Miedo y vulnerabilidad
La revelación de la resurrección es tan innovadora que
suscita miedos y prevenciones. Tomó de sorpresa a los discípulos mismos por lo
que cierran las puertas por miedo, porque fuera es noche. Permanecen confinados y paralizados, con la parálisis
que provoca la impotencia frente a la dimensión de un mal invencible.
En medio de sus miedos y de sus represiones, se presenta
el Señor Resucitado para transmitirles la paz: Shalom, es la paz que consiste
en el gozo de regresar al Oasis luego de varios meses de fatigas en el desierto,
de caminatas interminables en caravanas para buscar los recursos para la subsistencia
de la familia sorteando el hambre, la sed y los peligros. La paz es el
descanso, el gozo de encostrarse de nuevo en el seno familiar, en la frescura
de las fuentes de agua. El Shalom es la
paz, como gozo de estar en posesión de aquellos recursos
indispensables para hacernos humanos, para disfrutar de la calidad de hijos de Dios.
La presencia del Señor Resucitado aporta y transmite la paz y esta presencia causa
inmensa alegría espiritual. La visión de Cristo trae profunda paz y
auténtica alegría.
Los otros discípulos ya vieron al señor resucitado, sólo Tomás, permanece en la percepción de las
llagas como signo de vulnerabilidad, de fracaso y de muerte. Por eso pide una demostración
convincente, prueba palpable de la resurrección de Jesús; algo que no lo
desplace de la seguridad de sus fuerzas, una prueba que no le exija salir de su
confinamiento. Otra vez con las puertas bien
cerradas, Jesús se hace presente para hacerlos comprender otra percepción de
las llagas, las de las manos y la del
costado; ya no son signo de derrota sino de victoria. Ya no son los orificios
por donde penetra la muerte sino el manantial de donde mana la vida. Es el amo
y señor de la Vida sobre quien la muerte ya no tiene dominio, ahora la
vulnerabilidad es fuente de esperanza, Jesús dice a Tomás, no te comportes como
incrédulo sino como persona que pone
toda su fe en el Resucitado. No como quien sólo retrae en sus miedos y
atrinchera en sus vulnerabilidades sino como quien abre su resistencia y su audacia a
las dimensiones del proyecto de Dios en Cristo. No como un incrédulo, derrotado
antes de iniciar la lucha, sino como alguien que es consciente de que su fuerza
es la del que venció al pecado y la muerte, que está convencido de que su fe es
resorte y motor de una nueva forma de tomar la existencia, las realidades y las
relaciones sociales.
El evangelio de san Juan dice que ahora hay que referirse
al libro, a la palabra escrita donde se halla la visión del Señor resucitado,
que modela nuestra mente, nuestra voluntad y nuestra libertad.
En nombre de esta fe los creyentes se reunían como una sola comunidad, como un
solo pueblo una sociedad para dar testimonio social de la esperanza que los
habita, sobrepasando las barreras del miedo y la parálisis de la
vulnerabilidad. La fe produce una esperanza contagiosa cuya sombra dinamiza a
toda una comunidad a sacar a la luz a
enfermos y paralíticos a fin de que que
se integren a la comunidad para luchar por la paz.
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