domingo, 9 de marzo de 2014

Potenciar al ser humano


 

POTENCIAR AL SER HUMANO

Iniciamos la cuaresma con éste domingo. Cuaresma es un itinerario hacia la celebración pascua de resurrección. Es un tiempo fuerte para retomar en camino de Jesús.

Es un periodo para profundizar sobre el misterio de la pasión muerte y resurrección del Señor. Una importante espacio para revisar el contenido de nuestra fe, para repensar -guiados por el espíritu Santo-  en lo que creemos, y cuál es el contenido de nuestra profesión de fe.

Según el Evangelio de san Mateo, el Espíritu es quien  lleva a Jesús al desierto para formularle unas tentaciones capciosas.

Antes del ministerio de la predicación de Jesús, Mateo coloca a Nuestro Señor en una confrontación sobre qué significa ser redentor y mesías. Hay dos visiones encontradas que se excluyen mutuamente. En la primera tentación, el pensamiento del tentador, del diablo, presenta a un mesías como alguien que no da cuentas a nadie, totalmente impune, se realiza sólo, individualmente, sólo se interesa en volverse famoso, que exhibe su egolatría como una forma de vida. El diablo presenta a un mesías que juega con el hambre del pueblo, usa el alimento como arma para reducir al ser humano a una máquina de digerir, a una boca que traga.  El sistema económico que piensa al ser humano como bestias a las que hay que echar de comer. No sólo de pan vive el hombre sino de todo aquello que lo hace Hijo de Dios. El pensamiento diabólico reduce al hombre a su animalidad. El pan por supuesto es la base de la salud, es necesario descubrir que hay otros alimentos trascendentes en lo que ésta salud se vuelve significativa: "toda palabra que sale de la boca de Dios"

Desde el punto más alto de la espiritualidad, en el espacio más venerado que pueda haber en la ciudad santa, el diablo le propone a Jesús que se libere de Dios, que lo ponga bajo su dominio, un dios contra otro dios, someter a las fuerzas divinas desafiándolas. Jesús rechaza una idea de un Dios manipulable, un Dios que se pueda arrinconar y esquinar por caprichos o por chantajes. Al Padre de Jesucristo no se  le contenta con ritos mágicos. Es un Dios en libertad que sólo escoge y acepta lo que potencia al ser humano.

La  última tentación a la que se refiere san Mateo implica una relación con un Dios dominador. El diablo le presenta un futuro exitoso, un winner, un ganador, que engulle el mundo de un bocado, la única condición de esta clase de futuro consiste en vender su alma al Diablo,  asumir la ideología diabólica la cual justifica quebrar y someter a los demás por los medios que sean. Jesús responde firmemente que la religión no puede convertirse en un sistema de dominación o sujeción, sino únicamente e realiza como servicio a favor de la libertad. La vida libre donde no se exige otra  postración ni adoración sino como tributo espontáneo al Dios que envía su Hijo para dar la vida.

Las tentaciones vienen envueltas con el aspecto de bondad, de búsqueda de dominio sin responsabilidad ni castigo, una impunidad libre para dañar y destruir. Se presentan incesantemente en todas las épocas de la vida, bajo las apariencias más sutiles y seductoras. El planteamiento de Jesús se resume en la creación y edificación de una comunidad, por la entrega que genera vida y libertad, apunta hacia el reino de Dios. Ese será su camino hacia la pascua, pasando por la pasión y la muerte que desemboca en la victoria de la resurrección.

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