La genealogía de Jesús
La concepción virginal de Jesús es una estrella muy
brillante para nuestras tinieblas, un misterio inabarcable para nuestra
limitada inteligencia.
El Evangelio de san Mateo inicia con la larga genealogía de
Jesús, cuenta 42 generaciones, una lista interminable, donde se repite casi cuarenta
veces que “zutano engendró a fulano”, pero intencionadamente omite que José engendró
a Jesús.
La genealogía de Jesús no es un árbol genealógico sino el
relato de una historia de amor, una historia normal de amor humano que se inicia
con un encuentro inesperado e inexplicable; el anecdotario describe cómo la
persona amada se fue insinuando y luego cortejando en círculos hasta tomar su
lugar en el horizonte y allí hacerse parte del paisaje y obtener definitivamente
un lugar insustituible.
La historia de la relación de Dios con su pueblo se
parece mucho a la historia de cada amor; pues la presencia se va convirtiendo
en una persistencia omnipresente, indispensable, hasta que no le basta ya la
unión física sino que aspira a otra más trascendente. Quizás sea esta última
razón por la cual el Verbo se hizo carne y se hizo uno de nosotros.
La concepción virginal de Jesús es una estratagema, un plan
cuidadosamente diseñado de tal forma que ya nadie pudiera ya pensar en Dios sin
el hombre ni en el hombre sin Dios. Que ya no se pueda pensar en el misterio
del hombre si su referencia a Dios, ni pensar en un Dios ajeno al destino del
hombre.
El misterio de la encarnación del Hijo de Dios es un
avance precursor de la resurrección de Jesucristo de entre los muertos, donde
la carne, el cuerpo humano resucita victorioso derrotando a su destino de
muerte. Para ilustrar el misterio Mateo se refiere a la concepción virginal; dice
que la familia de José que asegura a Jesús su lazo con la dinastía de David,
pero José mismo había decidido repudiar a su esposa María en secreto con todo y
su hijo de origen incognoscible. La fuerza del argumento reside en el poder de
la gracia de Dios y no en privilegios de familia. José es advertido en sueños
que debe recibir a María su esposa: los sueños, dicen los sicólogos contienen,
saberes inconscientes y parece ser también el caso de lo que Dios quiere
transmitirle a José. La presencia misteriosa de un hijo que irrumpe así, para realizar
también una obra totalmente inaudita e inusitada, la obra de la redención: el
rescate de un pueblo, la redención de todos aquellos que caminan por la vida,
errantes sin brújula, la restauración de una comunidad que incluya a los más
alejados y recupere a los que se han confundido.
San Mateo dice que Jesús de Nazaret no es engendrado como
los de su familia: es concebido en Espíritu, o del Espíritu Santo. Como en el origen
del mundo, cuando el Espíritu creador presidía toda la creación de la que Dios
Padre se mostró tan orgulloso. Ahora el Espíritu Santo preside la nueva
creación del nuevo hombre, del nuevo Adán, una nueva creación, la nueva a
humanidad donde la relación con Dios Padre integra las relaciones humanas. La
explicación de san Mateo sobre la concepción virginal constituye una gran
metáfora, como una historia de amor con contornos de luz y de vida que no
evaden el conflicto y la perplejidad. María y José emergen como cualquier
creyente, atónito ante las exigencias de Dios intentando hallarle forma a la
luz de la revelación que de por sí es cegadora e inabarcable. San Mateo sabe
que es perfectamente inútil tratar de describir y explicar porqué se regalan
flores y porque en el lenguaje del amor se tienen que utilizar palabras que no
pueden sino insinuar de manera muy incompleta lo que queremos decir a quien
amamos.
La concepción de Jesús es una estrella demasiado
brillante para alojarla en la neblina gris de nuestras borrosas tinieblas. Pero
podemos contemplar el misterio en la meditación y en el silencio durante estos
días de adviento que nos separan aún de la Navidad.
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