jueves, 26 de diciembre de 2013

Genealogía de Jesucristo


 

La genealogía de Jesús

La concepción virginal de Jesús es una estrella muy brillante para nuestras tinieblas, un misterio inabarcable para nuestra limitada inteligencia.

El Evangelio de san Mateo inicia con la larga genealogía de Jesús, cuenta 42 generaciones, una lista interminable, donde se repite casi cuarenta veces que “zutano engendró a fulano”, pero intencionadamente omite que José engendró a Jesús.

La genealogía de Jesús no es un árbol genealógico sino el relato de una historia de amor, una historia normal de amor humano que se inicia con un encuentro inesperado e inexplicable; el anecdotario describe cómo la persona amada se fue insinuando y luego cortejando en círculos hasta tomar su lugar en el horizonte y allí hacerse parte del paisaje y obtener definitivamente un lugar insustituible.

La historia de la relación de Dios con su pueblo se parece mucho a la historia de cada amor; pues la presencia se va convirtiendo en una persistencia omnipresente, indispensable, hasta que no le basta ya la unión física sino que aspira a otra más trascendente. Quizás sea esta última razón por la cual el Verbo se hizo carne y se hizo uno de nosotros.

La concepción virginal de Jesús es una estratagema, un plan cuidadosamente diseñado de tal forma que ya nadie pudiera ya pensar en Dios sin el hombre ni en el hombre sin Dios. Que ya no se pueda pensar en el misterio del hombre si su referencia a Dios, ni pensar en un Dios ajeno al destino del hombre.

El misterio de la encarnación del Hijo de Dios es un avance precursor de la resurrección de Jesucristo de entre los muertos, donde la carne, el cuerpo humano resucita victorioso derrotando a su destino de muerte. Para ilustrar el misterio Mateo se refiere a la concepción virginal; dice que la familia de José que asegura a Jesús su lazo con la dinastía de David, pero José mismo había decidido repudiar a su esposa María en secreto con todo y su hijo de origen incognoscible. La fuerza del argumento reside en el poder de la gracia de Dios y no en privilegios de familia. José es advertido en sueños que debe recibir a María su esposa: los sueños, dicen los sicólogos contienen, saberes inconscientes y parece ser también el caso de lo que Dios quiere transmitirle a José. La presencia misteriosa de un hijo que irrumpe así, para realizar también una obra totalmente inaudita e inusitada, la obra de la redención: el rescate de un pueblo, la redención de todos aquellos que caminan por la vida, errantes sin brújula, la restauración de una comunidad que incluya a los más alejados y recupere a los que se han confundido.

San Mateo dice que Jesús de Nazaret no es engendrado como los de su familia: es concebido en Espíritu, o del Espíritu Santo. Como en el origen del mundo, cuando el Espíritu creador presidía toda la creación de la que Dios Padre se mostró tan orgulloso. Ahora el Espíritu Santo preside la nueva creación del nuevo hombre, del nuevo Adán, una nueva creación, la nueva a humanidad donde la relación con Dios Padre integra las relaciones humanas. La explicación de san Mateo sobre la concepción virginal constituye una gran metáfora, como una historia de amor con contornos de luz y de vida que no evaden el conflicto y la perplejidad. María y José emergen como cualquier creyente, atónito ante las exigencias de Dios intentando hallarle forma a la luz de la revelación que de por sí es cegadora e inabarcable. San Mateo sabe que es perfectamente inútil tratar de describir y explicar porqué se regalan flores y porque en el lenguaje del amor se tienen que utilizar palabras que no pueden sino insinuar de manera muy incompleta lo que queremos decir a quien amamos.

La concepción de Jesús es una estrella demasiado brillante para alojarla en la neblina gris de nuestras borrosas tinieblas. Pero podemos contemplar el misterio en la meditación y en el silencio durante estos días de adviento que nos separan aún de la Navidad.

 

 

 

No hay comentarios:

Publicar un comentario