Los frutos y las hojas.
El dueño de la viña concluye que un árbol está ocupando
su tierra inútilmente, cuando no da a la comunidad los preciosos frutos que se
requieren para el alimento que proporciona el higo, sea fresco bajado del
árbol o el higo deshidratado que llevan
los navegantes en sus travesías y las caravanas en sus alforjas.
Cristo (el viñador) intercede y se ofrece a remover la
tierra y echarle abono, meterle trabajo para que reaccione el organismo del
árbol. Cristo quiere dar oportunidad al árbol a que reaccione y produzca los
frutos que se esperan de él.
¿Qué tanto cabe esperar? ¿Realmente se puede convertir
alguien? ¿Hay posibilidades de cambio?
La primera lectura
de Éxodo explica en primer lugar que Dios ve y oye. No está ciego ni es
sordo, y se conmueve de la miseria del que está sometido a la esclavitud y a la
opresión. Es un Dios compasivo y misericordioso, se apiada y no se olvida de su
alianza. Es un Dios que ya operó la liberación de su pueblo de la mano de sus
enemigos, el Paso del mar Rojo es la fuente de esperanza; porque ya ha liberado
a su pueblo, por eso hay esperanza de la liberación actual de la mano de
nuestros opresores. El es la roca y la
salvación. Revela su identidad a Moisés: Yo-soy-el-que-soy, el es el que hace
ser, el que realiza el cambio domina sobre los acontecimientos; y también
convierte a los corazones endurecidos. La garantía de la conversión es la
fidelidad de Dios, que Dios da al pueblo la libertad para que decida su futuro.
Dios mismo garantiza el plan de la
liberación de las esclavitudes y la donación de una tierra prometida; y
entonces el señor llama por su nombre a
Moisés al monte Horeb, para cerciorarlo que ha visto y oído la miseria de su
pueblo. Dios se revela como autoridad y
sumo poder que se da cuenta, ha visto y ha oído oído los estragos de la
opresión y de la explotación y entonces le revela su nombre y libera la Pueblo
de la muerte en el Paso del Mar Rojo. La
fidelidad de Dios se muestra en que se da cuenta de lo que pasa y toma medidas
para resolver el problema y enderezar las injusticias. El exige los frutos que está en derecho de esperar quien
ha trabajado para obtenerlos
El dueño de la viña no se puede conformar con hojas
vistosas y apariencias impresionantes. Dios aborrece la hipocresía, los
ritualismos enajenantes y todas las supersticiones milagreras de objetos
mágicos, patas de conejo, ojos de venado, pirámides de siete metales, velas de
colores, amuletos y tantas cosas que nos alejan de la solidaridad con nuestro
prójimo y de la lucha por la justicia y por la verdad.
Los frutos que exige de nosotros, son la vida y el amor, es decir ponernos a
trabajar en todo lo que da vida. Edificar nuestra comunidad, compartir nuestras
riquezas con los, a los ancianos abandonados que no tienen dinero para adquirir
sus medicinas, por padres de familia cuyos salarios no alcanzan para dar una escuela que de futuro a los
jóvenes, por los niños que sólo tienen acceso a comida chatarra, y que no
tienen dónde jugar y desarrollarse; estos son los frutos que Dios espera
encontrar en nosotros, son los frutos que busca Cristo en el árbol de nuestras
vidas.
Por eso en cuaresma se nos sugiere el ayuno, ayunar de
corrupción y de injusticias, se nos
recomienda la oración para descubrir en el diálogo con Dios, el plan que Dios
tiene sobre todos nosotros y sobre su Iglesia, y la limosna para repartir
equitativamente la riqueza que Dios hizo para que todos gocen de ella y no se acumule
en pocas manos.
Fundamentados en la lealtad y fidelidad de Dios nuestro
Padre no esforzaremos esta cuaresma para no aparecer como árbol que ocupa
inútilmente un lugar en la tierra del Señor.
No hay comentarios:
Publicar un comentario