POTENCIAR
AL SER HUMANO
Iniciamos la cuaresma con éste domingo. Cuaresma es un itinerario
hacia la celebración pascua de resurrección. Es un tiempo fuerte para retomar
en camino de Jesús.
Es un periodo para profundizar sobre el misterio de la
pasión muerte y resurrección del Señor. Una importante espacio para revisar el
contenido de nuestra fe, para repensar -guiados por el espíritu Santo- en lo que creemos, y cuál es el contenido de
nuestra profesión de fe.
Según el Evangelio de san Mateo, el Espíritu es quien lleva a Jesús al desierto para formularle unas
tentaciones capciosas.
Antes del ministerio de la predicación de Jesús, Mateo coloca
a Nuestro Señor en una confrontación sobre qué significa ser redentor y mesías.
Hay dos visiones encontradas que se excluyen mutuamente. En la primera
tentación, el pensamiento del tentador, del diablo, presenta a un mesías como alguien
que no da cuentas a nadie, totalmente impune, se realiza sólo, individualmente,
sólo se interesa en volverse famoso, que exhibe su egolatría como una forma de
vida. El diablo presenta a un mesías que juega con el hambre del pueblo, usa el
alimento como arma para reducir al ser humano a una máquina de digerir, a una boca
que traga. El sistema económico que
piensa al ser humano como bestias a las que hay que echar de comer. No sólo de
pan vive el hombre sino de todo aquello que lo hace Hijo de Dios. El
pensamiento diabólico reduce al hombre a su animalidad. El pan por supuesto es
la base de la salud, es necesario descubrir que hay otros alimentos
trascendentes en lo que ésta salud se vuelve significativa: "toda palabra que
sale de la boca de Dios"
Desde el punto más alto de la espiritualidad, en el
espacio más venerado que pueda haber en la ciudad santa, el diablo le propone a
Jesús que se libere de Dios, que lo ponga bajo su dominio, un dios contra otro
dios, someter a las fuerzas divinas desafiándolas. Jesús rechaza una idea de un
Dios manipulable, un Dios que se pueda arrinconar y esquinar por caprichos o
por chantajes. Al Padre de Jesucristo no se
le contenta con ritos mágicos. Es un Dios en libertad que sólo escoge y
acepta lo que potencia al ser humano.
La última
tentación a la que se refiere san Mateo implica una relación con un Dios
dominador. El diablo le presenta un futuro exitoso, un winner, un ganador, que engulle el mundo de un bocado, la única
condición de esta clase de futuro consiste en vender su alma al Diablo, asumir la ideología diabólica la cual
justifica quebrar y someter a los demás por los medios que sean. Jesús responde
firmemente que la religión no puede convertirse en un sistema de dominación o
sujeción, sino únicamente e realiza como servicio a favor de la libertad. La
vida libre donde no se exige otra
postración ni adoración sino como tributo espontáneo al Dios que envía
su Hijo para dar la vida.
Las tentaciones vienen envueltas con el aspecto de
bondad, de búsqueda de dominio sin responsabilidad ni castigo, una impunidad
libre para dañar y destruir. Se presentan incesantemente en todas las épocas de
la vida, bajo las apariencias más sutiles y seductoras. El planteamiento de
Jesús se resume en la creación y edificación de una comunidad, por la entrega
que genera vida y libertad, apunta hacia el reino de Dios. Ese será su camino
hacia la pascua, pasando por la pasión y la muerte que desemboca en la victoria
de la resurrección.
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