lunes, 24 de febrero de 2014

Libertad para defender la verdad


 

Libres para defender la verdad

Estamos acostumbrados a estar  sumergidos en el mundo de la violencia, de la injusticia, del odio y de la aniquilación del otro.

En el mundo del mercado, del trabajo, de la política nos hemos habituado a integrarnos en este mundo de colocarnos en el mismo nivel de los que atacan al débil, se aprovechan del ignorante y machacan al indefenso. En la primera lectura dice que estos son los criterios de los que dominan este mundo.

Se nos ha hecho natural el pensar en usar las mismas armas de odio, de rencor, de venganza y de contrarrestar al más potente con las armas de la violencia y de la agresión. Se nos ha hecho costumbre, cuando  no podemos contrarrestar con las mismas armas, bajar la cabeza resignados y sumirnos en  la impotencia. Y de añorar sacar armas aún mas mortales contra los que oprimen a los  inocentes.

El Evangelio de hoy, que es continuación del de hace ocho días, nos revela y nos informa cual es la actitud de creyente frente a la prepotencia y la injusticia.

El domingo pasado nos dejó claro que la violencia y la injusticia no son opciones, no podemos sumarnos al pecado y a la muerte.

Sólo  queda el camino de la justicia, ojo por ojo y diente por diente, o sea no cobrar un ojo cuando se debe un diente y no ir más allá de la pena que la culpa legal y jurídicamente merece.  Si es un ojo hay que resarcir el ojo y si es un diente no exceder lo que equivale a la pérdida del diente.  Pero Jesús es muy claro, el camino de la justicia solo se completa y perfecciona con la misericordia, y en la vida cristiana no hay lugar para la venganza ni la represalia.

La única forma que tiene el cristiano es la mansedumbre y la resistencia. El cristiano no puede avivar la espiral de la violencia, no se puede integrar en la vorágine de la destrucción y la aniquilación, la única resistencia que le es permitida es la fuerza de la no violencia. Es decir la resistencia del que es libre de defender la verdad.  Aquel que goza de la entera libertad que le da Cristo de  proponer una camino de paz y del rescate del  que está confundido y trae caminos  de muerte.  La única forma de  oponerse al mal es el bien, es decir es el camino de Jesús  en el rescate del pecador, “como oveja llevada al matadero no abrió la boca”, frente a la injusticia, Jesús se plantó en el camino de la vida y no dejó ni un momento de trabajar por la integración del que está ofuscado por el mal, del que actúa antisocielmente. La mansedumbre del que vuelve la otra mejilla al que le da una bofetada en la mejilla derecha, y esto es enseñanza de Jesús, cuando el soldado con Jesús en el juicio religioso que le hicieron para condenarlo. Responde a la agresión invitando al agresor a una reflexión para que cambie de conducta. Jesús resiste como quien tiene una responsabilidad de salvar y rescatar a los que  están sometidos a la esclavitud y a la oscuridad de la violencia y de la muerte

La contribución del  pueblo cristiano es rechazar radicalmente toda violencia, excluir el crimen y la  agresión como medio de resolución de conflictos, sólo es  solución cristiana  la mansedumbre y la resistencia por los medios de la no violencia.  Es decir entrar en el mundo de la realización completa como seres humanos,  por el único camino que es propio de los seres humanos, el camino que nos enseñó Jesucristo, el camino de la concordia y de la paz. Y de esto nosotros somos testigos.

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