Libres para defender la verdad
Estamos acostumbrados a estar sumergidos en el mundo de la violencia, de la
injusticia, del odio y de la aniquilación del otro.
En el mundo del mercado, del trabajo, de la política nos
hemos habituado a integrarnos en este mundo de colocarnos en el mismo nivel de
los que atacan al débil, se aprovechan del ignorante y machacan al indefenso.
En la primera lectura dice que estos son los criterios de los que dominan este
mundo.
Se nos ha hecho natural el pensar en usar las mismas
armas de odio, de rencor, de venganza y de contrarrestar al más potente con las
armas de la violencia y de la agresión. Se nos ha hecho costumbre, cuando no podemos contrarrestar con las mismas
armas, bajar la cabeza resignados y sumirnos en
la impotencia. Y de añorar sacar armas aún mas mortales contra los que
oprimen a los inocentes.
El Evangelio de hoy, que es continuación del de hace ocho
días, nos revela y nos informa cual es la actitud de creyente frente a la
prepotencia y la injusticia.
El domingo pasado nos dejó claro que la violencia y la
injusticia no son opciones, no podemos sumarnos al pecado y a la muerte.
Sólo queda el
camino de la justicia, ojo por ojo y diente por diente, o sea no cobrar un ojo
cuando se debe un diente y no ir más allá de la pena que la culpa legal y jurídicamente
merece. Si es un ojo hay que resarcir el
ojo y si es un diente no exceder lo que equivale a la pérdida del diente. Pero Jesús es muy claro, el camino de la
justicia solo se completa y perfecciona con la misericordia, y en la vida cristiana
no hay lugar para la venganza ni la represalia.
La única forma que tiene el cristiano es la mansedumbre y
la resistencia. El cristiano no puede avivar la espiral de la violencia, no se
puede integrar en la vorágine de la destrucción y la aniquilación, la única
resistencia que le es permitida es la fuerza de la no violencia. Es decir la
resistencia del que es libre de defender la verdad. Aquel que goza de la entera libertad que le
da Cristo de proponer una camino de paz
y del rescate del que está confundido y
trae caminos de muerte. La única forma de oponerse al mal es el bien, es decir es el
camino de Jesús en el rescate del pecador,
“como oveja llevada al matadero no abrió la boca”, frente a la injusticia,
Jesús se plantó en el camino de la vida y no dejó ni un momento de trabajar por
la integración del que está ofuscado por el mal, del que actúa antisocielmente.
La mansedumbre del que vuelve la otra mejilla al que le da una bofetada en la
mejilla derecha, y esto es enseñanza de Jesús, cuando el soldado con Jesús en
el juicio religioso que le hicieron para condenarlo. Responde a la agresión
invitando al agresor a una reflexión para que cambie de conducta. Jesús resiste
como quien tiene una responsabilidad de salvar y rescatar a los que están sometidos a la esclavitud y a la
oscuridad de la violencia y de la muerte
La contribución del
pueblo cristiano es rechazar radicalmente toda violencia, excluir el
crimen y la agresión como medio de
resolución de conflictos, sólo es solución
cristiana la mansedumbre y la
resistencia por los medios de la no violencia.
Es decir entrar en el mundo de la realización completa como seres
humanos, por el único camino que es
propio de los seres humanos, el camino que nos enseñó Jesucristo, el camino de
la concordia y de la paz. Y de esto nosotros somos testigos.
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