sábado, 14 de diciembre de 2013


JESÚS EXPLICA SU MESIANISMO

En la lectura  de este breve trozo del Evangelio de san Mateo, Jesús revela su mesianismo que es distinto al que Juan Bautista veía como inminente.

La diferencia consiste en que el mesianismo que  Juan predicó era un mensaje apremiante: “El Dios que viene es vengador y justiciero”. Una advertencia tajante de prepararse al cataclismo apocalíptico del juicio de Dios que venía a condenar a todos los que acumulaban riquezas que pertenecían a los trabajadores y reprimían militarmente al pueblo  y a todos los que no querían convertirse. Un mensaje espantoso y urgente de condenación y castigo inminentes. Para Los transgresores de la ley como Herodes. Consecuencia inmediata de este mensaje  era  la prisión de Juan Bautista.

Oyendo la actitud de Jesús frente a los pecadores y a los expulsados del templo y la preferencia de Jesús con respecto a todos los que por sus enfermedades quedaban excluidos de los cultos y de las fiestas religiosas. Juan expresa sus dudas, ¿sería posible llamar al pueblo a los que  manifiestamente tenían impedimentos legales para participar del las ceremonias religiosas?  Juan Bautista no creía que era el mesianismo que escribas y fariseos estaban esperando, ellos que dividían el mundo entre los cumplidores de la ley y los  que vivían como personas sin fe. Juan Bautista quien ya está encarcelado por la predicación rigurosa justiciera,  le manda preguntar a Jesús, una pregunta conminatoria, ¿eres tu el que ha de venir o tenemos que esperar a otro?

Jesús se remite a los hechos: vayan a JB y digan lo que están viendo y oyendo. Los ciegos pueden gozar de la luz y mirar su camino. Ya los cojos pueden seguir con paso firme el camino del señor.  Los sordos abren sus oídos a la Palabra de Señor. Los leprosos, que son los más excluidos, abandonan de su inmundicia, son liberados de su deformación y de la desfiguración de su humanidad, son curados de su horror y su confinamiento y se presentan limpios en la comunidad. Aun aquellos  que ya se consideraban muertos cobran nueva vida. En suma es una buena nueva para los pobres, los más explotados. Esto pudo sonar a los oídos del Bautista como  un mesianismo escandaloso, muy escandaloso. Jesús advierte sin rodeos: dichoso quien no se escandaliza de esto; feliz aquel a quien esto no le parezca intolerable. Como si le dijera a Juan: si estás dispuesto a aceptar este plan, encontraste un camino feliz, el camino del Mesías de Dios.

Luego que partieron los mensajeros de Juan,  Jesús se puso a hablar  a la gente acerca de Juan. Juan Bautista es precursor de esta forma de mesianismo, por su ánimo firme que no se inclina ante ningún poder que no sea el mismo Dios. No incurre en lujos que ostentan la inequidad y la injusticia, y que ofende al que no tiene para cubrir su necesidad.  Esto es ser profeta, y en el caso del Bautista más que un profeta, porque ya abre las puertas al Reino de Dios, al Redentor.

El mesianismo de Jesús es de los pequeños y de los oprimidos, lo que sin duda es escandaloso e intolerable,  y sin embargo el más pequeño del Reino es más grande que el profeta superlativo. El que entiende esto llega a su plenitud y a su paz, dichoso aquél a quien esto no le parece inaceptable.

El fundamento del mesianismo de Juan Bautista se refiere a la ley de Moisés y al templo de Jerusalén. Jesús explica con claridad que ahora es el ser humano, la persona,  el espacio sagrado donde Dios habita, ahora la Palabra es Cristo, y seguir a Cristo es la manera de escuchar, entender y seguir la voluntad de Dios sobre cada individuo y sobre la sociedad. Esto es puede resultar sorprendente y agobiante por eso dice la liturgia de hoy: mantengan firme su  ánimo, el Salvador está cerca, es el despuntar de un nuevo día con nuevos cimientos y nuevos planteamientos. ¡Ánimo, no teman!

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