sábado, 1 de junio de 2013


 

 

La gracia de Dios es para los que la necesitan

El Capítulo 7 del Evangelio de san Lucas nos presenta dos signos de la presencia del Reino de Dios, es decir: hasta dónde cambia la sociedad con la presencia del Reino de Dios. Primero con la curación del criado del centurión y luego al revivir a la hija de una viuda de la ciudad de Naím. Hoy nos toca reflexionar sobre la curación del criado de un centurión no lejos de Cafarnaúm.

En cuanto al primer relato del milagro es necesario haber escuchado con atención la primera lectura, donde el gran templo de Israel es para todo los extranjeros todos los que no son Israelitas. Israel es mensajero de salvación para todo los que no son judíos

En la lectura del Evangelio aparece un centurión, un comandante de cien soldados, Israel está militarizado, las fuerzas de la ocupación romana vigilan y reprimen al pueblo con la violencia de las armas. Los centuriones son personas no gratas, y es escaso el cariño que les tienen los Israelitas, los soldados son enemigos del pueblo cuando someten a los indefensos a favor del imperio insaciable.

Aquí es donde entra la nueva realidad del Reino de Dios y el cambio que la presencia de Jesús opera en la existencia de la comunidad. Dice el evangelio que Jesús entró en Cafarnaúm allí en la sinagoga donde se ofrecía a leer las lecturas en la liturgia. También allí está un oficial romano pero Lucas describe a éste oficial romano como alguien a quien sus criados aman y el tiene un sirviente muy querido, un trabajador judío, probablemente su brazo derecho al que se le pueden hacer confidencias.

Este centurión era un buen romano que buscaba sinceramente a Dios y al escuchar el relato de los hechos y dichos de Jesús, él también fue transformado por la fe y decide entonces poner en Jesús su confianza.

El centurión se hace cargo de la fama mala fama que tienen los militares y el uso que de ese poder se ha hecho contra el pueblo, por esa razón les ruega a los ancianos y a los jefes de  la comunidad judía que intercedan ante Jesús por su criado. Estos altos dignatarios intentan convencer a Jesús que también en las filas de los centuriones se dan buenas personas y le dan cuenta de los beneficios que del centurión han recibido, ha dado muestras de respeto y aprecio por el pueblo, incluso el financiamiento de la construcción de la sinagoga. Por eso quieren que vaya a dar la salud al criado que está enfermo de muerte.

El rescatar a un alejado a un excluido, y un etiquetado, marcado y relegado, es un camino que Jesús está dispuesto a recorrer con aquellos que han intercedido por el centurión. Cuando esta ya cerca de la casa, el centurión manda a amigos, ya no a personas de alto rango, sino a gente amada. Le dice a Jesús que no tiene que poner en peligro su pureza legal al entrar en casa de un no judío, de un romano, porque él, reconoce lo que su discípulos confiesan de él y reconoce en Jesús la salud y la vida. “No soy digno de que entres en mi casa, una palabra tuya y la vida se hará presente”

Lucas concluye que con la llegada del Reino de Dios se borraron las fronteras, se agrandó el horizonte, los no judíos también están invitados al Nuevo Israel, aun los más lejanos, los más improbables e inverosímiles, incluso aquellos que no toleramos, que excluimos y etiquetamos, todos absolutamente están llamados a cambiar de vida y poner su fe en Jesús como Señor de vida y de todo lo que conduzca a la vida y a la salud. El centurión recibe de Jesús la salud que pidió para su criado, su acción humanitaria terminó en su entrada en la gracia de Dios.

Los enviados del centurión, los ancianos y los amigos juntos constataron la presencia del reino de Dios, en ese criado perfectamente sano.

Cuando ponemos nuestra fe en Jesús se nos cambia la vida, abrimos la puerta a una comunidad sin barreras.

© Luis Ramos OP

 

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