólo juntos se la realidad completa que Dios Padre ideó, planeó y diseñó.  Lo complicado del asunto es que se trata de dos libertades, dos personas libres que no pueden perder su autonomía, que no pueden convertirse en apéndice o parásito de la otra persona. Son dos libertades que requieren conservar su poder de decisión, porque el matrimonio solamente se da entre personas  que conservan su libertad.

Depender de otro no es malo, de hecho siempre dependemos de alguien, mucho cuando bebés, también mucho en la vejez, pero siempre dependemos de alguien; en este sentido siempre es bueno escoger las dependencias: puedes depender de los sicarios o depender  de la suegra, pero es preferible depender de los amigos. Depender no es  malo si se conserva la voluntad y la libertad; nunca es bueno renunciar a vivir como ser libre.

En el matrimonio, en la vida de pareja,  se requieren dos libertades, si una libertad se desactiva ya no es vida de pareja sino aniquilamiento de una persona, lo que destruye definitivamente la posibilidad de la comunión de vida. Son dos inteligencias y dos voluntades que deciden libremente recorrer un camino hacia Dios con todos sus riesgos; cada una aporta lo que puede, y se esfuerza sin cesar por dar todo lo que tiene. “Dejará el hombre a su padre y su madre, de desprenderá del cordón umbilical, y se unirá a su esposa y serán los dos una sola carne”. Por eso dice el texto del libro del Génesis y lo repite el Evangelio, de tal forma están hechos por Dios para ser “una sola carne”, que los ojos del uno brillan en la otra y las lágrimas de una escurren en los ojos del otro. Comparten  la sonrisa  y se indignan juntos ante lo intolerable, de tal manera que parecen una sola presencia. Comparten esfuerzos y por tanto las penas y las alegrías.

Hay que entrar en la vida de pareja con un corazón de niño, cuando juegan los niños tienen tan claro que el objetivo máximo es ser felices y estar contentos, que pueden cambiar las reglas dl juego, si es para divertirse más con los amiguitos. En la vida de pareja hay una finalidad trascendente que es compartir objetivos e ideales muy altos, muy bellos, muy espirituales, tan grandes que  justifican los sacrificios, los trabajos y los sufrimientos, como en el juego las reglas tienen la flexibilidad del fin  último, que le da validez a las formas de resolver  nuevos problemas con soluciones inesperadas, y difíciles,  si así lo pide la circunstancia con tal de conseguir más felicidad en pareja.

Por eso en la Iglesia católica no puede pensarse en el divorcio, porque la vida de pareja se refiere a la vida que Cristo le da a su Iglesia, y porque nuestra imagen, nuestro arquetipo,  y el ideal que se persigue en la Iglesia Católica, es la unión de tres personas distintas y un solo Dios verdadero.  Tres libertades que coinciden en la felicidad  del ser de Dios.

Dos medios nos son indispensables para seguir este modelo de vida de pareja: la lectura del Evangelio, la escucha de la palabra de Jesucristo en el silencio y la oración  y la vida sacramental, la comunión de cada domingo.

 

Es una propuesta que parece desafiar lo imposible, porque lo que es imposible para el hombre es perfectamente posible para Dios.

 

 

No hay comentarios:

Publicar un comentario