Cuarresma-C-I
El liderazgo en el Reino
¿Qué clase de liderazgo es el que ejerce Mesías de Dios?
El espíritu del Señor
conduce a Jesús al desierto para enfrentar las seducciones que va a
experimentar como Mesías, como líder de la comunidad del Reino de Dios. El
Espíritu lleva a Jesús al desierto. Jesús quiere definir su actuación como enviado e dios a su pueblo.
El tentador , el diablo, propone a Jesús un mesianismo, un liderazgo
para aprovecharse de los demás, por miedo, por ambición y por engaño.
Infundirles miedo, desviando todos los recursos para provecho propio y haciéndoles
creer fábulas y cuentos que los desvíen de su destino humano.
Le propone dominarlos por el hambre, por las necesidades
más básicas, le dice: “Puesto que eres hijo de Dios” sáciate de los bienes más
primarios, más básicos; y Jesús le dice que todo ser humano busca detrás de los
bienes aquello que lo hace más humano, más trascendente. Más allá de satisfacer
el hambre el hombre toma la ocasión de saciar el hambre para, compartir y
entrar en comunicación; para trascender el alimento
La seducción del poder, de la dominación, de la sujeción
de los demás y del sometimiento de las personas, le propone el tentador rebajar a las personas a quitarles su dignidad y reducirlas
a esclavitud y a la pérdida de su dignidad y su libertad. Jesús responde enérgicamente,
el único delante del cual hay que inclinar la cabeza es Dios Padre, que nos dio
la libertad al liberarnos de la esclavitud de Egipto. El cristiano ni abdica de
su dignidad ni renuncia a su libertad delante de nadie, pues tienen la dignidad
de hijo de Dios; ningún líder puede exigirle que renuncie a sus opciones de
verdad y de justicia.
El tentador lo lleva entonces lo más sagrado, al Templo
de Jerusalén, a la ciudad de Dios, allí donde
Dios habla a su pueblo. Y el Tentador le sugiere que ponga a Dios mismo a
prueba: puesto que eres el hijo de dios, ponte en el lugar de Dios, exígele a
Dios que actúe como tu orgullo y tu egolatría te lo pidan. Pero Jesús dice con
toda claridad lo designios de Dios no están al alcance del ser humano, sólo
Dios tiene el conocimiento y la sabiduría. Tentar a Dios es como reducirlo a
los estrechos límites de nuestros miedos y nuestras inseguridades; como si le pudiéramos
tronar los dedos a Dios, o enmendarle la página; la sabiduría el conocimiento,
la grandeza de Dios, siempre supera nuestras formas de ver o de resolver los
acontecimientos de la vida.
En definitiva lo que Jesús nos comunica en las
tentaciones es la forma de servir como líder en el reino. Un líder que da su
vida por su comunidad, para darle vida para que tengan vida en abundancia; el líder
los conduce poniéndose en la vanguardia en la batalla, donde puede
ver con claridad las acciones del enemigo para poder salvara a su comunidad de
los peligros de la guerra. El líder no se puede esconder, siempre va al frente,
jugándose la vida y ofreciéndola.
La tentación consiste en
ofrecer dinero como solución al problema de la sociedad, de rebajar al ser
humano a la satisfacción de sus deseos, por más primarios que estos sean, negando
toda trascendencia: “no solo de pan”, como es claro, muchas mamás se privan del pan para dar
amor y con esto dan vida. La tentación
es la de hacerse ídolos de los afectos, de las riquezas y del abuso del poder
atentando contra la libertad y la dignidad de cada ser humano. La tentación es
presentar un Dios chiquito, enano, a la altura de nuestras mezquindades y nuestras inseguridades. Un Dios por el cual
no vale la pena ni vivir ni morir.
Jesús rechaza las tentaciones como mesías de Dios y como
mesías del Pueblo, y nos pone el ejemplo
para que lo trabajemos durante esta cuaresma.
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