domingo, 17 de marzo de 2013


YO  TAMPOCO TE CONDENO

Jesús  propone el perdón como medio de reintegrar a los alejados, con esto proponía la nueva visión de la justicia.

El hombre dejado a sus veleidades, a sus cambios sin ton ni son, pierde la brújula se extravía, se aleja de la meta y se aparta de la comunidad. Por eso Dios los va llevando por el camino de su voluntad para restituir la comunidad para rehacer el pueblo, la familia, el vecindario.

Al perdonar la culpa, o sea al perdonar el hecho de que se hayan apartado de la voluntad de Dios por el pecado,  condona también la pena, es decir, ya no tienen nada que pagar, a partir de la cruz de Cristo. Con ello, Cristo ajustó la suerte y la condición del ser humano, de manera que se apega a lo que requiere la voluntad de Dios.

Dice el Evangelio que Jesús estaba tranquilamente sentado en el piso enlosado de la explanada del templo de Jerusalén, conversando y  enseñando a todos los que querían oírlo. Y mientras estaba allí sentado le trajeron a la mujer adúltera sin el hombre (su cómplice) también adúltero, para poner una trampa a Jesús, porque a los acusadores no les interesaba la ley de Moisés, ni el pecado adulterio, ni la suerte de la mujer, sólo les interesaba hacer caer a Jesús en la trampa para poder acusarlo, porque sentían amenazada su autoridad al verlo violar abiertamente la ley de Moisés presentándose al templo después de haber caído en impureza legal al comer con publicanos y pecadores.

Ahí estaban los fariseos y los escribas para poner orden, para condenar, excluir o aniquilar si era necesario, para impedir que Jesús siguiera propagando su idea de la justicia por el perdón,  tenían qué evitar la putrefacción de la parte justa y pura de la comunidad. Las altas jerarquías buscaban ya la manera de hacer caer a Jesús en una trampa  y condenarlo, excluirlo y excomulgarlo. Jesús se sentaba a la mesa con los pecadores con una actitud sincera y amistosa para ofrecerles el perdón, para incluirlos, para invitarlos a sumarse al Reino. Ningúna amenaza de expulsión o de exclusión. La nueva justica de Jesús lo quiere ajustar, los quiere incluir y sumar en la Nueva Alianza.

Viendo que se quieren escudar en el anonimato de la masa enfurecida para renunciar a responsabilidad, y a su libertad de decidir por sí mismos.  Jesús exclama: “Quien no tenga culpa que arroje la primera piedra”, y siguiendo su idea de justicia según la cual todos aquellos que tienen culpa caben en el perdón de Jesús, perdón que incluye y recupera aquello que estaba perdido. Por eso está sentado escribiendo sobre las lajas, en silencio, para esperar a que cada uno se reconozca a sí mismo como objeto el perdón de Dios que rescata y reintegra en la comunidad de la Alianza en su Sangre. Durante este silencio, todos fueron dejando las piedras a un lado suavemente, empezando por los encargados de impartir  los juicios en el Templo, y luego todos los demás, así quedó la pecadora de pie junto Jesús que no se había movido de su sitio y elevando los ojos le dice Mujer, ¿nadie te condenó? Y ella respondió: “’Nadie Señor’. ‘Yo tampoco te condeno’”. Así imparte Jesús su nueva justicia, integrando a los que yerran, que se confunden y se apartan de la comunidad.

Como si dijera: dice nadie te excluye, evita pues hacer acciones que conduzcan a que tú misma te excluyas de la comunidad. Porque el pecado divide, aparta y excluye, y en cambio la justicia así entendida, reúne,  solidariza e integra.

No la justicia de las armas, de las piedras, de la exclusión y la aniquilación, sino la justicia del perdón, de la reconciliación, de la inclusión y la compasión. Porque sólo esta es la justicia que se puede esperar de un cristiano.

 

No hay comentarios:

Publicar un comentario