Tomar la cruz
En este domingo el evangelio nos presenta las condiciones
del seguimiento, lo más radical del camino de Cristo.
San Lucas nos presenta a unas muchedumbres que están
encantadas con una figura atractiva del ganador exitoso y buscan su parte del
botín de gloria y poder. Buscan ya reservar la repartición para su familia y su
grupo cercano. Por eso Jesús hace un alto y les informa sobre las condiciones
del seguimiento. Primero el amor totalmente desinteresado y luego la libertad
de cualquier obstáculo.
1.- Si alguno viene a mí y no me ama más que su familia,
y a su grupo: no es digno de mi. En Cristo el Padre incluyó a todos judíos yno-judíos
hombres y mujeres. En Cristo toda la humanidad quedó recuperada. Incluir a
todos sin excluir a nadie. Para seguir a Jesús hay que superar las estructuras
familiares hasta hacer la gran familia de todos los seres humanos. La clave es
el amor, expulsar todo odio y toda discriminación para abarcar a todos y cada
uno en el afecto de la amistad. Quien no adopta este amor, no ha tomado aún el
proyecto de Cristo. Según san Lucas Jesús siempre actúa con determinación y
resolución, con gran vigor y pasión; también esto pide de sus seguidores.
El Imperio Romano reprimía las protestas aniquilando a los
descontentos. Para escarmiento los clavaba desnudos en la cruz como burla y
escarnio para los rebeldes a la ley de gobierno. El condenado era obligado con
latigazos, a levantar el travesaño horizontal y después de cargarlo colocarlo
en el poste dispuesto en el lugar del suplicio; algunos oponían resistencia:
Jesús dice que es necesario levantar su cruz con determinación pues es un honor
padecer por la libertad. Asumir el precio de la soledad y la incomprensión en
un sendero a contra corriente, para reafirmar la esperanza que no termina en la
muerte.
Es necesario dar incluso la vida, hay que amar a Cristo
más que a sí mismo, porque se es uno mismo cuando asume la causa del otro del indigente;
se hace humano aquél que se entrega a la mejora de la humanidad; como los papás
que se entregan a hacer de sus hijos buenos cristianos.
3.- Finalmente Jesús pone como condición de su
seguimiento dejar todo, todos los bienes, abandonar toda ambición y avaricia de
acumular, evitar agarrarse del clavo caliente de los bienes que no nos vamos a
llevar, y que forzosamente hay que dejar a la hora que nos sorprenda la muerte,
no ceder a la tentación de poner la seguridad en lo que se tiene sino más bien en
lo que se entrega, andar sin trabas ni lastres por la vida, buscando cada día
la plenitud y la trascendencia de nuestro ser. En una palabra: andar en
búsqueda de la perfección de nuestra esperanza de una humanidad nueva en los
caminos de Jesucristo.
Lo que la vida cristiana ofrece es un camino especial,
arduo y trabajoso, lejos del odio y las esclavitudes, el camino de Jesús no se
separa de la construcción de la sociedad civil sino que revela los valores que
todas las personas andan buscando: el amor y la libertad. Para testimoniarlo,
cada bautizado cuenta con la fuerza del Espíritu Santo que nos proporciona la
sabiduría y Dios y la fuerza para construir el Reino de Dios.
Como dice un filósofo británico, “no es probable que una
vida que no contenga nada por lo que uno no esté dispuesto a morir resulte muy
fructífera”. El camino de Jesús nos ofrece mucho más: la revelación de la
trascendencia que discretamente anida en nuestra vida cotidiana.
No hay comentarios:
Publicar un comentario